Escuchado en Afganistán
La conversación tuvo lugar en el polvoriento poblado de Garmsir, junto al río Helmand, al sur de Afganistán. Y refleja, mejor que cualquier análisis, lo que está ocurriendo en el remoto país del Hindukush donde se juega la estabilidad mundial. Los interlocutores: el general norteamericano Stanley McChrystal, el jefe de las tropas occidentales vistas como ocupantes por los afganos, y el gobernador de la provincia, Abdullah Jan.
“Dígame como lo podemos hacer mejor”, le pregunta McChrystal a Abdullah. El gobernador le responde: “Ustedes tienen que vivir en un edificio, no en unas tiendas de campaña”. El jefe político de la zona le explica al desconcertado militar estadounidense: “Todo el mundo en Garmsir ve que viven en tiendas y saben que se van a ir pronto. Deben de construir algo permanente, un edificio, porque su trabajo aquí les va a llevar años.”
McChrystal, el hombre que ha presionado al presidente Obama para que escale la guerra de Afganistán y envíe 40.000 soldados más, contesta rápido: “Nos quedaremos hasta que nuestro socios afganos estén completamente seguros, aunque esto signifique años.” El proconsul norteamericano da por concluido el diálogo, pero Abdullah Jan no ha acabado.
“Los afganos están impacientes. LLevamos esperando 30 años y no queremos aguardar más.”
McChrystal, reprimiendo una sonrisa, responde a su interlocutor: “Créame, yo también trabajo para gente impaciente”.
Este diálogo es sólo una ráfaga del magnífico reportaje que publicó el magazine del The New York Times el pasado domingo con el título Stanley McChrystal´s Long War.
Obama duda en Washington, mientras el militar al que ha nombrado para ganar la guerra presiona por obtener un compromiso de más tropas y, sobre todo, más tiempo. Los talibanes piensan que la superpotencia, y no digamos nada los europeos de la OTAN, acabarán dejando Afganistán cuanto antes. Lo mismo piensa una población civil sumida prácticamente en el medievo, en el quinto país más pobre del mundo con una esperanza de vida de sólo 44 años.
¿Aguantará Obama lo suficiente la guerra que declaró “necesaria”, o resultará vencido por la falta de paciencia estratégica, defecto tradicional de la política exterior de Estados Unidos?
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