Simeone, el Guardiola del Atlético (II)
Hace unos días, concretamente el 25 de diciembre, con un Diego Simeone recién aterrizado en el Calderón, escribí un post titulado igual que el de hoy y, la verdad, recibí demasiados ‘palos’ por algo que me parecía muy obvio. La llegada del argentino iba a provocar una euforia absolutamente necesaria para la entidad, para el equipo y, sobre todo, para la sufrida y valorada afición rojiblanca. Y todo eso pasó. El Cholo pisó el Manzanares y no sé cuántos miles de aficionados se dieron cita. Los abucheos se convirtieron en ilusión y ésta, en resultados.
A día de hoy, y sólo ha pasado un mes, este equipo es distinto. Y no por los 7 de 9 puntos sumados y la mejora en la clasificación, sino porque este Atlético –y no me retracto ni un milímetro sobre el bueno de Manzano- juega a algo. Y, directamente, ese plan (sin Reyes, ¡por cierto!) lo convierte en un equipo competitivo.
Entrar en estadísticas con tan sólo tres partidos ligueros disputados puede ser engañoso, pero lo que es una realidad mucho más tangible son las sensaciones que transmite. En casa y fuera. Con el balón y sin él. Calentando y jugando. Digo lo que dije en diciembre: la llegada de Diego Simeone es ‘una oportunidad histórica’ que me recuerda un poco al aterrizaje de Pep Guardiola en el Barcelona.
Ya sé lo que me respondieron algunos lectores, pero, insisto, salvando las distancias, veo a un ‘ex’ que sabe de esto, que no es de la cantera atlética, pero que siente la camiseta como si lo fuera, que ganó y perdió con la rojiblanca, que conoce a la afición y que no va a consentir actitudes injustificables. Hasta ahí, no estoy hablando de puro fútbol, pero son cualidades absolutamente imprescindibles para aspirar a algo en el banquillo.
Ahora vamos al juego. Este equipo del Cholo cede el balón, pero no el control. Tiene un plan. La intensidad que mete a sus hombres asfixia al rival una vez que roba la pelota. Los jugadores hacen más faltas, presionan y se tiran a tumba abierta. Con Falcao y Adrián recuperando el gol y con la autoestima otra vez en sus botas, estamos ante un Atlético muy distinto. Ambicioso y creyendo en sus posibilidades.
Sólo son tres partidos (Málaga, Villarreal y Real Sociedad) y el recorrido es largo, pero ¡ojo! Simeone puede haber llegado como una ‘solución- parche’ de presente rabioso, para acabar convirtiéndose en un entrenador de futuro. La fórmula sólo es una: paciencia –de toda la entidad-, respeto a sus decisiones, dejar trabajar e ir retocando el equipo para que esté siempre más cercano a los puestos de Champions que de descenso. Y con esa mentalidad y ese plan, adquieran la regularidad a medio plazo que les dará posibilidades de palabras mayores.
Sígueme en Twitter: @amaliomoratalla
No hay comentarios
Deja tu comentario
Puede seguir esta conversación suscribiéndose a la fuente de los comentarios de esta entrada.
¡Anímate a ser el primero en dejar un comentario!