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Dave y Nick

13 mayo 2010 - 1:06 - Autor:

Finalmente será cuestión de dos, Dave y Nick. Un terremoto para la política británica acostumbrada a un bipartidismo que, desde hace 70 años, producía alternancias claras con gobiernos mayoritarios, o conservadores o laboristas.

 El último gobierno de coalición, de emergencia en la guerra mundial, se formó en 1945. Como el resto de los europeos, los ingleses se tendrán ahora que acostumbrar a un gobierno bicolor.

La  novedad, considerada por el nuevo primer ministro, el tory David Cameron, como un “cambio sísmico”, es la entrada en el gobierno del tercer partido, los históricos liberales, hasta ahora mera comparsa en el juego político, castigados por una ley electoral, injusta, de mayoría blindada.

El joven europeísta, Nick Clegg, que sólo tiene un cuarterón de inglés, casado además con una española, ha resultado ser el ganador final de unas elecciones que perdió. Pero sus 57 diputados y, sobre todo, la necesidad de Cameron de aplicar un brutal ajuste económico, exigido por el maltrecho estado de las cuentas públicas y demandado por los mercados que dirigen hoy las políticas europeas, explica la coalición entre conservadores y liberaldemócratas.

Este último partido, considerado hasta ayer como progresista y que acoge a una ala socialdemócrata escindida del laborismo, se encarama al poder garantizando una solidez de partida indispensable a un gobierno conservador. Un gabinete minoritario de Cameron hubiera durado lo que una piruleta a la puerta de un colegio. Y los ciudadanos al decidir no decidir estaban reclamando una suma de esfuerzos para enfrentar una etapa de sacrificios.

Suerte que el Reino Unido tiene una bisagra efectiva. Clegg es el nuevo viceprimer ministro y los libdems obtienen cuatro carteras en el Gabinete. La solución chirría en los dos partidos: sobre todo en el ala derecha de los tories, pero incluso esto le viene bien a Cameron que necesita vender un conservadurismo social y compasivo, en las antípodas del practicado por Margaret Thatcher, la Dama de Hierro.

Un sector liberal habla de traición al progresismo pero toca el poder. Clegg se justifica y habla de un gobierno “audaz y reformador”. Tanto él como Cameron representan una nueva clase política, más pragmática. Cameron persigue enterrar la idea antipática, pero muy viva en la ciudadanía, de los conservadores como la formación elitista, de los ricos y terratenientes, nostálgica del imperio perdido y alejada de un país mestizo y de clases medias y profesionales. 

David, haciendo de la necesidad virtud, ha olvidado que durante la campaña se refería al líder liberal como “un chiste” , a lo que Nick  respondía denunciando la ”insoportable arrogancia”  de Cameron.

¿Qué cabe esperar? Una corrección parcial del sistema electoral mayoritario sin llegar al voto proporcional puro, pero que permitiría introducir una cuña en el bipartidismo haciendo que las coaliciones dejaran de ser un hecho excepcional.

Clegg podría atenuar el sólido euroescepticismo del nuevo primer ministro. Sin embargo,  el documento de siete páginas con las líneas generales del programa de gobierno deja claro que en los próximos cinco años no se producirán nuevas transferencias de soberanía a Europa y el Reino Unido no se unirá al euro.

Los conservadores olvidan su proyecto de un mejor trato fiscal a las grandes fortunas, pero los liberales aceptan el recorte de gastos de 6.000 millones de libras este año.

Clegg se traga su objetivo de no renovar la costosa fuerza de disuasión nuclear británica basada en los submarinos Trident, pero se reserva el derecho a disentir sobre la política de más nucleares.

El complejo pacto ha sido rápido y el proceso de transmisión del poder, con la doble mudanza a la vista en Downing Street, elegante. Cameron tuvo la cortesía de señalar al entrar en su nueva residencia que 13 años de gobierno laborista han cambiado, para mejor, al Reino Unido. Con este gobierno de coalición la excéntrica Gran Bretaña deja un poco de ser diferente.

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Paco Basterra

No les voy a marear con esta aguja. Muy al contrario. Pienso utilizarla en su acepción marina: brújula para indicar el rumbo de una nave. A Colón le sirvió para descubrir América. Si es útil para comprender mejor la incierta derrota de la época que nos ha tocado vivir me daría por satisfecho. Me inicié en este oficio del periodismo hace 39 años y he vivido "Una buena vida." Así tituló sus memorias Ben Bradlee, el mítico director del Washington Post en tiempos del Watergate. He visto el mundo desde Londres, París, y desde el otro lado del Atlántico, Washington. Me gusta pensar que soy un vasco universal. He hecho casi de todo: en agencias de noticias, en El País, mi periódico durante 18 años y donde, aún hoy, colaboro, y en televisión. Nada más fascinante que participar en la fundación de medios. Tuve la suerte de hacerlo con un periódico: Diario 16, y con CNN+, el canal de noticias de 24 horas. De todo ello me ha quedado una insatisfecha curiosidad por comprender el mundo. Me faltaba botar esta bitácora en la red. Para seguir descifrándolo.

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