Entre todos la mataron y ella sola se murió.
Ha muerto Francia, ¡Viva Francia! habrá que agradecerle la década en la que nos obligó a pensar que el fútbol sin asociación no era fútbol. De aquellos polvos viene estos lodos y si España encarna, o encarnaba, la tradición futbolera es porque ellos, los franchutes, nos enseñaron.
Combinaban el gusto por el balón con el tono físico. Se sabían elegidos y jugaban como tales pero, efímera es la fama, la ausencia de Zidanne y el deterioro de los demás, lease Henry, hizo lo que faltaba.
Todo empezó en aquel cabezazo imprevisto de Zidanne, mancha en carrera inmaculada, ahí empezó el declive y hoy, el espectáculo dantesco de los “Bleus” haciendo el cabra no tiene parangón en la historia moderna. Esa misma historia nos ha de recordar que ellos fueron pioneros en eso de abrir los brazos y las puertas, que hicieron de su tierra un lugar de acogida a los artistas, a los filósofos y los críticos. Incluso nuestros pobres agricultores, con todas las reticencias que la historia nos indica, tuvieron allí su oportunidad de sobrevivir, cuando nuestro suelo era un erial.
Hoy leo que la liberté, egalité y fraternité que dan vida a su historia reciente ha dado paso a la crítica más profunda, más hiriente. Muchos son los interesados en que esta historia deportiva cree las dudas sobre lo que durante muchos años ha sido ejemplo, no sin problemas, de cohabitación. Hoy los Bleu son sinónimo de fracaso y con él hay quien pretende arrastrar toda una teoria política, deleznable, detrás.
Desde este foro, que agradezco, he alertado sobre los piercings, tatoos y otras lindezas que atesoraba el combinado francés, aún no siendo el único, pero de ahí a pensar que su periplo por Sudáfrica puede ser bandera de los que restan en vez de sumar, ni hablar del peluquín. Alguien habrá de confeccionar el mapa de los brazos “literarios” del mundial. Me da que el señor de los anillos se lleva la palma. En nuestra época, ya pretérita, hubiera sido Raquel Welch pero hoy es Frodo, qué le vamos a hacer.
En la misma medida que me enomoró su juego afrancesado, me tira su forma de sumar y no restar y me parece que poner en solfa su filosofía no es más que negar la evidencia. Aquí cabemos todos o no cabe ni Dios (Victor Manuel San José).
Ya acabo, Argentina y su Gran Hermano histérico triunfa. Tienen mimbres y la excitación que les produce Maradona les eleva al infinito. Tiempo al tiempo. Europa cojea, pero queda lo mejor.
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