Tony Judt, el coraje de un cerebro sin músculos
He topado con esta historia, que me ha sacudido al comienzo de la cuesta de enero, gracias al diario The Guardian y a su redactor Ed Pilkington. Es una de esas joyas que por si solas justifican la existencia de la prensa escrita, que entre todos llevamos tiempo intentando enterrar en una operación suicida.
Tony Judt, historiador británico, es el autor del mejor retrato de Europa desde 1945, Postguerra (Taurus), un brillante fresco histórico considerado como la obra definitiva sobre nuestro continente desde la conclusión de la II Guerra Mundial. Un intelectual que hasta hace solo unos meses era un tipo saludable, deportista, que sólo perdía levemente el resuello subiendo cuestas y, de vez en cuando, confundía las teclas cuando trabajaba en su ordenador.
Hoy, atrapado por una enfermedad neuronal degenerativa, está cuadrapléjico en una silla de ruedas, con un tubo respiratorio pegado a la cara. Sufre ELA, esclerosis lateral amiotrófica. “Prisión progresiva sin fianza“, como él mismo la define. Esto, con serlo, no es extraordinario. Lo que me ha impactado profundamente es la voluntad y el coraje del historiador, al que sólo le queda progresivamente la mente, su incapacidad, de momento, es física, que ha decidido dedicar lo que le reste de vida a un fascinante viaje intelectual.
Judt, que se define como un comopolita sin raíces, es judío, naturalizado estadounidense, y vive en Nueva York , donde todavía es capaz de hablar, desde su silla de ruedas y a través del respirador, durante 75 minutos, sin notas, ante 1.000 personas en las aulas de la neoyorquina universidad (NYU). Judt quiere profundizar en la idea de lo que significa ser una persona que sólo tiene un cerebro, su físico se paraliza progresivamente, “porque soy únicamente un manojo de de músculos muertos, que piensa.”
Intenta descifrar el significado de estar reducido a la esencia de su ser. En el tiempo que le queda hasta el final persigue dictar un libro para ayudar a los jóvenes a pensar de nuevo colectivamente. “Si me sale bien”, dice, “creo que podría tener un impacto.” La idea de Judt es que en los últimos 30 años en las democracias occidentales hemos perdido la capacidad de hablar de lo público en términos positivos.
“Ésta es ya la segunda generación que no puede imaginar cambio alguno que no sea el de sus propias vidas, que no tiene sentido de los bienes o servicios públicos, sociales, colectivos. Son sólo individuos aislados que se esfuerzan desesperadamente por mejorar ellos mismos, por encima de todos lo demás.” Me parece un empeño extraordinario que confío que pueda concluir ya que la degeneración de las neuronas que controlan su cabeza y su voz se está produciendo con cierta lentitud. “Es como estar en una cárcel que se encoge 15 centímetros al día.” Tony Judt ha acometido también una serie de ensayos para la New York Review of Books que se publicarán en los próximos tres meses. El primero, Night aparece en el último numero de la revista. ¡Ánimo, Tony!
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