Hablando se entiende la gente.
Por mucho que algunos manchen el noble arte de explicarse utilizando la lengua cervantina, hemos de reconocer que cuando la gente se explica, se deshacen los malentendidos y se entiende mejor este extraño mundo que nos ha tocado vivir. El fútbol no es ajeno a estos avatares, por eso hoy, escarbando entre tanta tontería Cristianoronaldiana, encontramos las palabras de Asenjo, humildes y prometedoras, haciendo votos por conseguir que las lanzas se vuelvan cañas y los pitos aplausos. No es malo de suyo que, aún sientiendose ofendido, conceda el beneficio del cliente, la razón, a sus aficionados y haga propósito de enmienda. Y ojalá que esa expiación empiece en Turquía.
Hasta allí se lleva Quique a todos sus efectivos salvo, no es noticia, a Pablo. Vino del Albacete con las mejores expectativas, pronto se hizo con un puesto fijo en al zaga, pero ¡Ay¡, cedió a la tentación del vecino rico y encima eligió el caballo perdedor. Nunca le perdonaron ese desliz, y se fué apagando como se apagan los cigarros caros, sin mucho humo y demasiada ceniza. Las últimas veces que lo vimos deambular por esa defensa inoportuna fué a caballo del susto, despejando con alevosía para ocultar un preocupante nerviosismo. Su físico espectacular se ha quedado en ninot que el fuego de este Arsénico de Madrid venido a menos quemará este Verano. Pablo ya forma parte del nutrido grupo de víctimas del no sé por qué, inexplicable, él que soñó con ser inexpugnable. Hoy es fácil echarle la culpa pero quién sabe de verdad lo que ocurrió para que se torciera, en plena juventud, su exitosa carrera. Ustedes que saben infinitamente más que yo a lo mejor me pueden contar lo que sucedió y les estaría eternamente agradecido.
Con el viaje a Turquía, el AS ha desenterrado un fantasma que creíamos olvidado: Babacan. El árbitro otomano que diezmó al Atletico de Madrid en aquel duelo colosal contra el Celtic en Glasgow. Con el tiempo he tenido que oir mil historias sobre aquello y todas cebándose en aquel equipo que quiso y casi pudo ser campeón de Europa. La canalla ha escrito toda una felonía sobre aquel partido. Que sí eran unos asesinos, que si llevaban alfileres en las medias…Su peor delito eran esas rayas rojas y el pantalón añil. Si hubieran ido de blanco inmaculado, hubiera sido gesta y no perrería, y Babacan estaría colgado del pito, el de silbar, en alguna sala perdida de la UEFA.
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