Para estar bella, hay que sufrir
Productos anticelulíticos, cremas reductoras, reafirmantes, quemagrasas… forman parte del día a día de toda mujer en nuestro empeño por estar bellas o por ceñirnos a un cánon que marca las tendencias. Luego están los productos más esotéricos como esas hierbas que quitan el apetito o aquellas que devoran la grasa saturada. Y es que queremos estar guapas, pero sin esforzarnos demasiado. Y aquí es dónde entra la tecnología. Si podemos llamar y recibir correos desde el más profundo de los infiernos y ya no tenemos que ir al río a picar piedra para conseguir que nuestra ropa quede de lo más blanca, cómo no va a ser posible que un grupo de científicos haya dado con la fórmula para moldearnos mientras sencillamente andamos. Claro, sólo con sus zapatillas especiales.

Y se nos queda un culín “asín”.
El principio es el mismo que esos electrodos que hacen abdominales por ti mientras miras la tele y comes patatas fritas o esos cinturones vibradores que venden en las teletiendas: un timo, vaya. Por eso, un tribunal de los Estados Unidos ha sentenciado a Reebok, que tendrá que devolver el dinero a miles de consumidoras decepcionadas. El coste de la broma pesada -nunca mejor dicho- asciende a los 25 millones de dólares.






































