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Qué es el coaching personal

17 septiembre, 2014 - 10:45 - Autor:

Resulta interesante definir qué es el Coaching en general y el coaching personal, ya que desde la aparición del término como una metodología específica aplicada a la empresa más o menos en los inicios de los 80 por autores como John Whitmore, el termino se ha popularizado de tal manera que se aplica a casi cualquier cosa, lo que ha desvirtuado su sentido original.

 John Whitmore, uno de los que podemos considerar padres del coaching,  empezó a utilizar en la empresa una metodología que había resultado sumamente eficaz en el deporte. Timothy Galway, entrenador deportivo, había empezado a aplicar hacia 1975 con enorme éxito los últimos conocimientos de la psicología en su labor como entrenador deportivo. De ahí el uso de la palabra “coach”, entrenador, que se ha mantenido hasta nuestros días. Por tanto, podemos considerar a Galway y Whitmore, los pioneros de una disciplina que como hemos dicho, ha alcanzado un gran desarrollo debido sobre todo a su enorme potencial para ayudar a los clientes a alcanzar objetivos.

Con los años, tanto la psicología como otras disciplinas han aportado herramientas al Coaching creando a su vez diversas escuelas que persiguen objetivos distintos en su intervención. Las intervenciones pueden ir desde ayudar a que el cliente consiga algún objetivo específico y concreto hasta lograr lo que se conoce como un verdadero “despertar”, un autoconocimiento que permite un nuevo nivel de autoconciencia. Bajo mi punto de vista esto último entraría ya en la categoría de terapia, pero explicarlo sería entrar en un debate conceptual que no creo que tenga demasiado interés ni sentido. Dejémoslo en que es mi punto de vista.

El Coaching personal es pues básicamente un proceso de entrenamiento, aprendizaje y de mejora conducido de manera interpersonal entre un coach y un coachee (cliente). El Coaching personal  es una forma de hacernos conscientes del camino que tenemos que recorrer entre nuestros objetivos o sueños y nuestra situación actual. El proceso de Coaching sigue una hoja de ruta que nos ayuda a pasar de ese estado actual al estado deseado. Las etapas del camino, como dice Whitmore, no se establecen pensando en los errores del pasado sino en las posibilidades del futuro. El coaching no es un proceso directivo en el que el coach enseña y el cliente aprende. En el Coaching se asume que el cliente tiene todos los recursos necesarios para el cambio y se le acompaña para que los descubra y potencie y así recorra su propio camino y alcance los objetivos que se ha fijado. De hecho, no es una relación desigual en que uno enseña y dirige, sino una relación de acompañamiento en que el cliente aprende por sí mismo.

Para conseguir esos objetivos del cliente se utilizan diversas técnicas, siendo una de las principales la pregunta. Nuestro cerebro es un gran respondedor de preguntas. Esas preguntas son pues el detonante que ayuda al cliente a tomar conciencia de qué ocurre, qué parte de responsabilidad tiene en lo que le sucede y le ayuda a generar opciones para el cambio.

Mi idea del Coaching personal es su uso para procesos cortos, que puedan  realizarse entre tres y cinco sesiones. Luego pueden hacerse sesiones de refuerzo mensuales o bi-mensuales. Si hay que profundizar más o alargarlo, prefiero llamarlo terapia, pues considero que ya se está entrando en otro nivel y con otras técnicas. Obviamente esta es mi manera de verlo según mi experiencia y no tiene porqué coincidir con la de otros profesionales. Si estás interesado en mis sesiones de coaching aquí encontrarás más información.

¿Has probado alguna vez el coaching? ¿Te gustaría probarlo?

Mertxe Pasamontes

Psicopatía y liderazgo: el ejemplo de House of cards

10 septiembre, 2014 - 23:44 - Autor:

La vinculación entre psicopatía y liderazgo no es nueva. Tanto en la literatura científica como en la prensa general, han aparecido artículos que vinculan ciertos estilos de liderazgo con el hecho de tener rasgos psicopáticos. Los términos psicópata, sociópata o trastorno antisocial de la personalidad suelen usarse como sinónimos, aunque no sean exactamente lo mismo. Aquí hablaré del Trastorno antisocial de la personalidad, que es lo que popularmente se conoce como psicopatía. Y para ser más precisa, trataré el tema del psicópata integrado o subclínico, que para decirlo de un modo llano sería la persona que no cumple todos los criterios para ser diagnosticado como antisocial, pero tiene suficientes rasgos como para no poder ser considerado “normal”.

Intentaré explicarme y para ello usar como ejemplo la serie House of cards y su protagonista, Francis Underwood. La razón por la que usaré este ejemplo es doble: ser un caso muy claro y mi asombro de que algunos medios hayan publicado artículos elogiando el estilo de liderazgo del personaje de Underwood. Partamos de la base de que Francis Underwood, el personaje magistralmente interpretado por Kevin Spacey, no es una persona real y por tanto, hay licencias creativas en sus rasgos de personalidad. Pero a pesar de eso, cumpliría la mayoría de criterios para ser clasificado como un psicópata integrado (con algunos rasgos narcisistas, pero no voy a complicarlo tanto). Para demostrarlo utilizaré la clasificación de Hare, uno de los estudiosos más importantes de este trastorno:

Los que cumple:

  • Falta de empatía, crueldad e insensibilidad.
  • Gran capacidad verbal y un encanto superficial.
  • Autoestima exagerada.
  • Constante necesidad de obtener estímulos y tendencia al aburrimiento.
  • Tendencia a mentir de forma patológica.
  • Comportamiento malicioso y manipulador.
  • Falta de culpa o de cualquier tipo de remordimiento.
  • Afectividad frívola, con una respuesta emocional superficial.
  • Vida sexual promiscua.
  • Versatilidad para la acción criminal.

Todos estos rasgos salen reflejados en las dos temporadas de la serie. Ese encanto superficial es el que lo hace simpático para mucha gente, a pesar de ser un personaje cruel, manipulador y sin escrúpulos.

Los que no cumple:

  • Estilo de vida parasitario.
  • Falta de control sobre la conducta.
  • Falta de metas realistas a largo plazo.
  • Actitud impulsiva.
  • Comportamiento irresponsable.

Estos serían los rasgos que los antisociales integrados no cumplirían (o no todo el tiempo) y por ello están integrados. Es posible que se deba a una mayor inteligencia y/o un mayor control de los impulsos, lo que les posibilita obrar de una manera más fría y calculadora. Los que sí los cumplen suelen acabar en prisión, en el hospital o son asesinados.

No conocemos o no proceden:

  • Historial de problemas de conducta desde la niñez.
  • Tendencia hacia la delincuencia juvenil
  • Revocación de la libertad condicional.

Lo que podemos ver con este sencillo análisis, es que estamos ante un personaje antisocial, sin empatía, que sólo se mueve por sus propios intereses y que no tiene ningún reparo en mentir, manipular e incluso matar a aquel que se interponga entre él y sus ambiciones. Por eso me sorprende cuando alguien lo pone en un artículo  como ejemplo de liderazgo. No es un líder, es un psicópata, que consigue sus metas porque no le importa nada ni nadie. No es ejemplo de nada. O es sólo un mal ejemplo.

Me temo no obstante, que ese perfil y sus admiradores está más extendido en las altas esferas económicas y políticas de lo que podamos suponer. Y esa es mi preocupación. Porque no son ejemplo ni modelo a seguir. Este tipo de personas son las que arruinan a miles de pensionistas, o esclavizan niños o te meten en una guerra sin pestañear. Siempre que eso sirva a sus propios intereses, los daños humanos no tienen ninguna importancia. No estoy diciendo que todos los dirigentes y/o grandes hombres de negocios sean psicópatas, sólo digo que entre ellos existen psicópatas integrados. Posiblemente más de los que nos creemos.

Y nuestra obligación es entender esta patología y no aplaudirla. Es obvio que podemos ver la serie y entretenernos con ella. Es una buena serie. Pero deberíamos entender bien qué es lo que estamos viendo. También Hannibal Lecter era encantador en cierta medida, pero no lo querría de amigo, ni de vecino y mucho menos de pareja. Por mucho que estemos en una sociedad en que el éxito y el logro predomina, no debemos aceptar que todo vale. Y los métodos de House of cards no valen. O no deberían valer si queremos vivir en una sociedad más solidaria y humana.

¿Has visto House of cards? ¿Qué te parece el personaje de Francis Underwood?

Mertxe Pasamontes

Volver en actitud Zen

3 septiembre, 2014 - 17:44 - Autor:

Actitud zen
Este año no voy a a hablar del tan manido tema del síndrome post-vacacional. Lo conocéis de sobras y lo podéis leer en antiguas entradas de mi blog y en muchos otros lugares de la Red. Y no es sólo porque sea poco respetuoso en un momento en que tantas personas se encuentran sin trabajo, sino porqué creo realmente que hemos de ser capaces de aprender a enfrentarnos a los cambios de una manera más sana. Y ya que hemos dedicado las entradas de este agosto a tratar de cómo vivir un Verano Zen, vamos a hacer de está última lo que podríamos llamar un regreso zen a nuestra vida cotidiana. Porque una práctica como el Zen, sirve de poco si no somos capaces de aplicarla a nuestro día a día. Ese es realmente el reto, la parte difícil, llevar ese estado de relajación que puede conseguirse en zazen o cuando estás desconectado de todo, a la vida cotidiana. Lo que el año pasado llamé el reto de la vida cotidiana.

Vamos a empezar con un cuento tradicional del libro, Carne de zen, huesos de Zen que dice así:

Un noble pidió al maestro zen Takuan que le indicase alguna forma de matar el tiempo. Los días se le hacían intolerablemente largos en su despacho, sentado rígidamente hora tras hora, recibiendo el homenaje de unos y otros.

Takuan escribió ocho caracteres chinos y se los entregó al noble:

Un día sólo es un día;

la joya más grande es como el día más corto.

Ese día nunca volverá;

cada segundo vale lo que una joya sin precio.

No son palabras fáciles de comprender y como he dicho otras veces incluso a mí se me hacen difíciles de asimilar en muchas ocasiones. Es normal que deseemos que lleguen los días de fiesta o aquellos en los que vamos a desarrollar alguna actividad que nos ilusiona. Y del mismo modo, es normal que queramos hacer correr el tiempo cuando estamos aburridos, o doloridos o las cosas no nos van bien. El problema, es que en el cómputo de nuestra vida todos los minutos suman por igual. Aunque psicológicamente, distorsionemos el tiempo y vuele cuando lo pasamos bien y se arrastre inmisericorde cuando lo estamos pasando mal. Pero hemos de ser conscientes, como hemos venido diciendo en todos estos post del verano zen, que es nuestra mente la que lo juzga así. Y aunque está bien querer disfrutar – sólo faltaría que pusiéramos eso en duda- querer disfrutar todo el tiempo no es realista. Forma parte de nuestra ilusión de control, de la que ya hemos hablado.

El problema, es que esa falta de aceptación, nos hace sufrir en muchos momentos, ante cosas que no podemos cambiar. Está bien esforzarse en aquello que está en nuestra mano cambiar. Pero también es adecuado aceptar que no todo está en nuestra mano. Uno de los mayores daños que ha hecho la Autoayuda mal entendida (o mal explicada), es hacernos creer que todo está en nuestra mano, que podemos cambiarlo todo. Y eso no es cierto. Hay cosas que no dependen de nosotros de ninguna manera. Lo único que depende de nosotros en algunas circunstancias, es cómo nos las tomamos y aquí también pongo reservas. Y pongo reservas, porque todos tenemos una educación y unos genes que nos condicionan. Y romper ese condicionamiento e incluso invertir alguna de nuestras tendencias naturales, puede hacerse, pero es costoso. No es algo que surja de un día para otro. Es un proceso a realizar, a trabajar en él y depende de que cosas, pueden llevarnos toda la vida realizar esos cambios. Y aquí no sirven las recetas fáciles, por mucho que se venda que sí funcionan. Quizás es eso lo que queremos oír, pero para hacer cambios profundos, hay que comprometerse con ello.

Y no quiero con esto asustar a nadie. Podemos cambiar nuestra manera de enfrentarnos a ciertas cosas, pero es posible que tengamos que trabajar en ello. Podemos volver en actitud zen, pero es probable que tengamos que poner la intención en conseguirlo. Porque dejar de reaccionar del modo habitual cuesta, ya que estamos muy acostumbrados a hacerlo. Y sólo conectando con nuestro Yo más esencial, podemos descubrir lo que de verdad es importante para nosotros y poner ahí nuestro foco de atención. Más intención, más acción y menos reacción. Tenemos toda una vida para conseguirlo. Es un hermoso camino.

¿Te apetece regresar en actitud Zen? ¿Qué hábitos mentales y de actitud tendrías que modificar para conseguirlo?

Si quieres escuchar el post en formato podcast aquí lo tienes:

Mertxe Pasamontes

Aceptarse a uno mismo

27 agosto, 2014 - 10:45 - Autor:

Aceptarse a uno mismo

Sé que el título de este post no suena ligero y veraniego, posiblemente ni en el contexto de un agosto Zen. Pero es que la única manera de captar aunque sea un poco y con todas las dificultades que conlleva, el espíritu zen que estoy intentando transmitir, es pasando por la autoaceptación y por ende, la aceptación de los otros. Es de esos conceptos resbaladizos, que pueden hacerte caer fácilmente, cuando tratas de explicarlos,  en terrenos en que parece que defiendas el conformismo o el hecho de tragar con todo. Pero es la única vía, por lo que habrá que correr el riesgo de ser malinterpetado (o mal-explicado;)).

Una de las cosas que más nos duelen, es sentirnos rechazados. Es un tema que traté en el post de Un poquito de atención, de qué manera la exclusión del grupo nos hace sentirnos mal. Lo que entonces no traté y ahora quiero tocar, es que además del rechazo externo, existe un rechazo interno. Y ese es aún peor que el externo, porque lo llevamos incrustado en nosotros mismos y nos hace rechazar partes de nosotros mismos y de rebote, de los demás. Hay personas que proyectan ese sentimiento de rechazo interno hacia fuera para no sentirlo y sólo ven defectos en la gente que les rodea. Para poder avanzar en nuestro crecimiento personal,  lo primero que necesitamos es darnos cuenta de que eso nos ocurre, de que estamos constantemente juzgando lo que nos sucede, a los demás, a nosotros mismos y poder suspender ese juicio, detenerlo y reposar. Como dice el maestro zen Sosan: separar lo que nos gusta de lo que nos desagrada es la enfermedad de la mente.

Cuando una persona se sienta a meditar, en zazen, aparece tanto lo que le parece positivo como lo negativo. No hay modo de escapar cuando te mantienes sentado en el cojín. Cuando aceptas -y no es nada fácil- que todo forma parte de ti, cuando te das cuenta de que el dolor proviene de estar rechazando continuamente lo que no te gusta, nace un nuevo sentimiento de unidad, de que todo está bien como está. De alguna manera esto está íntimamente ligado al concepto de no apegarse, ni a lo bueno ni a lo malo. Porque tanto lo bueno como lo malo no dejan de ser valoraciones de nuestra mente y cosas que pasarán, tarde o temprano.

Me gustaría referiros un pequeño cuento zen al respecto:

Tanzan y Ekido caminaban juntos por un sendero lleno de barro. Llovía persistentemente. Al doblar un recodo se encontraron frente a una hermosa joven vestida con un kimono de seda, la cual no se atrevía a cruzar el camino por miedo a mancharse.

“Ven aquí muchacha”, dijo Tanzan; y tomándola en sus brazos, pasó limpiamente al otro lado a través del barro.

Eikido no dijo una palabra. Al caer la noche, los dos amigos encontraron alojamiento en un monasterio. Entonces Eikido no pudo contenerse más.” Se supone que nosotros los monjes debemos mantenernos alejado de la mujeres “, recriminó a Tanzan, “especialmente si son jóvenes y bonitas. No hacerlo así es peligroso. ¿Cómo pudiste llevar a aquella muchacha entre tus brazos?”

“Dejé a la chica en el camino”, replicó Tanzan ¿”Tú aún sigues llevándola?”

Brenda Shoshanna también nos hace una buena reflexión sobre el modo en que rechazamos a los demás: A veces amamos mucho a alguien, y cuando hace algo que no nos gusta, ese amor desaparece repentinamente, aumenta el desagrado y crece el recelo, y al cabo de bien poco esa persona se convierte en enemiga. Por ello, nuestra tarea en esta práctica consiste en desarrollar la verdadera naturaleza de la amistad, de la benevolencia, del aprecio incondicional.

Sé que no son conceptos sencillos de poner en práctica, ya he comentado en otras ocasiones que yo soy la primera que los olvido con facilidad. Pero como dije en el anterior post, creo que el mero hecho de tenerlos en consideración nos benefica, nos ayuda a relativizar las cosas, a abrir nuestro mapa mental a otras posibilidades.

Para practicar esta vez os propongo los siguientes ejercicios y soy consciente de que cada vez exigen un poco más de nosotros mismos, pero nadie dijo que fuera fácil pasar un verano zen. Son los siguientes:

1. Acepta a una persona con la que estés teniendo dificultades. No se trata de tragar en una historia con alguien que te esté creando muchos problemas, sino de aceptar a alguien de quién te molestan o incomodan algunas cosas. No hay que hacerlo con condescendencia, sino aceptar a ese otro de verdad. Observa qué sucede cuando sientes esa aceptación. Date cuenta de si esas cosas que tanto te molestaban, no tienen que ver con cosas de ti mismo que no toleras, con el modo en que te tratas a ti mismo.

2. Haz una pequeña lista de características que te parecen inaceptables en los demás. Por ejemplo: la intolerancia, la prepotencia, la envidia, el rencor, el orgullo, etc… Cuando tengas la lista, intenta ser consciente de si esas características también están, aunque sea de otro modo y en otro grado, en tí mismo. Es lo que a veces se llama la sombra. Empieza a hacer las paces con tu sombra y a aceptar, que todos tenemos imperfecciones y eso nos hace humanos. Es un aceptar en los demás y en nosotros mismos. Y aceptar no quiere decir que no puedas tratar de mejorar, tan solo que le das espacio y no juzgas ni te juzgas.

¿Cuánto te  aceptas a tí mismo? ¿También aceptas lo que no te gusta de tí?

Si quieres escuchar el post en formato podcast aquí lo tienes:

Mertxe Pasamontes

Perseverar en el camino – Zen

20 agosto, 2014 - 10:45 - Autor:

Perseverar en el camino

Seguimos con el agosto Zen y aunque el post anterior era el desafío de no hacer nada y pueda resultar aparentemente contradictorio con la idea de perseverar, en realidad son temas complementarios. Cuando hablamos de no hacer nada, no estamos tanto hablando de tumbarse a la bartola (que también se puede hacer) como de no forzar las situaciones, de no poner presión para que las cosas sucedan. Del mismo modo, perseverar en el camino, no se refiere a esforzarse en conseguir un determinado resultado sino a estar presentes, atentos y conscientes a nuestra vida cotidiana, a cada momento, a cada una de las pequeñas acciones que realizamos.

Vivimos en una sociedad en que se valoran mucho los resultados. Ya anticipé un poco este tema en el post la meta es el camino, en el que explicaba que no se trata de no tener objetivos, estos pueden tenerse y son útiles en muchas ocasiones. Pero los objetivos no pueden convertirse en una obsesión, en algo que nos impida disfrutar del momento presente. El esfuerzo está sobrevalorado, ya que lo que nos hace de verdad efectivos es entrar en flujo y no el hecho de esforzarnos. Y lo peor, no podemos permitir que el no alcanzar nuestros objetivos nos haga vernos a nosotros mismos como fracasados, como un fraude. Cuando asociamos nuestro valor personal con la consecución de un objetivo, es como si estuviéramos diciendo que nosotros no somos suficientemente válidos por ser nosotros mismos. Recordar el cuento que transcribí en este post, sobre los resultados. Somos seres humanos, únicos e irrepetibles y mejor iría el mundo si fuéramos de verdad conscientes de ello.

Lo que importa al final, es que seamos capaces de perseverar en el camino. De dar importancia a aquello que estemos haciendo, por pequeño que sea. Que saboreemos los pequeños instantes, incluso cuando hacemos una actividad tan banal como lavar los platos. Podemos sentir la temperatura del agua, el tacto del jabón, como se desliza la esponja, observar cómo van cambiando de aspecto los platos una vez lavados…. eso es estar con la atención en el ahora. Mucho más difícil de lo que pueda parecer. En ocasiones, casi imposible. Pero ese rato que pasamos lavando platos, es tan parte de nuestra vida, es tan tiempo nuestro como el que pasamos haciendo algo grandioso. Suma la misma cantidad de tiempo en el cómputo global. No pretendo que sea un concepto fácil de entender, para mí misma no lo es. Pero antes de los ejercicios, una pequeña historia:

Un discípulo fue a visitar a su maestro y solicitó que le impartiera alguna enseñanza importante para su desarrollo. El maestro contestó irónicamente:

-Atención.

-¿Y qué más? -preguntó el discípulo.

-Atención, atención -repitió el maestro.

El discípulo insistió. -Pero ¿qué más?

-Atención, atención, atención -dijo el maestro.

-Pero ¿qué es la atención?

El maestro contestó: -Atención es atención.

En el día de hoy os propongo los siguiente ejercicios y una recomendación:

1. Prepara algo de comer, por ejemplo una ensalada. Algo que no sea muy complejo.Lava las hojas de lechuga con calma, los tomates, todo aquello que vayas a utilizar. Córtalo en pequeños trozos, mézclalo con parsimonia. Sólo pon atención a lo que estás haciendo. Observa qué pensamientos te vienen, si sientes aburrimiento, prisa o lo que sea. Date cuenta de en que otras situaciones de tu vida también te pasa.

2. Persevera en una actividad que no hagas con asiduidad.  Puede ser lo que quieras, pero tienes que ponerle un tiempo al día y hacerlo te apetezca o no (qué tal por poner un ejemplo, meditar aunque sea 10 minutos al día?). Cuando lleves haciéndolo 10 días, deja unos días de hacerlo y vuelve a hacerlo. Observa las diferentes sensaciones que eso te produce.

3. Recomendación: Mirar la película Cómo cocinar tu vida (How to cook your life) en la que el maestro Zen Edward Brown nos acerca al Zen a través de los alimentos y la cocina.

¿Perseveras en el camino? ¿Qué te sucede cuando no consigues tus metas?

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Mertxe Pasamontes

El desafío de no hacer nada – Zen

13 agosto, 2014 - 10:45 - Autor:

No hacer nada

No hacer nada es uno de los conceptos que como occidentales más nos puede costar de entender. Estamos educados desde niños para hacer cosas constantemente y bajo la idea de que no hacer nada es perder el tiempo. Ese es el motivo por el que éste es uno de los temas del agosto Zen que es importante tocar. Y ya advierto, antes que alguien salga con un comentario cáustico, que no hacer nada no significa que “nunca tengamos que hacer nada” sino que en ocasiones, podemos relajarnos en ese no hacer nada. No somos monjes Zen y por tanto no es necesario que lo apliquemos todo el tiempo. Tenemos nuestra vida, obligaciones, trabajo, familia, etc…Pero poder estar en ocasiones sin la presión de tener que estar haciendo algo, puede darnos un espacio de enorme paz interior y relajación.

Porque además todo ese movimiento frenético al que tantas veces nos sometemos, suele tener oculto un objetivo más o menos reconocido, que es el intento vano de tener el control sobre nuestra vida. Y digo vano porque por mucho que planifiquemos y organicemos, las cosas pueden salir de un modo completamente distinto al esperado. Eso no implica que tengamos que dejar de planificar, pero si que conviene hacerlo sin caer en la obsesión por el control, ya que este, nos guste o no, nos será siempre negado.

Es nuestra pelea con la realidad, nuestro intento de que las cosas sean como nosotros queremos, lo que hace que muchas veces nos sintamos mal. Está bien tener ilusiones y sueños, querer conseguir objetivos. Es una manera de sentirnos motivados. Pero hemos de ser conscientes de que a veces la vida se manifiesta de otro modo y no podemos hacer nada para evitarlo. Y por eso, en este agosto zen, podemos aprovechar el hecho de tener menos obligaciones, para dejarnos mecer por la corriente de la vida y permitir que el viento nos lleve dónde quiera y al llegar, ser capaces de disfrutar del lugar en dónde estemos, sin expectativas previas. Y repito lo dicho, no es necesario que lo hagas así todos los días y durante todo el tiempo, pero tal vez es buena idea permitirse algún momento de dejarse llevar sin más.

Como dice Paul Reps: Sentado tranquilamente, sin hacer nada, llega la primavera y crece la hierba por sí misma.

El  ejercicio de esta entrada, puede ser algo complicado de hacer. Cada uno que llegue al nivel que desee, pues de eso se trata, de tener opciones y no obligaciones. Yo sólo lanzo propuestas…. Ahí va:

- Piensa en alguna situación que te moleste y te cree un cierto malestar (por ejemplo, un familiar o amigo con el que estás compartiendo unos días de vacaciones y tiene algunos comportamientos que te molestan) . Una vez la hayas pensado, no hagas nada, no tomes ninguna decisión. Simplemente déjala ir, no te identifiques. Puedes irte a dar un paseo, salir a tomar el aire, escuchar música…cualquier cosa que te desapegue del juicio que estás haciendo de la situación. Durante una semana, cada vez que la situación se presente, sigue sin hacer nada, déjala pasar. Observa al pasar esos días, si se ha producido algún cambio por si solo. A veces los problemas no se resuelven, se disuelven.

Creo que conviene aquí y ahora recordar y de cara a algún momneto futuro la frase que ya comenté en el post sobre Si el mundo es un lugar justo: es necesario tener la Serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que si puedo cambiar y sabiduría para saber distinguirlas.

¿Cees que distingues cuando conviene actuar y cuándo no hacer nada?

pd. Esta serie de post están inspirados en la obra Sabiduría zen para la vida cotidiana de Brenda Shoshanna, siendo no obstante una interpretación libre del mismo.

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Mertxe Pasamontes

Vivir el momento – Zen

6 agosto, 2014 - 10:45 - Autor:

Sentir el momento

Voy a realizar una serie de entradas sobre diferentes modos de pasar un agosto Zen. Para empezar hay que hacerlo por lo más: vivir el momento, estar en el aquí y ahora. Es evidente que en nuestra cultura occidental tenemos tendencia a estar rememorando el pasado o planificando el futuro. Y también lo es que se nos ha dicho miles de veces que es importante estar en el aquí y ahora. El problema es que muchas veces no sabemos cómo hacerlo ya que no nos hemos entrenado para ello.

Vivir el momento presente es bastante más complejo de lo que parece pues nuestra mente ha de luchar contra su tendencia natural de ir de una idea a otra. Además, no todos pero una gran parte de los occidentales, somos bastante mentales. Cuando digo “mentales” me refiero a que evaluamos las cosas y vivimos nuestra vida más desde la mente que desde la emoción. No es fácil explicar la diferencia con palabras, porque precisamente la diferencia está en dejar de ponerle palabras a las experiencias y simplemente vivirlas. Pero incluso cuando estamos sintiendo, tenemos tendencia a irnos a la mente y ponerle adjetivos, intentar entender por qué sentimos precisamente eso, a veces tratar de cambiar lo que sentimos, etc… Incluso hay ocasiones que “pensamos las emociones”. Para saber si estás pensando una emoción o sintiéndola, tienes que observar tu cuerpo. Si en tu cuerpo no hay ninguna sensación, casi seguro que estás “pensando” la emoción. Es mucho más frecuente de lo que parece y no siempre es fácil darse cuenta de la diferencia.

Estar en el aquí y ahora de verdad es estar con lo que surja. Sin juzgarlo. Simplemente estar. Por eso, el período vacacional, en que lo normal es que se den más “buenos momentos” puede ser una buena ocasión para estar con lo que surja, ya que en un principio nos será más fácil conectar con esos buenos ratos, que con algo demasiado conocido y cotidiano. Te voy a dar dos pequeñas herramientas – ejercicios para que te sea más fácil hacerlo:

- Escoge al azar tres o cuatro momentos del día o si te resulta más fácil ponte una pequeña alarma en el móvil que te haga de recordatorio, para simplemente pararte y respirar. Date cuenta de qué estás haciendo, siente tu respiración y dirige tu atención hacia tu interior, intentando observar cuál es la sensación, sin cambiarla ni juzgarla.

- Cuando notes que estás sintiendo una emoción intensa negativa (estás molesto con un retraso en el aeropuerto, el camarero te ha traído un plato que no habías pedido, hay caravana para llegar a la playa, etc…) , párate, endereza la espalda, respira profundamente y déjate sentir esa emoción. Intenta darte cuenta de si ha habido algún pensamiento que  provoque esa emoción, respira y déjala ir.

Os transcribo un cuento que tal vez puede ayudaros a entender con más claridad los ejercicios:

De instante en instante

Era un yogui muy anciano. Ni siquiera él mismo recordaba sus años, pero había mantenido la consciencia clara como un diamante, aunque su rostro estaba apergaminado y su cuerpo se había tornado frágil como el de un pajarillo. Al despuntar el día se hallaba efectuando sus abluciones en las frescas aguas del río. Entonces llegaron hasta él algunos aspirantes espirituales y le preguntaron qué debían hacer para adiestrarse en la verdad. El anciano los miró con infinito amor y, tras unos segundos de silencio pleno, dijo:

–Yo me aplico del siguiente modo: Cuando como, como; cuando duermo, duermo; cuando hago mis abluciones, hago mis abluciones, y cuando muero, muero.

Y al concluir sus palabras, se murió, abandonando junto a la orilla del río su decrépito cuerpo.

Son unos ejercicios los que os he propuesto de apariencia simple, pero que te obligan a conectar de verdad con lo que está pasando en ese momento, te hacen pararte y mirar hacia tu interior. Porque al final, aquello que vives tiene que ver más con lo que está en tu interior, con lo que estás sintiendo, con lo que te estás diciendo a ti mismo, que no con lo que sucede afuera. Como dicen los maestros Zen: El Zen es la práctica de regresar a nosotros mismos.

¿Cuántas veces al día te paras a sentir el momento?

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Mertxe Pasamontes

Una docena de ideas para mejorar tu relación de pareja

30 julio, 2014 - 10:45 - Autor:

Amor

El amor es uno de  los sentimientos más intensos y satisfactorios que podemos sentir y ser felices en pareja es una de las aspiraciones que tiene la mayoría de la gente. Pero también puede convertirse en algo tormentoso y que nos haga sufrir mucho. Porque una cosa es estar enamorado y otra hacer funcionar una relación de pareja. Para que una relación funcione hay que llegar a un compromiso, a acuerdos y aceptar ciertas renuncias. Porque si no hacemos eso, se acaba en una terapia matrimonial, o terapia de pareja, como la llamamos ahora. O separados.

Y ahora que vienen las vacaciones quizás es un buen momento para en lugar de ahondar en las diferencias (como les sucede a muchas parejas) tratar de profundizar en aquellos que os une.

1. Escúchalo/a sin interrupciones

Una de las manías que tenemos la mayoría de los humanos es interrumpir a los demás cuando hablan. Y eso incluye a nuestra pareja. Y lo cierto es que cuando nos interrumpen no nos sentimos escuchados. Aprender a escuchar con empatía y atención facilita la expresión emocional de la otra persona y evita muchos conflictos. Y nos da tiempo para meditar bien nuestra respuesta.

2. Tratad de alinear los valores

En muchos casos las personas además de por el aspecto físico o la “química” se sienten atraídas por tener valores en común. Pero cuando no está claro que esto haya sucedido es un buen ejercicio poner los valores de cada uno sobre la mesa y la importancia que le damos a cada uno de esos valores. Y ver cómo con esos datos podéis buscar puntos de encuentro que os ayuden a estar más alineados.

3. No te olvides de decirle que le quieres

Hay personas muy cariñosas y expresivas pero otras que lo son poco. Y más cuando pasa la emoción de los primeros tiempos. Pero no basta con que la otra persona suponga que la queires, hay que verbalizarlo tan a menudo como sea necesario. ¿Que tal una vez al día?

4. Trata de aparcar el ego cuando discutas

Las discusiones de pareja pueden convertirse en una batalla campal. Hay mucha implicación emocional en ellas y eso hace que salten chispas. Y a veces, hay que enfadarse para arreglar algo que no marcha bien. Pero si eso sucede con cierta frecuencia, tienes un problema porque se irá desgastando la relación. Y una de las razones es que se está discutiendo desde el ego, tratando de ganar y tener razón. No te olvides nunca de que la persona que tienes delante es una de las que más quieres del mundo. Y por eso merece la pena aparcar el ego.

5. No te vayas a dormir enfadado

Siguiendo lo dicho en el punto anterior, trata de no eternizar las discusiones. En ocasiones es bueno darse un espacio para relajarse un poco y poder hablar con calma, pero dejar las cosas ahí para que se arreglen solas no suele dar buen resultado. E irse a dormir enfadado crea bastante malestar. Aparca el ego y dale un abrazo. Es más lo que os une que lo que os separa.

6. No le critiques delante de otras personas

El respeto es la piedra angular de una buena relación. Y una muestra de respeto es no hablar mal o ridiculizar a tu pareja delante de otros. Y menos humillarla. Las personas somos sensibles (unos más y otros menos) a las opiniones de los demás y sentirnos criticados delante de otros nos puede hacer sentir muy mal. Vigila tus comentarios y si los haces pregúntate qué persigues con eso, ¿tal vez sentirte superior?.

7. Mantén el interés sexual

De tan obvio que es no habría ni que mencionarlo, pero la realidad es muy resistente a lo obvio. Muchas parejas conforme pasa el tiempo van perdiendo el interés sexual y acaban convirtiendo las relaciones sexuales en algo esporádico y sin muchas ganas. No entres en esa conducta pues puede ser el principio del fin. Mantén la llama viva.

8. Haced juntos planes de futuro

Una de las características de una pareja que funciona bien es que tiene planes de futuro juntos. Sentir que se camina juntos en alguna dirección une. Y mucho.

9. Tratar de encontrar una afición para compartir

En línea con lo anterior, compartir una afición o proyecto también une. Proporciona intereses en común, temas e  ilusiones que compartir. No es que no pueda cada miembro de la pareja tener sus propios intereses y aficiones, es que por lo menos se coincida en una.

10. Cuídale si está enfermo

Acompañar a tu pareja al médico cuando hay algo importante o que le preocupe, cuidarle si se encuentra mal o enferma. Es otra de esas obviedades que no tendríamos ni que decir, pero que lamentablemente a a veces no sucede. Y eso deja una huella negativa porque cuando nos sentimos mal solemos sentirnos también vulnerables y nos duele que nuestra pareja no nos cuide.

11. Ten una cita como si fuera la primera vez

No es que tengas que hacer ver que no te conoces o disfrazarte, sino que mantengas esa mirada de descubrimiento hacia el otro que te haga reenamorarte. No des por hecho que lo sabes todo de la otra persona y que ya no hay nada que descubrir. No le mires de manera rutinaria o la rutina se colará en vuestra relación.

12. Ten detalles románticos de vez en cuando

Aquí podría poner muchos ejemplos pero creo que cada uno los ha de descubrir por sí mismo: las flores, una cena, un regalo-detalle, una carta de amor, hacerle su plato favorito, etc… No te sientas cursi ni almibarado por hacer ese tipo de cosas. Los detalles te sacan de la rutina y te devuelven la ilusión de los primeros tiempos.

Si crees que tienes ya demasiados problemas para hacer estas cosas acude a terapia de pareja antes de que sea demasiado tarde. Pero si ese no es el caso, ya ves que hay muchas cosas que puedes hacer para mejorar y consolidar tu relación de pareja. Y no dejar que caiga en una rutina que acabe aniquilando la relación. Así que ponte manos a la obra y lleva tu relación a un estadio superior. No te arrepentirás, de eso estoy segura.

¿Cuáles de estas ideas aplicas?

Mertxe Pasamontes

Una docena de modos en que nos manipulan para que estemos insatisfechos

23 julio, 2014 - 10:45 - Autor:

Podemos tratar de olvidar o ignorar que vivimos en una sociedad de consumo en la que estamos constantemente asediados por impactos publicitarios de todo tipo. Pero eso no evita ni esos impactos, ni su efecto sobre nosotros. La única manera de ser mínimamente conscientes de cómo nos manipulan es conocer los mecanismos psicológicos que subyacen a muchas de las técnicas utilizadas para conseguir que compremos, sea un producto o un servicio o una idea. De ese modo nos convertimos en personas menos manipulables y por ende, más libres. Y podemos tratar de vivir, no al margen del sistema, pues eso es casi imposible y por otro lado bastante inútil, pero sí un poco menos acogotados por éste. Porque el objetivo, a pesar de lo que diga el marketing de cualquier tipo, no es que te sientas satisfecho, sino que nunca lo estés del todo. Pues la única manera de que sigas siendo manipulable y sigas en la rueda, es que no acabes de sentirte satisfecho del todo. Y espero no ganarme muchos enemigos del mundo del marketing, porque esto que explico va mucho más allá de eso.

 

1. Hacerte creer que la felicidad está en el tener

Quizás con este punto sería suficiente y no sería necesario escribir el resto de la lista. Pero lo haremos para ser más conscientes de los subterfugios utilizados tanto por las empresas, como por las marcas, los gobiernos e incluso algunos profesionales. Porque la primera mentira que nos han vendido y que siguen vendiéndonos en sesión continua es que la felicidad está en tener cosas, en adquirir bienes de consumo. Cuando en realidad sabemos que la felicidad está más en ser que en tener y en cosas totalmente intangibles.

2. Hacerte desear lo imposible

Ser el más guapo, el más delgado, el más exitoso, el que más amigos tiene, etc… En ese hacerte creer que puedes ser más y más se consigue que nunca alcances el objetivo y por tanto te quedes eternamente insatisfecho.

3. Que te creas que los demás sí lo tienen

Una de las sutilezas del marketing relacionada con el punto anterior, es que te creas que eso que tú no consigues los demás sí lo hacen. Y así comprarás el producto o servicio pertinente para conseguirlo. Y como no lo lograrás, volvemos de nuevo a la incomodidad de sentirte menos y diferente.

4. Fomentarte el deseo de pertenencia

Todos en mayor o menor medida nos sentimos más identificados con unos grupos sociales que con otros. Esta identificación puede ser por clase social, lugar de nacimiento, intereses, etc…El truco es fácil, se identifica el grupo, sus características principales y se “empaqueta” de algún modo. Si quieres sentirte que formas parte tendrás que pensar, actuar, vestir, comer de ese modo. Y como somos gregarios por naturaleza trataremos de parecernos a los miembros de ese grupo. Comprando lo que haga falta para lograrlo.

5. Convencerte de lo que es importante

Esto que parece tan complicado es de lo más sencillito que hay. Sólo tienes que machacar en los medios de comunicación con un tema determinado y dejar que las redes sociales expandan el tema en una especie de onda expansiva de enorme alcance.En breve todo el mundo estará hablando de lo mismo como si eso fuera lo más importante del mundo. Y si tratas de discrepar con el hecho de que ese tema sea tan importante, te acusarán de aguafiestas, de rarito, de intelectual o directamente no te harán ni caso.

6. Venderte productos incompletos

La mayoría de las marcas podrían venderte sus productos por el mismo precio que lo hacen y además “completos”. Pero entonces te sentirías súper satisfecho con el producto y no tendrías necesidad de cambiarlo por mucho tiempo. Por tanto es mejor venderte cualquier producto de modo que siempre le falte algo o hacerlo a un precio muy caro. Así o gastas mucho o te quedarás como con la sensación de que le falta algo (porque de hecho le falta) y tendrás tentaciones de volver a comprar en breve.

7. Hacerte sentir pasado de moda

En línea con el punto anterior, si por una casualidad de la vida el producto estuviera completo, en breve saldrá otro “más completo” o “más a la moda” y volverás a sentir que lo tuyo ya no sirve o ya no te llena del mismo modo. Y de nuevo tendrás que pasar por caja. Siempre hay que pasar por caja.

8. Que te creas que si no lo tienes/consigues es porque no quieres

Una de las mayores zanahorias que nos han colgado delante de las narices, proveniente de la concepción de vida americana, es que nos creamos que todos podemos conseguir todo. Que cualquiera puede llegar a “presidente” si se lo propone. Y esa es una de las mayores falacias que existen. Porque además de nosotros (en donde ya hay limitaciones) existen las situaciones y condicionamientos externos y no siempre es posible superar ciertas barreras. Por mucho que cientos de libros de autoayuda se empeñen en lo contrario.

9. Que te sientas culpable

En línea con el punto anterior y para rizar el rizo, se trata de que no sólo te sientas insatisfecho sino además culpable. Que realmente creas que es tu falta de voluntad, tu vagancia o tu poca perseverancia lo que te impide conseguir eso que querías. De ese modo no te planteas que vivimos en una sociedad desigual, clasista, repleta de enchufismo, con oportunidades dispares para unos y otros, etc… No, esos no son los motivos. El motivo de que no llegues a “lo que sea” es que no eres perseverante y no tienes voluntad.

10. Decirte quién son los modelos a imitar

Actores, cantantes, deportistas, triunfadores de diferentes sectores, etc… Ellos son los modelos a imitar, el espejo en donde hemos de mirarnos y a quien tenemos que tratar de imitar. Porque además todos ellos están trufados de marcas que tendremos que comprar para parecernos a esos ideales a seguir. Porque claro, si imitáramos a maestros, científicos, médicos, tal vez no tendríamos que comprar muchas cosas. Y eso no sería negocio. 

11. Decirte quién son los héroes a imitar

En la misma línea que en el punto anterior, los medios deciden quién son los héroes de nuestra sociedad: el futbolista que marca un gol decisivo, el atleta que corre un ultraman, el joven que triunfa con su primera empresa (si es que realmente lo hace), etc…De nuevo modelos inalcanzables para la mayoría y a los que sólo nos podemos acercar comprando la camiseta del futbolista en cuestión. O el equivalente en los otros casos. Porque los héroes cotidianos no venden en los medios ya que no generan negocio.

12. Comercializarlo todo. Absolutamente todo.

Da igual lo que hagas, a lo que te dediques. Alguien saldrá que lo comercializará. He sido psicóloga por más de 20 años. Ser psicólogo era algo vocacional, con lo que se podía aspirar a vivir dignamente, salvo algunas “figuras” que despuntaban mucho por salir en medios de comunicación y que podían “forrarse”. Entonces llegó el coaching, bajaron las barreras de entrada al mundo de “la mente y la ayuda” y se montó el negocio. Porque sí, hay coachs vocacionales. Pero también hay muchos que han visto en esto una manera sencilla de ganarse la vida bastante bien vendiendo humo. Y es sólo un ejemplo que pongo por cercano, pero lo mismo pasa en casi todos los sectores.

Todo está mercantilizado. No quiero hacer una condena del marketing, hay gente honesta trabajando en eso e incluso conozco a algunos personalmente. Pero no podemos olvidar que el marketing (que se aplica a todo, no sólo a las ventas de productos y servicios) tiene por objetivo venderte algo. Sí, a veces puede tener la intención de satisfacer una necesidad que tienes. Pero como ya hemos visto hay muchos casos en que esa necesidad no queda realmente satisfecha por lo que el objetivo real está más cerca de “crearte” nuevas necesidades para la venta recurrente que en satisfacer las que tienes. Y así entramos en un círculo vicioso sin fin. Como ya dije en la introducción no podemos quedarnos al margen del sistema y tampoco pasa nada por dejarnos llevar en algunos momentos y satisfacer algunos caprichos. Mi única intención es que seas más consciente y con ello un poco más libre para elegir lo que realmente tú quieres. Que simplifiques tu vida, te desaceleres, no seas tan consumista y te preocupes de lo que verdaderamente importa.

¿Con cuantas de estas “insatisfacciones” te sientes identificado?

Desconectar en vacaciones: claves para hacerlo

16 julio, 2014 - 10:45 - Autor:

Cerniat, Suiza

Llega ese momento del año en que tenemos que hablar de nuevo de desconectar en vacaciones. Y tenemos que hacerlo porque aunque parezca que lo natural y obvio es desconectar en vacaciones muchas personas no lo hacen. Y más ahora en que la conexión a Internet nos permite estar conectados prácticamente desde cualquier lugar. Gracias a las interesantes preguntas que me formuló Eduard Palomares, periodista de El Periódico, me vino la inspiración para explicaros estas claves de desconexión. Aquí, en el suplemento Exclusive del Periódico (pág 30), podéis encontrar las conclusiones que él saca de nuestra charla y su propio enfoque del tema.

Hemos de pensar que en los momentos de crisis que estamos viviendo,  en muchas empresas y lugares de trabajo se produce una sobrecarga de responsabilidad y de volumen de tareas sobre los trabajadores. Eso provoca que aunque se quiera delegar no se “pueda”,  ya que hay el temor de que nadie podrá asumir esas responsabilidades en la ausencia de la persona. Lo mismo ocurre con los autónomos o pequeños empresarios, que muchas veces la única opción viable es cerrar su actividad por vacaciones ya que no existe nadie que se pueda quedar al cargo. Y luego están las personas que pudiendo delegar no lo hacen, porque les crea inseguridad hacerlo. Porque les parece que nadie hará las cosas tan bien como ellos.

Así que sea cual sea nuestra situación vamos a ver algunas claves para desconectar en vacaciones. Porque lo primero que hemos de valorar es si queremos tener unos días al año de desconexión y si es así, habrá que encontrar el modo de hacerlo. Vamos pues con las claves:

- Antes de irte

1. Ir cerrando temas, tanto de facto como internamente.

2. Asumir que hay cosas que no podrán hacerse antes de vacaciones

3. Delegar lo que sea posible delegar

4. Dejar responsables si los hay

- Desconectar del todo o mantener el contacto

1. Hay que ser muy sincero con uno mismo y ver el grado de enganche que tenemos al trabajo y redes sociales. Porque no sólo el trabajo nos engancha, también lo hacen la redes sociales.

2. También hemos de valorar el tipo de trabajo que tenemos y qué desconexión real nos permite. Si es posible, ha de ser total. Y si no lo es,  ver cómo podemos limitar el estar conectados (poner horarios por ejemplo) y su repercusión en nosotros.

3. Mantener un cierto grado de conexión sólo si no genera preocupación. Si cada vez que consultas un mail te quedas una hora dándole vueltas al tema, mejor no hacerlo. Si lo tienes que hacer pro obligación, negociar una compensación por ello.

4. Si eres autónomo sería lo mismo, con la diferencia que tú si puedes decidir cerrar por unos días. Y emplazar a tus posibles clientes a tu vuelta.

- Durante las vacaciones

1. Ante todo descansar y cambiar de aires si es posible

2. Puedes tratar de introducir un nuevo hábito saludable o realizar un aprendizaje siempre y cuando eso no te cree sobrecarga

3.  Recuerda que por muchas cosas que quieras hacer el tiempo es limitado. No te satures más de la cuenta porque si no volverás más cansado de lo que te fuiste.

4. Sobre todo, trata de vivir el momento, de disfrutar de los días que tienes para cambiar el ritmo y no pretender que todo sea como tu quisieras. Te ahorrarás disgustos si no te peleas con la realidad.

- Semana de vuelta

1. Ir paso a paso. Parece obvio, pero hay que entender que no nos podemos poner al día en unas horas.

2.No sobrecargarse de trabajo los primeros días

3. Mantener alguna actividad de ocio fuera del trabajo todo el tiempo que sea posible

 

Recuerda que para desconectar de verdad se necesita de una a dos semanas. En menos tiempo el cuerpo no se entera  del cambio de ritmo y por tanto la desconexión es parcial.  Lo esencial es darse unas vacaciones de uno mismo, de tus rutinas, de tus hábitos y costumbres, de tus patrones de pensamiento más habituales. Es darte la oportunidad de tener nuevas experiencias y con ello tener nuevos aprendizajes. Es poder ensayar comportamientos diferentes,  nuevas actividades, nuevas actitudes. Es que conectes de nuevo con el anhelo de vivir.

 

Te dejo algunos post más con ideas que te pueden interesar para las vacaciones:

Vacaciones mentales

7 ideas para pasar las vacaciones en compañía y disfrutarlas

Tómate unas vacaciones mentales (con 5 pautas para hacerlo!)

¿Desconectas en vacaciones?

Mertxe Pasamontes

Mertxe Pasamontes, psicóloga

Licenciada en Psicología (Universidad de Barcelona) con reconocimiento de la especialidad clínica y acreditación Europea de Experta en psicoterapia (EuroPsy). Licenciada en Humanidades (UOC).
Mertxe Pasamontes
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- Twitter: @mertxe
Con los años he completado la formación académica con un Posgrado en Trastornos mentales (Universidad de León) y la no académica siguiendo el proceso completo que me capacita como Trainer – Master en PNL y Máster en PNL y Coaching (Institut Gestalt). He realizado también un máster en Hipnosis Eriksoniana y uno de Coaching Generativo con Robert Dilts y Stephen Gilligan. Máster en Análisis Transaccional (IAT) y un curso completo de Técnico en Recursos Humanos (COPC). Formada en el método Eagala de psicoterapia y coaching asistido por caballos. Así como 11.000 horas de psicoterapeuta y coach y como Formadora y Conferenciante motivacional.

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