Obama resetea su presidencia
Obama pulsó anoche, muy a su pesar, el botón de reinicio de su presidencia ante el Congreso de los Estados Unidos y, por extensión televisiva, ante sus conciudadanos y la opinión pública mundial.
La tecla de reinicio, el reseteo, se pulsa cuando un sistema se bloquea. La distancia insalvable entre las expectativas despertadas hace un año y la realidad, la incomprensión de sectores mayoritarios de la ciudadanía sobre el cambio prometido por el primer presidente afroamericano, las dudas sembradas mediante una persistente campaña de descalificación personal y política de Obama por la derecha más recalcitrante, unidas a las torpezas propias de un presidente primerizo, habían atascado la presidencia.
Algo que sólo hace 12 meses parecía imposible tras su arrolladora victoria y una cómoda mayoría parlamentaria. Con las encuestas por los suelos, la deserción de los votantes independientes y la irritación por la falta de resultados sobre todo en el terreno económico, la rectificación era obligada. La hoja de ruta inicial señalaba que al concluir el año I de la presidencia, se celebraría el éxito de la reforma sanitaria, pieza clave de la revolución Obama. Continúa encallada, sin votos suficientes en el Congreso, y con el rechazo incomprensible desde una óptica europea de una población que prefiere una medicina carísima y que deja mucho que desear, y que además deja sin cobertura alguna a más de 40 millones de norteamericanos.
En 69 minutos, Obama reinició su presidencia la pasada madrugada con un sobrio discurso ante las dos cámaras del Congreso en el que certificó el final de su programa máximo del cambio con mayusculas. En un tono relajado admitió sus errores, insuficiente velocidad en su promesa de cambio, y fijó como prioridad para su año II, el empleo. Como Clinton admitió que ¡Es el empleo, estúpido! Quince millones de norteamericanos, uno de cada diez, están en el paro. El presidente es consciente de que le van a juzgar por su capacidad de enderezar la economía y no por sus palabras, insuficientes para alterar la realidad del profundo desasosiego e irritación de las clases medias que pierden calidad de vida.
Obama priorizará la lucha contra el inmenso déficit presupuestario, congelando el gasto público en los próximos tres años. Defendió la impopular salvación de los bancos como algo necesario, admitiendo su impopularidad. No echó más leña al fuego en la hoguera de Wall Street . No abandonó sin embargo su tono de luchador, sus promesas de cambiar el funcionamiento político de Washington, algo siempre muy popular en la América profunda. Tuvo una alusión crítica a los grupos de presión y al Tribunal Supremo que les ha dado barra libre para financiar las campañas políticas.
En definitiva, descendió de los cielos para tocar tierra y realizar el cambio con minúsculas. Los cambios posibles. Admite que ni siquiera esto será fácil y reconoce que él solo tampoco puede hacerlo. Atentos al Obama 2.
Ha tomado su principal aeropuerto y también su capital, pero porque ningún otro poder: la Unión Europea, ni tampoco las Naciones Unidas, una semana después del terremoto, han sido capaces de distribuir agua, alimentos y combustible, para calmar a la población que lo ha perdido todo. 
