El síndrome Heitinga.
El fútbol, como la vida, tiene sus sambenitos y del espigado defensor holandés nos quedará por encima de sus zancadillas en el área y sus despistes defensivos, la huida en el último segundo, el “ahí os quedais que yo me largo” del último día de pretemporada. Cuando está a punto de abrirse el mercado invernal no es de extrañar que a los atléticos nos entre el síndrome Heitinga y pensemos que, a lo mejor, no viene Fanni, se malogra Salvio y se dan el dos Sinama, Maxi o Reyes. Dirá Pitarch que para una vez que mató a un perro… Pero yo sé y ustedes también que en este Arsénico de Madrid puede ocurrir cualquier cosa. Malo seria, la confirmación, si la necesitamos de que el primero que es de segunda es el secretario técnico. De momento, habrá que esperar, soñar con dos mirlos blancos ( Perdón por el color del símil) y con que las gestiones que otrora fracasaron ahora fructifiquen. No creo en el poder recuperador del turrón para los estados de ánimo decaídos y tampoco el marisco ayuda a desentumecer musculaturas dormidas. Mientras el mejor fútbol de Europa, el inglés, les brinda a sus incondicionales unas navidades emocionantes, el nuestro se refugia en familia y duerme hasta el próximo año. Se imaginan que el cine cerrara hasta Enero, que los comercios y la restauración hicieran un parón invernal y navideño. ¿Son menos trabajadores, cansa más jugar cada tres días que servir una docena de mesas, diez horas al día? Lo siento, quizás sea parcial pero es que me resisto a tratarles como reyes, cuando ellos mismos nos reclaman un trato humano. Queridos Atléticos, ! Feliz Navidad¡
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