A propósito de Mourinho.
Si nos quedaba alguna duda sobre el resultadismo de determinadas personas, la elección de “Mou” para el banquillo blanco las puede despejar definitivamente. El anticulé por excelencia llegaría a Concha Espina como remedio histérico a la supremacía blaugrana. Se va a ir Pellegrini poque no gusta como juega y llega un hombre, malencarado, avieso y respondón que hace añicos el sueño de la excelencia madridista. Florentino debe estar desesperado y Valdano incrédulo porque el perfil de entrenador ha cambiado radical.
No se crean lo que la caverna vende estos días, el vestuario no es el problema del vecino rico, si no la mala planificación de plantilla y ese interés casi enfermizo por vender la marca a base de traer primadonas. ¿Se imaginan Doce del patíbulo, si en vez de Trini López o Telly Savalas hubieran puesto a Brad Pitt o Beyoncé? Pues lo mismo.
Mourinho va a ser entrenador en el Bernabeu por su odio al Barça y su semifinal contra los azulgranas, no por sus conocimientos futbolísticos. Su código ético se da de patadas con el de Florentino y su manejo del vestuario es más propio de las cohortes romanas que conquistaron europa que de un equipo profesional y su relación con prensa, público y compañeros de profesión es, cuando menos, intrigante.
Tanto fijarme en la paja ajena y casi se me olvida nuestra viga: Quique Sánchez Flores sigue sin renovar y no sabemos si Pitarch va a continuar chequeando jugadores. A pesar de la Europa League, la sombra de la temporada es alargada y hay que enmendar errores pasados y evitar los futuros. Colocar a Simao, a Perea y, pasmense ustedes, a Jurado y a Reyes sería un buen comienzo. Tiempo habrá de que me explique y que ustedes me corrijan pero vayanse quedando con la copla.
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