La alegría del fútbol.
Seguro que estas fiestas muchos chiquillos van a disfrutar con un regalo poco original: un balón. Desde aquellos cueros extraduros hasta estas maravillas tecnológicas ha llovido mucho pero cada Navidad, casi en cada hogar, un bulto esféricamente sospechoso nos indicaba que los pasillos y las figuritas del belén iban sufrir la embestida de los niños persiguiendo, sudorosos, una pelota de futbol. Seguro que me entienden, les hablo de la alegría del balompié, de lo mucho que nos divertimos dandole patadas al balón, y de lo mucho que añoramos, los que ya peinamos canas, no poder correr la banda sin que nos ingresen en urgencias de traumatología. Y me acuerdo de la sonrisa de Pereyra, aquel defensa patizambo, el primero al que recuerdo ver jugar con una sonrisa, se ganara o se perdiera. Después Roberto Carlos y también Ronaldinho nos mostraron lo mucho que se puede divertir un futbolista. Ya me van conociendo y saben que estoy dando muletazos para llevar al toro a mi terreno: los nuestros no se divierten. Ver jugar a mi Arsénico de Madrid es un ejercicio de tristeza, casi agónico. No se ríen, no disfrutan, el fútbol se les ha vuelto un mal trago difícil de digerir. Si no lo pasan bien ellos, ¿Cómo van a entrenernos a los demás?. A mí y supongo que a ustedes, el fútbol me dió muchos momentos de alegría, algunas contusiones y la bronca materna cuando, como estas fechas, la lluvia enturbiaba aquellos campos de tierra en los que chapoteábamos con ilusión. Nunca nos dió casa, empleo y cobijo. Ahora que tanto apedrean al pobre Raúl ( Algún día les contaré lo que los puristas madridistas piensan del hombre que hizo y les hizo historia), ahora que piden su cabeza, el capitán madridista dijo en una entrevista algo parecido a esto: “Sé que estoy llegando al final de mi carrera pero es que el futbol me la ha dado todo y es natural que un chaval de orígen humilde que ha llegado hasta lo más alto se niegue a dar por finalizada su carrera”. Le creo, desde lo más profundo de mi corazón pienso que el dinero ya no le interesa que ahora valora que su alegría, la alegría del fútbol, está a punto de abandonarle y se resiste. Yo le honro por eso y por muchas cosas más. No en vano este chico es el principio del fin del Atlético de Madrid. Gil acabó con parte de la cantera y con ella se fué la perla más preciada. Otra asignatura que les debo es hablar de Gil, lo haré pronto. Pero hoy quiero que recuerden, cuando vuelva la Liga, esto que les hablo sobre la alegría del fútbol y repasen uno por uno los rostros de los colchoneros. El día que comiencen a divertirse habrán acabado nuestras dudas. Eso espero.
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