Obama ha podido. Cada vez menos personas en su propio país y en el resto del mundo, al que encantó como el flautista de Hamelín, creían el Yes, we can que le empujó a la Casa Blanca. Los norteamericanos han tenido que esperar 14 largos meses para confirmar el Sí, podemos.
La presidencia de Barack Obama resurgió de una largo año de ceniza política en la madrugada de este lunes, cuando el Congreso votó en Washington la reforma sanitaria. por 219 votos contra 212. Obama ya tiene un lugar en la historia. Ha conseguido la ley de Derechos Civiles del siglo XXI.
Un fracaso en la reforma sanitaria hubiera envalentonado a los republicanos bloqueando la presidencia en legislación clave sobre inmigración o cambio climático. En la práctica, hubiera convertido a Obama en un presidente de un solo mandato, un nuevo Carter. El paso adelante en la reforma sanitaria no supone, sin embargo, automáticamente que Obama tenga un camino político franco.
El país está profundamente dividido. Los republicanos se han echado al monte, pueden ganar mayorías en las dos cámaras en las legislativas del próximo otoño y sectores muy poderosos, alentados por el fundamentalismo despertado en la América profunda, no cejarán para acabar con el cambio que significa Obama. Pero el presidente aunque regrese a Chicago en 2012, ya ha logrado lo que parecía imposible. Su presidencia no será unicamente un mero apunte a pie de página: la reforma de la sanidad ya es su legado histórico.
No lo consiguieron ni Franklin Roosevelt, ni Truman, ni Johnson, el que más cerca estuvo, ni Nixon, que también lo intentó, ni Bill Clinton. La reforma es imperfecta, dejará aún a 23 millones de personas, un tercio de ellas inmigrantes ilegales, sin cobertura.
“No nos hemos rendido a la desconfianza, al cinismo o al miedo, hemos contestado a la llamada de la historia. No es una reforma radical, pero sí importante“, declaraba un satisfecho Obama desde la casa Blanca. Y la presidenta del Congreso, Nancy Pelosi, artífice clave de su aprobación, afirmó que “La seguridad social para todos es un derecho, no un privilegio.”
No ha podido vivir este momento el senador Ted Kennedy, que tanto batalló por lograr esta reforma. Pero se ha conocido la carta que le dejó a Obama, para ser leída después de su muerte, en la que decía que “el acceso al cuidado sanitario es el gran asunto no concluido de nuestra sociedad.”
Concluye la indignidad de que el país más rico y poderoso del mundo mantuviera sin cobertura sanitaria a casi 50 millones de personas. Y que gastando sumas desorbitadas en sanidad, el 18% del PIB de EE UU, la atención médica de sus ciudadanos esté por debajo de la que disfrutamos en los países europeos. 32 millones de norteamericanos más obtendrán cobertura sanitaria.
No todos aplauden. Los republicanos estiman que se trata de una ingeniería social impropia de Estados Unidos, una injerencia indebida de Washington en los asuntos de los estados, que aumentará la deuda de las próximas generaciones y obligará a subir los impuestos. El nivel de violencia política y demagogia insensata que barre el país se puso de manifiesto en la noche del domingo con este twitter dirigido a Obama publicado por un joven universitario: “Usted debiera ser asesinado. Si viviera en Washington, yo mismo le dispararía.” Firmado: Jay Martin.