Mateu, un árbitro desconcertante
Mateu Lahoz no es diferente para mí. Le otorgo el mismo grado de honradez, de conocimiento del reglamento y de aplicación del mismo que a todos los demás. Arbitrar es complejo y difícil y resulta imposible acertar siempre. Los colegiados siguen desasistidos, sin medios técnicos que les permitan recibir más información que la de una sola toma: sus propios ojos.
Son personas como los demás, también con sus pulsaciones y su empeño por impartir justicia en décimas de segundo. Con poco apoyo de la grada (nunca juegan en casa), con pocas facilidades por parte de los jugadores (la triquiñuela es una constante), con presión de los banquillos, etc. Esto es así y no se va a modificar mucho salvo que los ‘sabios’ del arbitraje se decidan a ofrecerles ayuda tecnológica.
El reglamento está ahí para todos, pero la interpretación del mismo es muy personal. No hay nada más subjetivo que valorar, por ejemplo, si una mano es voluntaria o no. A partir de ahí… vale casi todo. Mateu tiene personalidad y deja jugar, pero hay veces que se crea una expectación excesiva sobre su silbato. No señala acciones muy clara, pero, por el contario, sanciona cosas que ni la televisión logra aclarar.
Me gustan más los árbitros que pasan desapercibidos que aquellos que forman parte del espectáculo. Me gusta el diálogo más que el ‘tarjetazo’ en la cara, pero es mucho más difícil poner de acuerdo a un grupo de jugadores sobre tus decisiones que imponer una disciplina. El otro día (Sevilla, 2; Barcelona, 3) Mateu no estuvo bien. Le sobraron muchas cosas y el numerito con Michel fue innecesario. En los prolegómenos todo eran sonrisas, apretones de manos y diálogos. El sorteo de campo era como una reunión de amigos: abrazos y deseos de suerte. Pero minutos después, la guerra.
El punto medio de siempre. Esa virtud tan pocas veces conseguida en la vida también es imposible para un árbitro, pero si no empiezas en un extremo, no tienes que acabar en el otro. Hay un momento en el que lo obvio sencillamente hay que sancionarlo y punto. Con el reglamento de toda la vida. Sin más explicaciones ni razonamientos. Y otras veces, la docencia está bien. Pero cuando los tres puntos están en juego se acabaron las contemplaciones: las manos son mano, las patadas, faltas y las agresiones, rojas.
Tan fácil y tan difícil como eso. Todo lo demás es desconcertar al personal. Y entiendo que Mateu esté tranquilo (como he leído). Es un juez honrado.
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1 Comentario
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Si, puede que tenga razón, pero ese partido fue un robo descarado. Un auténtico robo, se mire como se mire.
Comentario Publicado por: Ramiro | 11 octubre 2012 - 22:56