La Obamamanía pierde aire
Hace solo un año, en una noche mágica seguida por cientos de millones de personas conectadas globalmente por la televisión, un joven político negro de gran carisma anunciaba en un parque de Chicago su triunfo en la carrera a la Casa Blanca. En España faltaba poco para el amanecer del 5 de noviembre. Nacía una estrella planetaria y se desataba la Obamamanía.
Un político con una experiencia muy escasa recibía la transferencia de unas expectativas enormes. Limpiar la imagen de Estados Unidos, por los suelos en todo el planeta tras ocho años de presidencia de George W. Bush; reconstruir su propio país, comenzando con una reforma sanitaria para acabar con la indignidad de que 46 millones de estadounidenses no tengan cobertura médica; terminar con la infamia del limbo jurídico de la cárcel de Guantánamo; lograr la paz entre palestinos e israelíes; levantar la economía norteamericana, culpable de la Gran Recesión.
Armado con una frescura política inédita y una formidable oratoria, Barack Obama tenía a siete de cada diez norteamericanos tras de sí y concitaba la esperanza de medio mundo. Doce meses después, la Obamamanía se desinfla, el mesías no era tal, y los resultados concretos de su presidencia aun no han llegado. “Nunca pensé que esto iba a ser fácil”, decía el otro día el presidente en un acto con militares. En su libro autobiográfico The audacity of hope, se había comparado a una página en blanco: “Quizás voy a decepcionar a algunos, si no a todos”.
Su popularidad ha descendido a una cota del 51,6%. Ls sectores conservadores, mayoritarios en EE UU, hablan de él como “el joven Hamlet”. Le califican de débil e indeciso. Pero esto no es lo peor. Medios tan potentes como la televisión de 24 horas Fox News, de Rupert Murdoch, que se ve más que la CNN, dirige contra el presidente una campaña de descalificaciones, injurias y calumnias y le compara con Hitler o Bin Laden. Le tachan de socialista, palabra obscena en Estados Unidos. Incluso cultivan la especie de que no es estadounidense.
Lo que desde Europa estimábamos que iba a ser una ayuda: la amplia mayoría con que cuenta Obama en las dos cámaras del Congreso no ha funcionado como cabía esperar. Las lealtades políticas de los parlamentarios norteamericanos no son tan automáticas como en nuestro sistema. Y pronto en 2010 se renovará el Congreso. Obama está perdiendo el apoyo de los votantes independientes de centro y la izquierda demócrata comienza a frustrarse.
El presidente aparece empantanado, sin acabar de decirse, respecto a Afganistán, que es su guerra. Pero la economía, al final lo más importante, se recupera con una política de intervención estatal, con la práctica nacionalización de importantes bancos y de la industria automovilística, sorprendente en un país que es sinónimo de capitalismo. Hay buenas expectativas de que Obama logre sacar adelante en los próximos meses la reforma sanitaria. Sólo con ella pasaría a la historia. Si es capaz de poner en su sitio a Israel, lo que es mucho decir, también sería una presidencia decisiva en el plano internacional, donde sí que ha conseguido ya pasar la esponja que ha lavado la imagen de Estados Unidos.
Vivimos en una época en la que quemamos etapas y exigimos resultados inmediatos, incluso para los asuntos más complejos. Los procesos de cambio y las transformaciones requieren su tiempo. Obama no es un revolucionari0, ni un radical, ni un izquierdista. Es un realista que busca consensos, metódico y reflexivo. Probablemente se arrepentirá ahora de su acelerada promesa de la campaña electoral: “Vivimos con la fiera urgencia del ahora”. Cabría pedir paciencia porque, Sí podemos, pero va a tomar un tiempo.
2 Comentarios
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Me encanta la sensatez que trasmiten tus textos.Tus análisis son lúcidos, serios y documentados. Es verdad que Obama pierde popularidad y corre el riesgo de ser el presidente favorito de los europeos pero no de los suyos. Las buenas perspectivas económicas, si logra aprobar la reforma sanitaria y una salida correcdta al avispero de Afganistan pueden dar el vuelco positivo a su Presidencia.A lo peor solo es una lectura equivocada de tus artículos o un exceso de paciencia ante lo que tenemos aquí.
Comentario Publicado por: Victoria Lafora | 2 noviembre 2009 - 13:30
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Pingback Publicado por: La Obamamanía pierde aire | 2 noviembre 2009 - 20:06