Dos estilos, muchos goles.
Siempre, o casi siempre fué así. Grandes partidos, buenos jugadores y un saco de goles. El Barça es temible pero a este Atlético de mis entretelas le viene como anillo al dedo para firmar la gesta anual. Bien me gustaría que esa hazaña tuviera como víctima a los vecinos ricos de la Castellana pero suelen ser los de la ciudad condal los que se llevan el disgusto.
Este año había empezado el equipo colchonero emulando a los culés: control de balón, un medio tiqui-taca que les dió buenos resultados en las dos primeras jornadas ligueras pero pronto, el jueves, volvieron al patadón, al desplazamiento largo y la sorpresa, poca. Faltaba Agüero, probablemente tampoco pueda oponerse a los blaugranas, y Forlán, solo, ejecuto el difícil arte de yo me lo guiso y yo me lo como. Muy de Quique que prefiere poblar la media antes que el ataque.
Al Barça no le suele preocupar el overbooking en la zona ancha, le duele más la velocidad del contraataque. Podría ser una oportunidad para Diego Costa pero apostaría a que el brasileño ve el primer tiempo desde le banquillo, por lo menos.
Las bandas catalanas son peligrosas y los laterales rojiblancos habrán de estar bien atentos a esa zona desde la que conspiran Messi, Alves, Villa o Pedro. Casi nadie al aparato. Me mojo, Valera no anda fino ( ¿Lo estuvo alguna vez?) Ujfalusi sale de una lesión y… ¿ Perea? Su velocidad es su único tesoro, recemos.
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