Un equipo pequeño.
Aquel palmo de más o de menos, muy español, es el que nos separa de ser un equipo grande. Pero no se equivoquen, es un palmo enorme, el que va desde la mediocridad hasta la genialidad. Hoy, en Almería, sólo Reyes y Tiago han elevado el tono medio gracias a que son excelentes futbolistas. Los demás han peleado y pudieron ganar de tú a tú a un equipo como el Almería. Si con eso se conforman, bienvenidos sean al reino de los pazguatos por que nuestro dinero ha costado elaborar una plantilla que resuelva estos partidos a favor por un palmo. El de la clase. Pero no la hay, sólo esfuerzo, ganas y algún que otro ramalazo de técnica. Un detalle, ni un cambio en 75 minutos con la paliza que llevan encima. Luego Agüero y cuando se nos había caído el sombrajo, Hibraima. Mientras el Almería tomó aire con tres cambios y nos deshizo el pastel. ¿Les suena a lo que ocurrió el pasado jueves? Con una defensa así, no se pueden conceder segundas oportunidades. Quique, no estás fino, hijo. No se puede vivir de haber recuperado a Reyes, enorme, y poner a Jurado, el más pequeñito (Le ponga donde le ponga hace el ridículo). No se puede mantener in eternis a Forlán y a Simao, arrastrandose por el campo.
Un apartado especial para Asenjo, tres paradas esenciales, grandes reflejos y un problema, que el balón no sólo llega recto o por suelo, también viene bombeado y ahí, Asenjo se rila. Tiene 20 años, va para porterazo pero con una defensa que no domina el aréa se juntan el hambre y las ganas de comer.
Otro especial para los optimistas: juegan mejor, sí. Se combinan, también. Pero no rematan, pierden muchos balones y se parten por en medio al menor signo de cansancio. Del equipo que vimos hace un mes a este hay una mejora pero seguimos siendo un equipo pequeño, muy pequeño. Y bien que lo siento. Qué lástima.
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