Que dice que se va.
Que le ha pillado la tele jurando en hebreo en el banquillo. ¡Me voy!, ha dicho en el calentón de perderse los últimos ocho minutos del encuentro frente al Sevilla. Es hora de poner los puntos sobre las íes, querido Forlán, majestuoso jugador el primer año, resultón el segundo y protestón el tercero.
El lindo don Diego ya era cuando vino pero aquí ha ganado otra bota de oro y el reconocimiento mundial en Sudáfrica. Mérito suyo, no hay duda, pues este Atleti adolece precisamente de alguien que surta de oportunidades a los puntas. Pero ha sido con la elástica rojiblanca cuando ha dado ese salto hacia el reconocimiento futuro. Y, ahora, se cabrea.
Forlán no es un niño, ha vivido las dulzuras del éxito y el escozor del fracaso (En Manchester) y debería medir más sus expresiones puesto que, en medio, hay club más grande que él, por historia y por títulos, que las está pasando canutas. Nadie le echa las culpas de la situación pero no gusta ni un pelo esa costumbre suya de mirar displicentemente cuando las cosas se tuercen y de creerse intocable a pesar de hacer, como todo hijo de vecino, algunos malos partidos.
Bueno, como con Quique y como con otras muchas cosas más, hay que mirar hacia otro lado, hacer de tripas corazón y tirar “palante” porque esta liga todavía nos puede dar algún disgusto. Pero de nada servirá lo sufrido si no se aprende. Si volvemos a hacer lo mismo, estamos condenados a esa eterna penitencia de ver como se derrumban a las primeras de cambio todos nuestros sueños.
Y un último apunte, parece que Salvio está funcionando en Portugal y quieren comprarlo.¿Qué hará Pitarch, el fénix de los ingenios futboleros? ¿Cederá a Elías y Juanfran?. El futuro debe empezar cuando la puerta se cierre tras este iluminado.
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