El fútbol necesita de todo… menos una huelga ¡de la patronal!
Entiendo que los seguidores y aficionados no comprendan nada. Yo tampoco, lo cual importa poco, pero me apetece hacer unas cuantas reflexiones en voz alta. A saber, ¿¡cómo es posible que la AFE – hace no mucho tiempo- intentara un parón para reivindicar una serie de cuestiones y fuera la propia Liga de Fútbol Profesional la que se rasgara las vestiduras!? Por cierto, apelando, entre otras cosas, al calendario y a la ausencia de fechas en el mismo para recuperar la jornada. Qué, ¿suena a coña o no?
Los temas que le quitan el sueño a la LFP son: 1. El partido en abierto (quiere modificar la Ley Audiovisual) 2. La ley del juego 3. El tema de la ley concursal. Le pide al Consejo Superior de Deportes que se implique en ello con un firme compromiso y a cambio promete actuar para poner al día las deudas del fútbol con Hacienda y la seguridad social. Y a mí todo esto me parece muy bien. Suena a ordenado y hasta a serio. Pero de ahí a las prisas desproporcionadas, a poner entre la espada y la pared al Secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky, y a amenazar con parar la Liga, no trago.
El fútbol seguro que necesita muchas cosas. Y cada vez más. Sólo hay que ver cómo están los campos, cada día con menos aficionados en las gradas. No veo familias, niños,… Es necesaria una mejora en el precio de las localidades, en las instalaciones, en el apoyo a las canteras y un largo etcétera. Somos campeones del mundo. Entonces España se tiró a la calle y disfrutó de aquello como un hecho histórico y no se merece pensar que todo fue un espejismo. Estoy de acuerdo en abordar los problemas, de un lado –el Estado-, de otro -los clubes- y del de más allá –los aficionados-, pero cada uno en su puesto y con la ‘fábrica’ en marcha. El minuto de gloria de parar la producción puede tener consecuencias muy duras para nuestra competición. ¿Dónde está lo que nos gustaba denominar como la mejor Liga del mundo?
Ordenado, sensato y cabal. Sin prisas, sin huelgas aceleradas, ni sensaciones de precipitación, que se aborde todo lo que sea necesario, pero no con la amenaza de la huelga. No me gusta el estilo. Y no hablo de derechos –que seguro que eso está perfectamente armado en plazos y formas-, sino de lo más fácil a lo que apelar: el sentido común. Con la que está cayendo no es necesario que se pare la competición para que se ordene todo lo que no esté en su sitio. Hay varios meses sin Liga, ni Copa, ni Champions. Ese es el momento.
Por favor, señores, seriedad. Ya no somos niños. España es una sociedad madura capaz de entenderlo todo, pero hay cosas que son muy difíciles de comprender. Y una de ellas es esta amenaza de huelga de la patronal del fútbol. Y si me apuran, entiendo la amenaza, pero jamás la consumación. Háganse los protocolos de intenciones necesarios, nómbrense, incluso, los interlocutores, ordénese todo y con el pitido final de la campaña, a negociar y a que ninguna de las partes abuse de la otra.
Pero, mientras tanto, por favor, todo el mundo a jugar. Eso se entiende mejor, ¿a que sí? Pues eso, sentido común, respeto a una aficiones, a un país y a un deporte que no se merece otra cosa. Y si finalmente es la jueza, con sus medidas cautelares, la que impide la huelga en este momento, el mérito ya no será fruto de la concordia del fútbol. Será eficaz por el bien de nuestra competición, pero el fútbol habrá tirado de la Ley y no de la “deportividad” que requiere el mayor espectáculo del mundo.
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