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¿Quieres de verdad una vida feliz?

22 octubre, 2014 - 10:32 - Autor:

Vida feliz

Muchas personas dicen querer una vida feliz pero no son tantas las que están dispuestas a trabajar en ello para conseguirlo. Es posible que seas uno de esos afortunados que todo lo han tenido fácil desde siempre, a los que la vida les ha sonreído y puede que además a nivel interno te sientas bien. Hay personas así aunque no lo creas. Pero la realidad suele ser a  menudo menos  idílica que eso y la vida feliz no suele llegar de un modo tan sencillo.

Entonces llegamos a eso tan denostado y devaluado en nuestra cultura: el esfuerzo. Porqué tener una vida feliz requiere esfuerzo. Y no cualquier esfuerzo, sino el adecuado y en la dirección correcta. No se trata de dar palos de ciego, sino de trabajar ( mejor guiados) en nuestro interior para de verdad conocernos. Y con ese conocimiento poder tomar las decisiones adecuadas, las que nos conectan con nosotros mismos. Y así podemos tomar decisiones en sintonía con quien de verdad somos y salirnos del guión de vida que nos han marcado.

Pero antes de continuar me gustaría que leyeras esta pequeña historia:

Érase una vez un hombre que buscaba la verdad.

Un buen día llegó a un lugar en donde ardía una innumerable cantidad de velas de aceite. Éstas se concentraban cuidadas por un anciano que, ante la curiosidad de este individuo respondió que ése era el lugar de la verdad absoluta.

Aquel le preguntó que significaban sus palabras, a lo cual respondió que cada vela reflejaba la vida de cada individuo sobre la tierra: “a medida que se consume el aceite, menos tiempo de vida le queda.”

El hombre le preguntó si le podía indicar cuál era la de él.

Al descubrir que la llama estaba flaqueando, a punto de extinguirse, aprovechó un instante de distracción del anciano y tomó la vela de al lado para verter un poco de ésta en la suya.
Cuando estaba a punto de alzar la vela, su mano fue detenida por el anciano diciendo: “creí que buscabas la verdad.”

Como el hombre del cuento muchas veces decimos querer conocernos, pero no es cierto. Lo que queremos es que alguien nos consuele, o nos de la razón o no proporcione una receta fácil para el cambio. De ahí que triunfen las recetas del éxito o el cambio en diez pasos, de manera sencilla y sin esforzarse. O el hacerse rico teniendo una mente millonaria. Pequeñas golosinas que no alimentan pero engordan. Engordan a nuestro ego que se cree que está haciendo algo pero sólo se está comiendo una chuchería. Nada más.

Conocerse requiere de motivación y coraje. Motivación para no desfallecer y mantenernos en el camino y coraje para reconocer esas partes de nosotros mismos que nos nos agradan, pero que también forman parte de quienes somos. Hay que tener valor para darse cuenta de que algunas de las cosas que nos suceden son totalmente responsabilidad nuestra, de nuestras actitudes y conductas. Y otras no. Saber diferenciarlas es una de las claves de la existencia. Saber en qué podemos influir y en qué no. Y actuar en consecuencia.

Y ser capaz de mirar de frente los cambios que necesitamos hacer y hacerlos. Aunque choquen con algunas de las cosas que creíamos ser. Aunque nos lleven a lugares que no habíamos planificado, a una profesión diferente, a otros amigos, a una vida distinta. A deshacernos de cosas que nos habían parecido importantes en el pasado. A renacer a un nuevo yo y a una nueva realidad. A ser por fin quién de verdad somos. Y cuando eso sucede, ya no hay que buscar más la felicidad ya que emerge de manera natural y espontánea. Has llegado a casa.

Y si no sabes cómo hacerlo, recuerda que aquí estoy para ayudarte en ese camino.

¿Quieres una vida feliz? ¿estás dispuesto a conocerte?

Mertxe Pasamontes

Cómo convertirse en un experto

15 octubre, 2014 - 10:45 - Autor:

Ser un experto

Convertirse en un experto en algo es uno de los mantras de nuestra sociedad actual. A pesar de que estamos en el reinado del amateurismo, en gran parte por las facilidades que ha dado Internet para presentarse al mundo, lo que se supone que está valorado es ser un experto. No voy a entrar en los vendedores de humo que se hacen pasar por expertos sin serlo, pues sería tema de otro post. Me voy a centrar en cómo de verdad convertirse en un experto.

Hace bastante tiempo publiqué un post titulado 10.000 horas de práctica en el que comentaba que a raíz de  investigaciones como la realizada por Malcom Gladwell autor del libro Fueras de serie: porque unas personas tienen éxito y otras no se había cifrado en 10.000 horasel tiempo que necesitabas para dominar una materia o habilidad concreta. Gladwell había estudiado casos famosos de éxito (desde los Beatles a Bill Gates) y calculaba que para llegar a la maestría en cualquier área de tu vida debías tener una práctica de unas 10.000 horas. Si haces cálculos suponen unas 20 horas de práctica a la semana durante 10 años (de lunes a viernes, con un mes de vacaciones) o 3 horas diarias todos los días. .

Pero recientes investigaciones, como las citadas por Daniel Goleman en su libro Focus, han añadido algo de complejidad a esta cifra. Goleman dice:

La cosa no se limita, pues, a las horas de ejercicio, sino que también son importantes el feedback y la concentración. Mejorar una habilidad requiere de la participación de un foco descendente. La neuroplasticidad, el fortalecimiento de los circuitos cerebrales más antiguos y el establecimiento de nuevas conexiones para ejercitar la habilidad que estemos practicando, requiere atención. Cuando, por el contrario, la práctica discurre mientras nos ocupamos de otra cosa, nuestro cerebro no reconstruye los circuitos relevantes para esa rutina concreta.

La ensoñación cotidiana arruina la práctica. Poco mejora el desempeño de quienes pasan, mientras se ejercitan, de una cosa a otra. La atención plena parece alentar la velocidad de procesamiento mental, fortalecer las conexiones sinápticas y establecer o expandir redes neuronales ligadas a lo que estamos ejercitando.

Dicho en palabras más llanas, no sólo se trata de repetir y repetir algo para aprenderlo, sino que hemos de ir mejorando esa práctica. Ya he comentado alguna vez que monto a caballo y estoy aprendiendo Doma Clásica. Para aprender a hacerlo correctamente no basta con montar, hay además que tener un profesor pendiente de ti cuando lo haces, que te señale los fallos y te ayude a mejorar tu ejecución. Si no te hacen esas correcciones corres el riesgo de repetir una y otra vez los mismos fallos sin avanzar demasiado. No es que no vayas a aprender nada pro ti mismo pero te faltará el nivel de corrección necesario para ser un experto.

Y además has de hacerlo con atención plena. A partir de unas 50 horas de práctica, las rutinas empiezan a automatizarse. El cerebro es un gran creador de patrones y tiende a automatizar rápidamente como un modo de ahorrar energía. Si mientras realizas la actividad (sea física o psíquica) están pensando en cualquier otra cosa, a tu cerebro le resultará muy difícil salirse de esos progarmas automáticos que ya habrá empezado a establecer. Has de estar pendiente totalmente de lo que estás haciendo.

Y es más, una vez aprendido y alcanzado el nivel, tienes que seguir mejorando. Y para ello has de poder prestar de nuevo atención consciente y contar con feedback Así tus circuitos descendientes, los que parte del córtex hacia los centros inferiores (y hacia los patrones automáticos) podrás seguir incidiendo en la mejora.

Esto no quiere decir que no podamos ejecutar la actividad de modo fluido y dejando que surja lo que ya hemos conseguido automatizar, pero la atención ha de estar focalizada en los momentos clave. Así pues, hay tres claves para convertirse en un experto:

- Practicar y repetir

- Tener feedback de alguien experto en el tema en cuestión

- Poner atención plena en el proceso de aprendizaje y mejora

Es obvio que habrá otros aspectos en juego: motivación, ocasión, capacidades, etc… Pero la metodología cuando se dan las condiciones es la que hemos explicado. Si las condiciones no se dan, habría que explorar otras cuestiones para saber porqué falla la motivación o  porqué se está empeñando alguien en hacer algo para lo no está especialmente dotado.

¿Hay algo en lo que te consideres experto? ¿qué metodología seguiste para conseguirlo? 

Mertxe Pasamontes

10 beneficios de la terapia psicológica

8 octubre, 2014 - 10:45 - Autor:

Dado que soy psicóloga y me dedico a la terapia psicológica me gustaría destacar los beneficios que puedes obtener de la misma. Primero voy a definir de manera breve que hace un psicólogo. Un profesional de la psicología es alguien que ha hecho una formación teórica y práctica y que tiene conocimientos del comportamiento humano, de sus “perturbaciones” y sobre todo, tiene las herramientas para encarar los problemas, bloqueos dificultades que el cliente trae a la sesión de terapia psicológica del mejor modo posible. Toda la atención de la sesión se concentra en el cliente y en ayudarle a encontrar la mejor manera de resolver sus dificultades. No se trata de dar consejos, sino de ayudar al otro a ver qué le sucede, cómo hace para que le sucedan las cosas y cuál puede ser el mejor modo de cambiar lo que sea necesario cambiar.

¿Cuáles son  los beneficios?

- Contar con un asesoramiento profesional, basado en un estudio amplio de la conducta humana (avalado por una enseñanza universitaria reglada) y evidencias científicas. Y en la experiencia que la trayectoria laboral del profesional le haya podido aportar. No es hablar por hablar, hay una sólida base detrás, tanto teórica como práctica.

- Contar con un procedimiento, la terapia psicológica, que ha mostrado su eficacia más allá del placebo y que se equipara en eficacia a la medicación para diversas patologías, sin sus efectos secundarios. En este post podéis encontrar los datos que avalan esta afirmación de manera ampliada si os interesa leerlo.

- Poder explicar tus problemas a una persona que no está implicada emocionalmente (como lo estaría un familiar o un amigo) y por tanto puede tener un grado de objetividad mayor para evaluar la situación. No es que el psicólogo no “sienta nada”, sino que no tiene el nivel de implicación de las personas cercanas.

- Tener un apoyo emocional, sin juicios de valor, en momentos difíciles o de cambio para ayudarte a resolverlos o superarlos. El psicólogo no te juzga, esa no es su tarea. Está para comprenderte y ayudarte a que te comprendas a ti mismo. Y a partir de ahí puedas hacer los cambios que estimes oportunos.

- Tener a alguien que te mira desde fuera y por lo tanto ve cosas de ti mismo que tú no ves. Como ya expliqué en otro post acerca de la Ventana de Johari, hay partes de nosotros mismos que los demás pueden ver pero nosotros mismos no. Esa mirada objetiva externa nos ayuda a conocernos mejor y a calibrar también el impacto que tenemos en los demás.

-  Contar con un profesional que te puede ayudar a mirar hacia dentro y descubrir partes de ti mismo que desconocías, que eran ignoradas tanto por ti mismo como por lo que te rodean. Siguiendo con lo dicho en el punto anterior, también existen partes de nosotros mismos que no vemos ni nosotros ni los que nos rodean. Una mirada experta te puede ayudar a descubrir esas motivaciones más profundas y poder por tanto obrar en mayor consonancia contigo mismo.

- Resolver los problemas o hacer los cambio más rápidamente. Uno de los problemas más frecuentes es bloquearse, quedarse anclado en una situación y no saber cómo salir de ella. La terapia psicológica es una buena ayuda para desbloquear esas situaciones y buscar alternativas para avanzar.

- Ayudarte a encontrar tu verdadero camino. Todo este proceso de autoconocimiento que logramos en la terapia psicológica favorece el hecho de saber qué es lo que realmente queremos y por tanto poder poner los medios para lograrlo. Conseguimos tener una vida más congruente con nosotros mismos.

- Tener cerca una voz sincera que te dirá lo necesario e imprescindible, aunque no te guste oírlo. Una de las cosas más difíciles de gestionar es decirle a los demás cosas que no quieren escuchar o que les resultan dolorosas. Se supone que es algo que los buenos amigos deberían hacer, pero todos sabemos que muchas veces no lo hacemos por miedo a dañar al otro o a tener un conflicto. El psicólogo puede hacerlo porque de algún modo, al entrar en terapia y abrirte  hacia él, le has dado permiso para decirte la verdad. Toda la verdad. Aunque duela. Y porque al no estar directamente implicado, sabes que te da su opinión más sincera. Está en una posición privilegiada para poder ejercer ese rol de Pepito Grillo.

- Tener la certeza de que todo lo que explicas es confidencial. Puede parecer baladí, pero teniendo en cuenta la de veces que explicas algo que acaba convirtiéndose en un secreto a voces, tener la seguridad de que lo que estás contando quedará entre tú y el profesional, es una gran seguridad.

Espero que estos beneficios te hayan ayudado a tener mejor iinformación de qué puedes esperar de una terapia psicológica y así decidir si quieres hacer una.

¿Has hecho alguna vez un proceso terapéutico?

Mertxe Pasamontes

¿Tienes adicción al trabajo?

1 octubre, 2014 - 10:45 - Autor:

Trabajo duro

En nuestra sociedad la adicción al trabajo es algo más extendido de lo que podamos suponer. Es algo sobre lo que he hablado en otras ocasiones pero creo que de vez en cuando hay que seguir incidiendo en ello. Además es un hecho que es tan importante socialmente tener un trabajo, que podemos acabar metidos en un círculo vicioso casi sin darnos cuenta. Un reciente estudio de la Universidad de Bergen, en Noruega, encontró que un 8,3 % de los noruegos cumplirían con los criterios de adicción al trabajo. Y estoy segura que esos índices aumentarían en países como EEUU en que el trabajo es visto como un medio de progresión social.

La adicción al trabajo se define como la implicación excesiva y progresiva de la persona en su actividad laboral, sin control ni límite, y abandono de actividades que antes realizaba. Este exceso de implicación no se explica por necesidades laborales objetivas, sino por necesidad psicológica de la persona afectada. Comprende a aquellos trabajadores que, de forma gradual, pierden estabilidad emocional y se convierten en adictos al control y al poder, en un intento por lograr el éxito.

Lo primero que tenemos que saber son los criterios para diagnosticar una adicción al trabajo. Seguiremos los utilizados por los investigadores noruegos, por su claridad:

1. Piensas en cómo podrías lograr tener más tiempo para dedicarlo al trabajo.

2. Pasas más tiempo trabajando del que inicialmente te habías propuesto.

3. Trabajas para reducir los síntomas de ansiedad, culpa o depresión (de eso se puede no ser consciente).

4. Otras personas cercanas te han dicho que deberías trabajar menos pero no les has hecho caso.

5. Te pones nervioso si no puedes trabajar (por enfermedad, por una huelga, después de unos días de vacaciones, etc…).

6. Dejas de lado hobbies, actividades de tiempo libre e incluso hacer deporte por estar trabajando.

Si contestas a menudo o siempre a cuatro o más de estas cuestiones, podrías tener un problema de adicción al trabajo.

También se ha visto en el estudio que hay tres rasgos de personalidad que te hacen más propenso a caer en esta adicción:

- Complacencia. Personas que tienden a querer agradar a los demás, altruistas, modestas, cumplidas.

- Neuroticismo. Personas con tendencia a la ansiedad, a sobrepreocuparse, a estar muy pendientes de sus propias actuaciones.

- Intelectuales/imaginativas. Orientadas a la acción, abiertas a lo nuevo, a adquirir nuevos conocimientos, etc…

- Otros estudios han asociado la adicción al trabajo con la Personalidad Tipo A.

Y ser adicto al trabajo conlleva además de lo dicho, un repertorio de síntomas diversos tanto cognitivos (preocupación constante, ansiedad depresión,etc..) , como fisiológicos (insomnio, estrés, hipertensión…) y comportamentales (los arriba citados) que te hacen sentirte mal y ser infeliz. Porque el adicto al trabajo en algún momento acaba descubriendo que en realidad no es feliz. Ni siquiera cuando alcanza el “éxito profesional”.

Lo que más veces nos han contado, es que realizarse a través del trabajo es una de las mejores maneras para alcanzar la realización personal. Si a eso sumamos la necesidad de reconocimiento, la fiebre por ser “exitoso” que nos inunda en estos tiempos y la necesidad que tenemos de ganar dinero, tenemos los ingredientes necesarios para caer en la adicción. O sin llegar a ese extremo, en conductas poco saludables con respecto al trabajo.

Por todo ello, una de las primeras cosas a realizar si sospechas que pasas demasiado tiempo trabajando es aprender a equilibrar trabajo y descanso, como ya explique en este post. Y aprender también a tener tiempo de tener tiempo. A disfrutar de las horas sin hacer nada “productivo”. Aprende a bajar el ritmo. Y a respetar tus ritmos vitales. A dejar de lado la persecución del éxito , ese concepto tan inculcado, que genera libros de ventas millonarias y carreras desenfrenadas hacia ninguna parte. Piensa en lo que realmente te hace feliz a ti, y no en lo que te han contado que deberías ser o hacer. Tal vez no coincida con lo que la sociedad te ha inculcado, pero no te olvides que se trata de tu vida y no de la de otros. Lograrlo te inundará de sosiego y bienestar. Y si no eres capaz de hacerlo, pide ayuda.

¿Crees que trabajas demasiadas horas?

 

Mertxe Pasamonets

Estar en foco

24 septiembre, 2014 - 10:45 - Autor:

Estar en foco

Una de la habilidades más importantes para la vida cotidiana, pero que sin embargo solemos subestimar es estar en foco. Estar en foco es la puerta de entrada a estar en flujo. Y es desde los estados de flujo cuando podemos de verdad estar tan inmersos en una tarea que  rindamos al máximo con el mínimo esfuerzo. Y disfrutando intensamente de ello.

El problema es que para lograr estar en foco debemos entrenar nuestra atención. Y la sociedad actual nos empuja justamente a lo contrario, a estar dispersos. Recibimos miles de impactos informativos cada día. Y también estímulos emocionales. Tenemos multitud de maneras diferentes de distraernos, sobre todo con las múltiples pantallas que nos rodean. Y nuestro cerebro debe lidiar con todo ello y su impacto a nivel interno. Con una dificultad añadida: nuestro cerebro sólo es capaz de prestar atención consciente a una sola cosa a la vez.

Ya hemos comentado alguna vez que la multitarea es un mito. Lo que hace el cerebro es pasar rápidamente de una tarea a otra creando una falsa sensación de trabajar en paralelo, cuando realmente lo está haciendo de manera secuencial. En cada cambio de tarea se produce una pérdida de atención que luego obliga al cerebro a realizar un esfuerzo para centrarse en la siguiente tarea. Eso provoca un menor rendimiento, más cansancio y más errores. Y posiblemente que el cómputo de tiempo total sea mayor que si hubiéramos hecho las tareas por separado.

Y estar en foco es importante, pues como dijo Yoda: «Ten muy presente que tu enfoque determina tu realidad». En lo que nos centramos y cómo lo hacemos es lo que determina nuestros resultados. Y nuestra vivencia interior. Hemos de pensar además que luchamos con un cerebro de millones de años de evolución que no es el mejor equipamiento posible para la sociedad actual. Nuestro cerebro tiene muchas vías ascendentes, de los sistemas reptilianos y límbicos hacia el córtex y unas pocas vías descendentes. Eso es así por esos años de evolución que nos preceden. Nuestro cerebro está preparado para maximizar la posibilidad de supervivencia y de reproducirnos. Y para ello usa esos “centros inferiores” para tomar decisiones rápidas. Si embargo, en comparación, el córtex es un recién llegado. Nos proporciona las cualidades que nos hacen humanos: la autoconciencia, la reflexión, la deliberación y la planificación.

Cuando intentamos concentrarnos en algo, usamos el córtex prefrontal. Este tiene que luchar con todas esas informaciones que le bombardean desde los sistemas inferiores, normalmente en forma de estímulos emocionales. Es importante ser conscientes de nuestras emociones, pero cuando estas están constantemente interfiriendo no podemos llevar a cabo las tareas con eficacia.  No estoy diciendo que debamos ignorar nuestras emociones ya que son una gran fuente de información interna. Pero el parloteo mental que nos impide concentrarnos en una tarea, es conveniente poderlo inhibir durante el tiempo que le vayamos a dedicar a la tarea. Porque escucharlo todo el tiempo no soluciona el conflicto que lo haya provocado y nos impide tener un adecuado desempeño.

Qué hacer con ese “parloteo mental” y cómo resolverlo no es tema de este post. Yo recomendaría, si ese parloteo mental es bastante constante, hacer una terapia que nos ayude a dar salida a esos conflictos emocionales. Conectar con lo que nos sucede y y permitir que esas sensaciones sentidas nos ayuden a cambiar las cosas de nuestra vida que no nos están dejando ser coherentes con nosotros mismos.

Pero lo que nos interesa hoy es darnos cuenta de que eso nos sucede y saber cómo conseguir fortalecer esos circuitos descendentes que nos permiten estar en foco. Los sistemas prefrontales nos permiten poner la atención en algo determinado e ignorar todo el resto, incluido el parloteo mental, ” emocional”. Hay personas que por naturaleza son más capaces de hacer esto y poner en un lado los impulsos emocionales mientras realizan una tarea. No es reprimirlo ni ignorarlos, es dejarlos a un lado durante determinados momentos. Otros son más incapaces y se distraen con mucha facilidad. Pero en general, todos tenemos dificultad  debido al funcionamiento de nuestro cerebro. De ahí el enorme éxito de los libros y blogs sobre cómo ser productivos, ya que explotan una debilidad intrínseca de nuestro cerebro, la de permanecer atento.

Mi recomendación para lograr estar en foco, va a ser la que yo practico y que autores como Daniel Goleman explican en su libro Focus, el mindfulness. Como él mismo explica:

Los escáneres cerebrales realizados durante la práctica de mindfulness [llamada también, en ocasiones, atención plena]) han puesto de relieve su capacidad para atenuar la activación de los circuitos cerebrales en los que se asienta la charla mental centrada en el yo.

Ese aprendizaje del mindfulnes, de observar nuestros pensamientos y emociones  sin dejarnos arrastrar será un tema de otro post. Pero ya os advierto que el único modo de aprenderlo es practicándolo. Leer sobre ello nos da una idea de lo que es, pero sólo la práctica y mejor si es asesorada nos permite comprenderlo de verdad.

¿Qué haces tú para estar en foco? ¿Has probado el mindfulness u otra forma de meditación? 

Mertxe Pasamontes

Qué es el coaching personal

17 septiembre, 2014 - 10:45 - Autor:

Resulta interesante definir qué es el Coaching en general y el coaching personal, ya que desde la aparición del término como una metodología específica aplicada a la empresa más o menos en los inicios de los 80 por autores como John Whitmore, el termino se ha popularizado de tal manera que se aplica a casi cualquier cosa, lo que ha desvirtuado su sentido original.

 John Whitmore, uno de los que podemos considerar padres del coaching,  empezó a utilizar en la empresa una metodología que había resultado sumamente eficaz en el deporte. Timothy Galway, entrenador deportivo, había empezado a aplicar hacia 1975 con enorme éxito los últimos conocimientos de la psicología en su labor como entrenador deportivo. De ahí el uso de la palabra “coach”, entrenador, que se ha mantenido hasta nuestros días. Por tanto, podemos considerar a Galway y Whitmore, los pioneros de una disciplina que como hemos dicho, ha alcanzado un gran desarrollo debido sobre todo a su enorme potencial para ayudar a los clientes a alcanzar objetivos.

Con los años, tanto la psicología como otras disciplinas han aportado herramientas al Coaching creando a su vez diversas escuelas que persiguen objetivos distintos en su intervención. Las intervenciones pueden ir desde ayudar a que el cliente consiga algún objetivo específico y concreto hasta lograr lo que se conoce como un verdadero “despertar”, un autoconocimiento que permite un nuevo nivel de autoconciencia. Bajo mi punto de vista esto último entraría ya en la categoría de terapia, pero explicarlo sería entrar en un debate conceptual que no creo que tenga demasiado interés ni sentido. Dejémoslo en que es mi punto de vista.

El Coaching personal es pues básicamente un proceso de entrenamiento, aprendizaje y de mejora conducido de manera interpersonal entre un coach y un coachee (cliente). El Coaching personal  es una forma de hacernos conscientes del camino que tenemos que recorrer entre nuestros objetivos o sueños y nuestra situación actual. El proceso de Coaching sigue una hoja de ruta que nos ayuda a pasar de ese estado actual al estado deseado. Las etapas del camino, como dice Whitmore, no se establecen pensando en los errores del pasado sino en las posibilidades del futuro. El coaching no es un proceso directivo en el que el coach enseña y el cliente aprende. En el Coaching se asume que el cliente tiene todos los recursos necesarios para el cambio y se le acompaña para que los descubra y potencie y así recorra su propio camino y alcance los objetivos que se ha fijado. De hecho, no es una relación desigual en que uno enseña y dirige, sino una relación de acompañamiento en que el cliente aprende por sí mismo.

Para conseguir esos objetivos del cliente se utilizan diversas técnicas, siendo una de las principales la pregunta. Nuestro cerebro es un gran respondedor de preguntas. Esas preguntas son pues el detonante que ayuda al cliente a tomar conciencia de qué ocurre, qué parte de responsabilidad tiene en lo que le sucede y le ayuda a generar opciones para el cambio.

Mi idea del Coaching personal es su uso para procesos cortos, que puedan  realizarse entre tres y cinco sesiones. Luego pueden hacerse sesiones de refuerzo mensuales o bi-mensuales. Si hay que profundizar más o alargarlo, prefiero llamarlo terapia, pues considero que ya se está entrando en otro nivel y con otras técnicas. Obviamente esta es mi manera de verlo según mi experiencia y no tiene porqué coincidir con la de otros profesionales. Si estás interesado en mis sesiones de coaching aquí encontrarás más información.

¿Has probado alguna vez el coaching? ¿Te gustaría probarlo?

Mertxe Pasamontes

Psicopatía y liderazgo: el ejemplo de House of cards

10 septiembre, 2014 - 23:44 - Autor:

La vinculación entre psicopatía y liderazgo no es nueva. Tanto en la literatura científica como en la prensa general, han aparecido artículos que vinculan ciertos estilos de liderazgo con el hecho de tener rasgos psicopáticos. Los términos psicópata, sociópata o trastorno antisocial de la personalidad suelen usarse como sinónimos, aunque no sean exactamente lo mismo. Aquí hablaré del Trastorno antisocial de la personalidad, que es lo que popularmente se conoce como psicopatía. Y para ser más precisa, trataré el tema del psicópata integrado o subclínico, que para decirlo de un modo llano sería la persona que no cumple todos los criterios para ser diagnosticado como antisocial, pero tiene suficientes rasgos como para no poder ser considerado “normal”.

Intentaré explicarme y para ello usar como ejemplo la serie House of cards y su protagonista, Francis Underwood. La razón por la que usaré este ejemplo es doble: ser un caso muy claro y mi asombro de que algunos medios hayan publicado artículos elogiando el estilo de liderazgo del personaje de Underwood. Partamos de la base de que Francis Underwood, el personaje magistralmente interpretado por Kevin Spacey, no es una persona real y por tanto, hay licencias creativas en sus rasgos de personalidad. Pero a pesar de eso, cumpliría la mayoría de criterios para ser clasificado como un psicópata integrado (con algunos rasgos narcisistas, pero no voy a complicarlo tanto). Para demostrarlo utilizaré la clasificación de Hare, uno de los estudiosos más importantes de este trastorno:

Los que cumple:

  • Falta de empatía, crueldad e insensibilidad.
  • Gran capacidad verbal y un encanto superficial.
  • Autoestima exagerada.
  • Constante necesidad de obtener estímulos y tendencia al aburrimiento.
  • Tendencia a mentir de forma patológica.
  • Comportamiento malicioso y manipulador.
  • Falta de culpa o de cualquier tipo de remordimiento.
  • Afectividad frívola, con una respuesta emocional superficial.
  • Vida sexual promiscua.
  • Versatilidad para la acción criminal.

Todos estos rasgos salen reflejados en las dos temporadas de la serie. Ese encanto superficial es el que lo hace simpático para mucha gente, a pesar de ser un personaje cruel, manipulador y sin escrúpulos.

Los que no cumple:

  • Estilo de vida parasitario.
  • Falta de control sobre la conducta.
  • Falta de metas realistas a largo plazo.
  • Actitud impulsiva.
  • Comportamiento irresponsable.

Estos serían los rasgos que los antisociales integrados no cumplirían (o no todo el tiempo) y por ello están integrados. Es posible que se deba a una mayor inteligencia y/o un mayor control de los impulsos, lo que les posibilita obrar de una manera más fría y calculadora. Los que sí los cumplen suelen acabar en prisión, en el hospital o son asesinados.

No conocemos o no proceden:

  • Historial de problemas de conducta desde la niñez.
  • Tendencia hacia la delincuencia juvenil
  • Revocación de la libertad condicional.

Lo que podemos ver con este sencillo análisis, es que estamos ante un personaje antisocial, sin empatía, que sólo se mueve por sus propios intereses y que no tiene ningún reparo en mentir, manipular e incluso matar a aquel que se interponga entre él y sus ambiciones. Por eso me sorprende cuando alguien lo pone en un artículo  como ejemplo de liderazgo. No es un líder, es un psicópata, que consigue sus metas porque no le importa nada ni nadie. No es ejemplo de nada. O es sólo un mal ejemplo.

Me temo no obstante, que ese perfil y sus admiradores está más extendido en las altas esferas económicas y políticas de lo que podamos suponer. Y esa es mi preocupación. Porque no son ejemplo ni modelo a seguir. Este tipo de personas son las que arruinan a miles de pensionistas, o esclavizan niños o te meten en una guerra sin pestañear. Siempre que eso sirva a sus propios intereses, los daños humanos no tienen ninguna importancia. No estoy diciendo que todos los dirigentes y/o grandes hombres de negocios sean psicópatas, sólo digo que entre ellos existen psicópatas integrados. Posiblemente más de los que nos creemos.

Y nuestra obligación es entender esta patología y no aplaudirla. Es obvio que podemos ver la serie y entretenernos con ella. Es una buena serie. Pero deberíamos entender bien qué es lo que estamos viendo. También Hannibal Lecter era encantador en cierta medida, pero no lo querría de amigo, ni de vecino y mucho menos de pareja. Por mucho que estemos en una sociedad en que el éxito y el logro predomina, no debemos aceptar que todo vale. Y los métodos de House of cards no valen. O no deberían valer si queremos vivir en una sociedad más solidaria y humana.

¿Has visto House of cards? ¿Qué te parece el personaje de Francis Underwood?

Mertxe Pasamontes

Volver en actitud Zen

3 septiembre, 2014 - 17:44 - Autor:

Actitud zen
Este año no voy a a hablar del tan manido tema del síndrome post-vacacional. Lo conocéis de sobras y lo podéis leer en antiguas entradas de mi blog y en muchos otros lugares de la Red. Y no es sólo porque sea poco respetuoso en un momento en que tantas personas se encuentran sin trabajo, sino porqué creo realmente que hemos de ser capaces de aprender a enfrentarnos a los cambios de una manera más sana. Y ya que hemos dedicado las entradas de este agosto a tratar de cómo vivir un Verano Zen, vamos a hacer de está última lo que podríamos llamar un regreso zen a nuestra vida cotidiana. Porque una práctica como el Zen, sirve de poco si no somos capaces de aplicarla a nuestro día a día. Ese es realmente el reto, la parte difícil, llevar ese estado de relajación que puede conseguirse en zazen o cuando estás desconectado de todo, a la vida cotidiana. Lo que el año pasado llamé el reto de la vida cotidiana.

Vamos a empezar con un cuento tradicional del libro, Carne de zen, huesos de Zen que dice así:

Un noble pidió al maestro zen Takuan que le indicase alguna forma de matar el tiempo. Los días se le hacían intolerablemente largos en su despacho, sentado rígidamente hora tras hora, recibiendo el homenaje de unos y otros.

Takuan escribió ocho caracteres chinos y se los entregó al noble:

Un día sólo es un día;

la joya más grande es como el día más corto.

Ese día nunca volverá;

cada segundo vale lo que una joya sin precio.

No son palabras fáciles de comprender y como he dicho otras veces incluso a mí se me hacen difíciles de asimilar en muchas ocasiones. Es normal que deseemos que lleguen los días de fiesta o aquellos en los que vamos a desarrollar alguna actividad que nos ilusiona. Y del mismo modo, es normal que queramos hacer correr el tiempo cuando estamos aburridos, o doloridos o las cosas no nos van bien. El problema, es que en el cómputo de nuestra vida todos los minutos suman por igual. Aunque psicológicamente, distorsionemos el tiempo y vuele cuando lo pasamos bien y se arrastre inmisericorde cuando lo estamos pasando mal. Pero hemos de ser conscientes, como hemos venido diciendo en todos estos post del verano zen, que es nuestra mente la que lo juzga así. Y aunque está bien querer disfrutar – sólo faltaría que pusiéramos eso en duda- querer disfrutar todo el tiempo no es realista. Forma parte de nuestra ilusión de control, de la que ya hemos hablado.

El problema, es que esa falta de aceptación, nos hace sufrir en muchos momentos, ante cosas que no podemos cambiar. Está bien esforzarse en aquello que está en nuestra mano cambiar. Pero también es adecuado aceptar que no todo está en nuestra mano. Uno de los mayores daños que ha hecho la Autoayuda mal entendida (o mal explicada), es hacernos creer que todo está en nuestra mano, que podemos cambiarlo todo. Y eso no es cierto. Hay cosas que no dependen de nosotros de ninguna manera. Lo único que depende de nosotros en algunas circunstancias, es cómo nos las tomamos y aquí también pongo reservas. Y pongo reservas, porque todos tenemos una educación y unos genes que nos condicionan. Y romper ese condicionamiento e incluso invertir alguna de nuestras tendencias naturales, puede hacerse, pero es costoso. No es algo que surja de un día para otro. Es un proceso a realizar, a trabajar en él y depende de que cosas, pueden llevarnos toda la vida realizar esos cambios. Y aquí no sirven las recetas fáciles, por mucho que se venda que sí funcionan. Quizás es eso lo que queremos oír, pero para hacer cambios profundos, hay que comprometerse con ello.

Y no quiero con esto asustar a nadie. Podemos cambiar nuestra manera de enfrentarnos a ciertas cosas, pero es posible que tengamos que trabajar en ello. Podemos volver en actitud zen, pero es probable que tengamos que poner la intención en conseguirlo. Porque dejar de reaccionar del modo habitual cuesta, ya que estamos muy acostumbrados a hacerlo. Y sólo conectando con nuestro Yo más esencial, podemos descubrir lo que de verdad es importante para nosotros y poner ahí nuestro foco de atención. Más intención, más acción y menos reacción. Tenemos toda una vida para conseguirlo. Es un hermoso camino.

¿Te apetece regresar en actitud Zen? ¿Qué hábitos mentales y de actitud tendrías que modificar para conseguirlo?

Si quieres escuchar el post en formato podcast aquí lo tienes:

Mertxe Pasamontes

Aceptarse a uno mismo

27 agosto, 2014 - 10:45 - Autor:

Aceptarse a uno mismo

Sé que el título de este post no suena ligero y veraniego, posiblemente ni en el contexto de un agosto Zen. Pero es que la única manera de captar aunque sea un poco y con todas las dificultades que conlleva, el espíritu zen que estoy intentando transmitir, es pasando por la autoaceptación y por ende, la aceptación de los otros. Es de esos conceptos resbaladizos, que pueden hacerte caer fácilmente, cuando tratas de explicarlos,  en terrenos en que parece que defiendas el conformismo o el hecho de tragar con todo. Pero es la única vía, por lo que habrá que correr el riesgo de ser malinterpetado (o mal-explicado;)).

Una de las cosas que más nos duelen, es sentirnos rechazados. Es un tema que traté en el post de Un poquito de atención, de qué manera la exclusión del grupo nos hace sentirnos mal. Lo que entonces no traté y ahora quiero tocar, es que además del rechazo externo, existe un rechazo interno. Y ese es aún peor que el externo, porque lo llevamos incrustado en nosotros mismos y nos hace rechazar partes de nosotros mismos y de rebote, de los demás. Hay personas que proyectan ese sentimiento de rechazo interno hacia fuera para no sentirlo y sólo ven defectos en la gente que les rodea. Para poder avanzar en nuestro crecimiento personal,  lo primero que necesitamos es darnos cuenta de que eso nos ocurre, de que estamos constantemente juzgando lo que nos sucede, a los demás, a nosotros mismos y poder suspender ese juicio, detenerlo y reposar. Como dice el maestro zen Sosan: separar lo que nos gusta de lo que nos desagrada es la enfermedad de la mente.

Cuando una persona se sienta a meditar, en zazen, aparece tanto lo que le parece positivo como lo negativo. No hay modo de escapar cuando te mantienes sentado en el cojín. Cuando aceptas -y no es nada fácil- que todo forma parte de ti, cuando te das cuenta de que el dolor proviene de estar rechazando continuamente lo que no te gusta, nace un nuevo sentimiento de unidad, de que todo está bien como está. De alguna manera esto está íntimamente ligado al concepto de no apegarse, ni a lo bueno ni a lo malo. Porque tanto lo bueno como lo malo no dejan de ser valoraciones de nuestra mente y cosas que pasarán, tarde o temprano.

Me gustaría referiros un pequeño cuento zen al respecto:

Tanzan y Ekido caminaban juntos por un sendero lleno de barro. Llovía persistentemente. Al doblar un recodo se encontraron frente a una hermosa joven vestida con un kimono de seda, la cual no se atrevía a cruzar el camino por miedo a mancharse.

“Ven aquí muchacha”, dijo Tanzan; y tomándola en sus brazos, pasó limpiamente al otro lado a través del barro.

Eikido no dijo una palabra. Al caer la noche, los dos amigos encontraron alojamiento en un monasterio. Entonces Eikido no pudo contenerse más.” Se supone que nosotros los monjes debemos mantenernos alejado de la mujeres “, recriminó a Tanzan, “especialmente si son jóvenes y bonitas. No hacerlo así es peligroso. ¿Cómo pudiste llevar a aquella muchacha entre tus brazos?”

“Dejé a la chica en el camino”, replicó Tanzan ¿”Tú aún sigues llevándola?”

Brenda Shoshanna también nos hace una buena reflexión sobre el modo en que rechazamos a los demás: A veces amamos mucho a alguien, y cuando hace algo que no nos gusta, ese amor desaparece repentinamente, aumenta el desagrado y crece el recelo, y al cabo de bien poco esa persona se convierte en enemiga. Por ello, nuestra tarea en esta práctica consiste en desarrollar la verdadera naturaleza de la amistad, de la benevolencia, del aprecio incondicional.

Sé que no son conceptos sencillos de poner en práctica, ya he comentado en otras ocasiones que yo soy la primera que los olvido con facilidad. Pero como dije en el anterior post, creo que el mero hecho de tenerlos en consideración nos benefica, nos ayuda a relativizar las cosas, a abrir nuestro mapa mental a otras posibilidades.

Para practicar esta vez os propongo los siguientes ejercicios y soy consciente de que cada vez exigen un poco más de nosotros mismos, pero nadie dijo que fuera fácil pasar un verano zen. Son los siguientes:

1. Acepta a una persona con la que estés teniendo dificultades. No se trata de tragar en una historia con alguien que te esté creando muchos problemas, sino de aceptar a alguien de quién te molestan o incomodan algunas cosas. No hay que hacerlo con condescendencia, sino aceptar a ese otro de verdad. Observa qué sucede cuando sientes esa aceptación. Date cuenta de si esas cosas que tanto te molestaban, no tienen que ver con cosas de ti mismo que no toleras, con el modo en que te tratas a ti mismo.

2. Haz una pequeña lista de características que te parecen inaceptables en los demás. Por ejemplo: la intolerancia, la prepotencia, la envidia, el rencor, el orgullo, etc… Cuando tengas la lista, intenta ser consciente de si esas características también están, aunque sea de otro modo y en otro grado, en tí mismo. Es lo que a veces se llama la sombra. Empieza a hacer las paces con tu sombra y a aceptar, que todos tenemos imperfecciones y eso nos hace humanos. Es un aceptar en los demás y en nosotros mismos. Y aceptar no quiere decir que no puedas tratar de mejorar, tan solo que le das espacio y no juzgas ni te juzgas.

¿Cuánto te  aceptas a tí mismo? ¿También aceptas lo que no te gusta de tí?

Si quieres escuchar el post en formato podcast aquí lo tienes:

Mertxe Pasamontes

Perseverar en el camino – Zen

20 agosto, 2014 - 10:45 - Autor:

Perseverar en el camino

Seguimos con el agosto Zen y aunque el post anterior era el desafío de no hacer nada y pueda resultar aparentemente contradictorio con la idea de perseverar, en realidad son temas complementarios. Cuando hablamos de no hacer nada, no estamos tanto hablando de tumbarse a la bartola (que también se puede hacer) como de no forzar las situaciones, de no poner presión para que las cosas sucedan. Del mismo modo, perseverar en el camino, no se refiere a esforzarse en conseguir un determinado resultado sino a estar presentes, atentos y conscientes a nuestra vida cotidiana, a cada momento, a cada una de las pequeñas acciones que realizamos.

Vivimos en una sociedad en que se valoran mucho los resultados. Ya anticipé un poco este tema en el post la meta es el camino, en el que explicaba que no se trata de no tener objetivos, estos pueden tenerse y son útiles en muchas ocasiones. Pero los objetivos no pueden convertirse en una obsesión, en algo que nos impida disfrutar del momento presente. El esfuerzo está sobrevalorado, ya que lo que nos hace de verdad efectivos es entrar en flujo y no el hecho de esforzarnos. Y lo peor, no podemos permitir que el no alcanzar nuestros objetivos nos haga vernos a nosotros mismos como fracasados, como un fraude. Cuando asociamos nuestro valor personal con la consecución de un objetivo, es como si estuviéramos diciendo que nosotros no somos suficientemente válidos por ser nosotros mismos. Recordar el cuento que transcribí en este post, sobre los resultados. Somos seres humanos, únicos e irrepetibles y mejor iría el mundo si fuéramos de verdad conscientes de ello.

Lo que importa al final, es que seamos capaces de perseverar en el camino. De dar importancia a aquello que estemos haciendo, por pequeño que sea. Que saboreemos los pequeños instantes, incluso cuando hacemos una actividad tan banal como lavar los platos. Podemos sentir la temperatura del agua, el tacto del jabón, como se desliza la esponja, observar cómo van cambiando de aspecto los platos una vez lavados…. eso es estar con la atención en el ahora. Mucho más difícil de lo que pueda parecer. En ocasiones, casi imposible. Pero ese rato que pasamos lavando platos, es tan parte de nuestra vida, es tan tiempo nuestro como el que pasamos haciendo algo grandioso. Suma la misma cantidad de tiempo en el cómputo global. No pretendo que sea un concepto fácil de entender, para mí misma no lo es. Pero antes de los ejercicios, una pequeña historia:

Un discípulo fue a visitar a su maestro y solicitó que le impartiera alguna enseñanza importante para su desarrollo. El maestro contestó irónicamente:

-Atención.

-¿Y qué más? -preguntó el discípulo.

-Atención, atención -repitió el maestro.

El discípulo insistió. -Pero ¿qué más?

-Atención, atención, atención -dijo el maestro.

-Pero ¿qué es la atención?

El maestro contestó: -Atención es atención.

En el día de hoy os propongo los siguiente ejercicios y una recomendación:

1. Prepara algo de comer, por ejemplo una ensalada. Algo que no sea muy complejo.Lava las hojas de lechuga con calma, los tomates, todo aquello que vayas a utilizar. Córtalo en pequeños trozos, mézclalo con parsimonia. Sólo pon atención a lo que estás haciendo. Observa qué pensamientos te vienen, si sientes aburrimiento, prisa o lo que sea. Date cuenta de en que otras situaciones de tu vida también te pasa.

2. Persevera en una actividad que no hagas con asiduidad.  Puede ser lo que quieras, pero tienes que ponerle un tiempo al día y hacerlo te apetezca o no (qué tal por poner un ejemplo, meditar aunque sea 10 minutos al día?). Cuando lleves haciéndolo 10 días, deja unos días de hacerlo y vuelve a hacerlo. Observa las diferentes sensaciones que eso te produce.

3. Recomendación: Mirar la película Cómo cocinar tu vida (How to cook your life) en la que el maestro Zen Edward Brown nos acerca al Zen a través de los alimentos y la cocina.

¿Perseveras en el camino? ¿Qué te sucede cuando no consigues tus metas?

Si quieres escuchar el post en formato podcast aquí lo tienes:

Mertxe Pasamontes

Mertxe Pasamontes, psicóloga

Licenciada en Psicología (Universidad de Barcelona) con reconocimiento de la especialidad clínica y acreditación Europea de Experta en psicoterapia (EuroPsy). Licenciada en Humanidades (UOC).
Mertxe Pasamontes
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- Twitter: @mertxe
Con los años he completado la formación académica con un Posgrado en Trastornos mentales (Universidad de León) y la no académica siguiendo el proceso completo que me capacita como Trainer – Master en PNL y Máster en PNL y Coaching (Institut Gestalt). He realizado también un máster en Hipnosis Eriksoniana y uno de Coaching Generativo con Robert Dilts y Stephen Gilligan. Máster en Análisis Transaccional (IAT) y un curso completo de Técnico en Recursos Humanos (COPC). Formada en el método Eagala de psicoterapia y coaching asistido por caballos. Así como 11.000 horas de psicoterapeuta y coach y como Formadora y Conferenciante motivacional.

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