Mourinho: ante el Lyon, su tercer examen
Por muy bien que lo haga, por muchos récords que bata, por muy bien que plantee los partidos, por muchas lecciones de pizarra que dé, etc., si el portugués no es capaz de superar con nota, mínimo, tres exámenes deportivos, habrá fracasado. Y no me vale que su segundo año sea el bueno. En el Madrid las segundas oportunidades, a veces, ni llegan. Aunque estoy seguro de que, en su caso, todo va ser (y está siendo) muy distinto.
PRIMER EXAMEN (LIGA): Ganar al Barcelona en el Camp Nou. Pinchó y lo hizo estrepitosamente. 5-0 y dando una sensación mala. Muy mala. Tiene posibilidad de revancha. La vuelta será en el Bernabéu, pero la diferencia de goles parece insalvable. No obstante, puede ‘lavar la manita’ de la ida si consigue ganar, al margen de si se proclama campeón, que sería su verdadero reto.
SEGUNDO EXAMEN (COPA): Llegar a la final. Después de 17 años, Mourinho tenía la obligación deportiva de hacer olvidar la pésima trayectoria copera de los últimos años del Madrid. ‘Alcorconazo’ al margen, no podía pinchar en esta competición y no lo ha hecho. Pero una vez en la finalísima, debe ganarla. Enfrente, otra vez el Barcelona. Doble éxito si gana, doble fracaso si pierde.
TERCER EXAMEN (EUROPA): Llegar lejos, es decir, jugar la final. Por supuesto, pasar de octavos, que es donde, en los últimos años, han caído los blancos. Pero aprobar este examen no consiste en eliminar al Olympique de Lyon –mañana-. Debe hacerlo y con nota. Y no sólo para demostrar que lo del año pasado (con Pellegrini) fue un estrepitoso fracaso, si no porque su obligación es llegar muy lejos en Europa. Él es el último campeón (con un Inter peor que el actual Madrid) y reeditar el triunfo debe ser su objetivo número uno. Lo es para Florentino Pérez y para toda la entidad. Mourinho sabe que es su gran examen. El madridismo corea su nombre en el Bernabéu, entre otras cosas, porque lo ve como un entrenador campeón y lo es. Ahí no puede defraudar.
Todo lo demás se da por añadidura. Mourinho es un gran técnico, pero, por lo menos, dos de estos tres títulos deben acabar en las vitrinas blancas. En caso contrario, los cánticos del estadio pueden cambiar de letra. La Champions sola también vale y si es ganando en una hipotética eliminatoria al Barcelona, puntua doble. Entramos en la etapa crucial de la temporada. Se acabó el tanteo y las teorías. Los exámenes finales están ahí y las notas también. Ya no valen ruedas de prensa habilidosas, ni frases ingeniosas,… Sólo ganar, ganar y ganar. Y el Barcelona también quiere los tres títulos. Apasionante.
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