Más de lo mismo.
Podemos engañarnos o podemos aceptar la lección y levantarnos. Suiza, con suerte, nos ha sacado los colores por una razón muy sencilla: el tiqui-taca es una parida si no se remata bien a puerta. Que más da que tengas el balón o que se lo cambies a un sudafricano por una vuvucela si al llegar al área no se remata con sentido. Hoy no se ha hecho, hoy ha habido torpeza cara a portería y eso ha lastrado el habitual juego de la roja.
Más cosas, Iniesta, Silva y Villa han estado timoratos. Mucho tardó el guaje en engancharse al partido y el canario no estuvo fino. El de Fuentealbilla lleva jugando a medio gas toda la temporada y aún así es espectacular pero hoy nos hemos podido despedir del chico en el mundial. Despues, Navas ocupó la banda que desperdicia Ramos pero lo hizo con poco acierto y menos aún tuvo a la hora de centrar. Torres está de los nervios, le puede la ansiedad y eso se nota mucho. Capdevila hace muchas bromas en las concentraciones pero en el campo hace poco ruido. Hoy no tuvimos laterales solventes en ataque y eso termina pasando factura.
Quizás la media se comportó más adecuadamente, si bien no tuvo clarividencia a la hora de encontrar huecos en la poblada defensa suiza. Y cuando los encontró…
Del Bosque ha tenido de cara a la prensa desde el comienzo de su trayectoria como seleccionador a pesar de su entrada, algo heterodoxa, en la roja. Ya el año pasado demostró poca cintura contra EEUU y hoy se ha empecinado en abrir las bandas cuando la defensa helvética se mostraba más a gusto con los centros laterales. Una pregunta, ¿Para qué vino Llorente? Se suponía que su función era de abrelatas y hoy estabamos en esa tesitura.
Como ya les recordaba el otro día nuestro historial está plagado de circunstancias adversas en los mundiales y parece que el destino sigue empeñado en aguarnos la fiesta.
Hasta aquí la crítica, sin ánimo de ofender, porque es necesario aprender de los errores cometidos y no pensar que sólo la suerte o el árbitro nos impidieron ganar. Queda mundial, queda esperanza pero sobra la estulticia de creernos mejores que ninguno, y entono el mea culpa como debrían hacer todos. Ojalá seamos gitanos y esto sólo sea un mal comienzo.