A última hora, cantimplora.
Me enorgullecía el viernes ver un banquillo repleto de jóvenes promesas y tan sólo un día despues llegan los primeros cantos de sirena. Ayer ví jugar al Shalke de Raúl y me dió pena. No merecía el hombre acabar sus días futbolísticos en un equipito de tres al cuarto que, ahora, quiere llevarse a Jurado. Trece millones son muchos millones aunque sea a costa de un jugador jóven y con proyección. Mal está la cosa para que los directivos aguanten ese tirón sin soltar al chico y digo esto desde mi convencimiento de que el andaluz no fué, no es. ni será la panacea de los males de creación que atenazan al Atlético.
Tuvo siempre Jurado a los críticos de su parte que le ensalzaban los aciertos y perdonaban sus errores. Hábil con el balón, tantito chupón, nunca entendió que un tiralíneas vale su peso en oro. Tampoco he escondido mi idea de que escapaba de los partidos, como Guti, haciendose invisible cuando más se le necesitaba pero nunca olvidé que tiene clase para dar y tomar y una edad en la que aún quedan muchas cosas por aprender.
La tentación del dinero lo puede todo y es probable que veamos al chico penar por esa liga fría y física en la que ya sufre Raúl. Dicen que con ese dinero podría venir Fanni, pero a estas alturas y tras dos años de esperarlo me han crecido raices en el muelle de San Luis y se me ha quedado la mirada de Penélope. Todo se andará.
Y, por último, un temor. Ibra se va, rajando contra Pep. Se queda el Barça sin un delantero rompedor. ¡Ay, forlán, no los escuches! Que te quiero saludar en Neptuno el martes.
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