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9 Ideas para pasar una Navidad low cost.

17 diciembre, 2014 - 10:45 - Autor:

Navidad low cost

Aunque volver a hablar de la crisis puede sonar ya pesado, lo cierto es que la situación que tenemos desde que empezaron los problemas económicos en el 2008 no es la más halagüeña en el plano material. Todavía hay muchas personas sin trabajo y muchas otras con contratos precarios. Y bastantes también con sueldos bajos. Ante este panorama se impone la Navidad low cost.

Muchas personas critican que la Navidad es una fiesta consumista, de derroche, de gastar en cosas que no necesitamos. Yo estoy bastante de acuerdo en esta afirmación pero también creo que no es obligatorio que sea así. En nuestra mano está celebrar una Navidad low cost, sin excesos económicos. Y ser low cost no quiere decir ser infeliz ni aburrido. Se puede ser muy feliz gastando menos. Es posible que más feliz que gastando más. Sólo hay que saber cómo hacer ese downshifting. Y podemos también aprovechar el parón y el clima de “buenismo” que se crea para fomentar otros valores distintos del consumismo: la solidaridad, el amor, la honestidad…

Veamos pues algunas de esas ideas de nuestra Navidad low cost:

- Pedir cosas que necesitas. Cuando digo low cost no quiero decir que no puedas gastar en nada, sino no gastar en cosas que no necesitas o que se quedarán en un cajón. Pero puedes aprovechar para pedir o comprarte alguna cosas que realmente quieres o necesitas y que tal vez por cuestión de precio no habías encontrado el momento de comprar.

- Moderación en comida y bebida. No hace falta ponerse como el Quico porque sea Navidad. Porque además de antieconómico no es saludable. Puedes pasarlo igualmente bien comiendo y bebiendo menos. Y no comprando los típicos alimentos que suben por Navidad. Planifica tus compras y opta por alimentos más sencillos, bien cocinados.

- Moderación en las compras. Del mismo modo que puedes pedir lo que necesitas, puedes procurar no comprar cosas inútiles. Trata de descubrir que necesita o que le hace ilusión a esa persona a la que quieres regalarle algo.

- Vuélvete artesano. Es posible que tengas habilidad cocinando, o haciendo bufandas, o encuadernado libros. Aprovecha esa habilidad para hacer tu mismo los regalos. Algo hecho con nuestra propias manos adquiere un valor de cariño añadido.

- Decora con austeridad. La decoración navideña tiende al exceso y a decir verdad, a ser un poco kitsch. Recicla adornos de otros años, haz algo con tus propias manos y compra sólo algún pequeño detalle. Aquí puedes encontrar un ejemplo para hacer con niños.

- Recicla y combina la ropa. No es necesario que te gastes mucho dinero para estar guapo/a en estas fiestas. Puedes darle otro aire a prendas que ya tengas, combinarlas de otro modo o comprar un epqueño detalle que las cambie. La mayoría tenemos más ropa de la que necesitamos, de eso estoy segura.

- No te sientas obligado. Todas las ideas anteriores parten de la base de que quieres regalar, hacer comidas especiales o decorar la casa, pero si no te gusta o no te interesa hacerlo, no lo hagas. Hacerlo por obligación es poner los cimientos para odiar las fiestas.

- Sé solidario. La actitud low cost tiene que ver con el consumismo, pero no tiene porque tener que ver con la solidaridad. Sé solidario con los que lo necesitan en la medida de tus posibilidades. Eso no es un gasto superfluo, es una cuestión de justicia social. Y además una actitud que contribuye a la felicidad propia y ajena.

- Pon atención en lo positivo. Poner la atención en lo positivo te ayuda a sentirte mejor. Y las personas que se sienten mejor, gastan menos. Muchos de nuestros gastos son debidos a malestares interiores.

- Disfruta el tiempo libre. Hay muchos modos de pasar los días de asueto sin gastar demasiado incluso si tienes niños como decorar la casa o preparar galletas. Puedes salir a ver la decoración navideña o irte a dar un paseo por el campo o la playa en un día soleado.

Se trata sólo de que contactemos con lo que de verdad necesitamos y empecemos a valorar más aquellas cosas que no se compran con dinero. Quizás es el momento de SER más  y TENER menos. Y aprender a estar más en el presente, a tener una actitud mindful ante la vida. Porque la felicidad no está en tener más cosas. Por eso te deseo para estos días que seas capaz de deslizarte en ese estado de plenitud en el presente que te da el mindfulness el mayor número de veces posible. Pues cada vez que lo haces, renaces un poco y vuelves a vivir de nuevo. Y si no sabes cómo hacerlo, contacta conmigo. Puedo enseñarte! 

¡fFELIZ NAVIDAD! 

Mertxe Pasamontes

Emprender con pasión y sentido común

10 diciembre, 2014 - 10:45 - Autor:

Seguir tu pasion
En los últimos años una de las frases que más se han repetido es que hay que emprender con pasión. Y también que has de seguir tu pasión para realizarte, triunfar y ser feliz. Pues cuando sigues tu pasión es como si la vida fuese una fiesta continua. Todo esto está muy bien pero tal vez tendríamos que poner también un poco de sentido común en ello para no acabar haciendo de nuestra pasión nuestra infelicidad.

En otros post he hablado del elemento, ese lugar en donde confluye lo que te gusta hacer con lo que se te da bien. Es una idea de Sir Kenn Robinson que me fascina tremendamente, pues te lleva a hacer algo en la vida con lo que seguro vas a disfrutar. Cuando algo nos gusta, gozamos haciéndolo. Y si además se nos da bien, ese goce se incrementa pues conseguimos entrar en estados de flujo con mayor facilidad. Los estados de flujo se caracterizan por un estado de ánimo alegre, en que la persona se siente tan bien haciendo lo que está realizando que toda su atención se concentra en esa actividad. Hay un cierto olvido de uno mismo (en el sentido de silenciar el Yo crítico), toda la atención está volcada en la actividad y el disfrute de la misma. Es por tanto un estado muy deseable.

El hecho de que algo se nos de bien facilita el aprendizaje y el progreso en el campo en cuestión. Porque uno de los problemas con los que a veces nos enfrentamos es que nos gusten actividades para las que no estamos muy bien dotados, sea física o psíquicamente. Sé que a nadie le gusta oír eso y queremos creer que si queremos, podremos. Pero la realidad es que hay cosas para las que no tenemos (ni tendremos) facilidad. No es que no las podamos hacer, es que siempre requerirán de un esfuerzo extra para alcanzar un resultado promedio (por no decir mediocre). Es más realista plantearnos que esa actividad será mejor tenerla como afición que como profesión.

Llegado a este punto podéis estar pensando que cuál es el problema entonces con respecto a emprender con pasión. Si hemos encontrado algo que se nos da bien y que además nos gusta, ¿no tendríamos que lanzarnos a por ello? Te responderé brevemente: sí y no. Y trataré de explicar el porqué en dos puntos clave.

El primero de índole práctica es saber con que base cuentas para emprender y qué conoces del mercado al que quieres acceder. Es obvio que si tienes una afición muy peculiar, puedes hacerte un nicho en Internet. Lo que no está tan claro es que ese nicho de la “larga cola” (como se le conoce en el argot del marketing, es decir, un nicho pequeño sobre algo muy concreto) te de para vivir. Puede que el número de personas (o su capacidad económica o sus ganas de gastar en eso) a las que les interese tu producto o servicio no sean suficientes para que puedas vivir de ello. Si tu pasión es algo más popular, puede que te enfrentes a una competencia feroz e incluso consolidada. No estoy diciendo que sean obstáculos insalvables, sólo que has de tenerlo en cuenta. Y si tu pulmón financiero no te permite vivir un tiempo largo sin ingresos, puedes pillarte los dedos. Entonces tendrás que emprender a media jornada, mientras lo compatibilizas con algo que te dé ingresos para vivir.

El segundo condicionante es más psicológico. Y quizás te sorprenda lo que te voy a decir. ¿Hacer de tu pasión tu trabajo no va a acabar con ella? Trabajar suele ocupar muchas horas al día, de promedio unas ocho horas. Y si además es un proyecto personal por cuenta propia, esas horas tienden a dilatarse. Por mucho que te guste hacer algo, si tienes que hacerlo todo el día es posible que te hartes, te aburras o que pierda parte de su encanto. Porque además lo más probable es que tengas que hacer casi todo lo que comporta hacer de ello un negocio, con lo que no sólo vas a dedicarte a la parte “bonita”. Te va a tocar el pleno al quince.

Te pongo un ejemplo real. Al hijo de una amiga le encanta cocinar y además se le da muy bien. Tiene 16 años y le gusta desde niño, mira programas de cocina en TV e Internet, compra libros de recetas siempre que puede. Todo haría pensar que va a querer dedicarse a ser cocinero. Pero él quiere ser abogado. Quiere una profesión con la que ganarse la vida y luego seguir teniendo la cocina como afición. Es posible que con la edad cambie de opinión pero de momento su razonamiento es impecable: no quiero trabajar en una cocina todo el día porque aborrecería cocinar por obligación. Tendría que estar muchas horas y hacer platos que no me interesa hacer. No todo el mundo es Chicote o Adrià y no quiero aborrecer cocinar.

Por eso digo que hay que emprender con pasión y sentido común. Pasión para hacer algo que te guste y se ta da bien y sentido común para valorar bien todos los condicionantes. Para ser capaz de valorar tu situación económica y del mercado al que quieres acceder. Y para también saber cómo eres y cuanta capacidad tienes de abarcar todo lo que ese negocio te obligara a abarcar. Para lo primero puedes consultar con un asesor de negocio. Para lo segundo necesitas conocerte y ser capaz de proyectar en el futuro cómo te vas a sentir y eso es mi especialidad.

Anímate a perseguir tus sueños pero mantén un pie en el suelo. ¿Tienes alguna pasión? ¿Te gustaría trabajar de eso?

 

Mertxe Pasamontes

Mindfulness: ¿es para mi?

3 diciembre, 2014 - 10:45 - Autor:

Mindfulness

El mindfulness es una de esas disciplinas que ha venido para quedarse. La definición más sencilla que podemos hacer de mindfulness es decir que es meditación. Su traducción al español suele hacerse por atención plena. Pero debido a la evolución y a la actualidad del término sería quedarnos algo cortos. Por eso trataré de explicar qué es el mindfulness y si es una disciplina que se adapte a ti. Aunque ya te avanzo que mi respuesta será que sí.

El interés creciente por el mindfulness no es sólo una moda sino que viene de un conjunto de factores. Explicados en, ( Mindfulness y neurobiología, de Vicente Simón)

-  La divulgación en occidente de las filosofías y prácticas orientales de meditación que comenzó en la segunda mitad del siglo XX  con numerosos jóvenes que fueron a Asia en busca de sí mismos y divulgaron esas prácticas a su vuelta.

- La consolidación del mindfulness dentro de las terapias cognitivas al ver su enorme eficacia terapéutica.

- Los avances en  neurociencia cognitiva que han permitido medir y objetivar los beneficios de la meditación.

Pero para entender mejor de lo que estamos hablando vayamos a la definición de qué es mindfulness que encontramos en el artículo de Vicente Simón, Mindfulness y psicología, presente y futuro publicado en la revista del Colegio de psicólogos de Valencia:

Según Jon Kabat-Zinn (1994): prestar atención de una manera especial: intencionadamente, en el momento presente y sin juzgar. Y según el propio Simón: la capacidad humana universal y básica, que consiste en la posibilidad de ser conscientes de los contenidos de la mente momento a momento.

En el mindfulness se desarrolla el Yo observador, esa parte de la mente que puede ser consciente de lo que estamos pensando y sintiendo, sin identificarse con ello. Es esa parte que nos dice: ah, bien, esto es un pensamiento. O esto es un sentimiento. Es el también llamado metapensamiento. Es una parte de la mente que no puede ser observada y que si la trabajamos, siempre está ahí, presente e inamovible. En palabras de Simón:

Una de las consecuencias de mantenerse en atención plena es que se va tomando conciencia de la propia conciencia. Es decir, que además de ser consciente de los contenidos de la conciencia, poco a poco, con la práctica, vamos haciéndonos plenamente conscientes de que la conciencia y sus contenidos son dos cosas diferentes. Habitualmente, la mayoría de seres humanos vivimos identificados con los contenidos de la conciencia. Con la práctica continuada de la atención plena, vamos dándonos cuenta de que lo que permanece no son los contenidos, que cambian constantemente, sino la propia conciencia, que siempre se encuentra en la base de la experiencia.

Para practicar mindfulness o meditación vas a tener que sentarte en silencio y tratar de que tu pensamiento no divague demasiado. Existen diversas técnicas tanto de concentración en un punto como las llamadas de campo abierto, de observación de los elementos de la mente sin aferrarse. La práctica habitual se realiza sentándose en una silla o en el suelo (según tu condición física y nivel de práctica), con los ojos cerrados o semiabiertos (según la técnica) y siguiendo una serie de pasos para ir sosegando poco a poco la mente. La respiración es el foco de atención más frecuente, porque siempre está ahí y además su cadencia facilita la práctica. Pueden usarse grabaciones como guía y para practicar diferentes aspectos más allá de la focalizacion, como por ejemplo las prácticas de la compasión.

No hay apenas contraindicaciones para meditar. Casi cualquier persona puede hacerlo. Entre los beneficios del mindfulness se encuentra un aumento de la capacidad de concentrarse y focalizarse, mayor claridad metal, ser más ecuánimes con nosotros mismos y los demás y mayor serenidad. Con la práctica nos vamos conociendo mejor a nosotros mismos y aumenta  nuestra capacidad de tomar mejores decisiones.¿Y a qué contribuye todo ello? A vivir más felices. Y además, más felices con lo que realmente somos.

Por eso si me preguntas si el mindfulness es para ti, solo puedo responderte que si quieres conocerte mejor, estar más sereno y vivir más feliz, mi respuesta es sí. Sólo me queda aconsejarte que te busques un buen guía que te ayude a encontrar cuál es el mejor método y ritmo para ti para iniciarte en la práctica. Y que sepas que también es una ayuda complementaria en la terapia que puede facilitarte avanzar más rápido y mejor.

¿Te gustaría practicar mindfulness?

Mertxe Pasamontes

Como superar miedos y fobias

26 noviembre, 2014 - 10:45 - Autor:

Vertigo

Muchas veces confundimos miedos y fobias a pesar de ser cosas diferentes, aunque relacionadas. Para establecer la distinción entre miedos y fobias vamos a empezar por definirlas:

El miedo o temor es una emoción caracterizada por una intensa sensación, habitualmente desagradable, provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta en todos los animales, lo que incluye al ser humano. La máxima expresión del miedo es el terror. Además el miedo está relacionado con la ansiedad. Existe miedo real cuando la dimensión del miedo está en correspondencia con la dimensión de la amenaza. Existe miedo neurótico cuando la intensidad del ataque de miedo no tiene ninguna relación con el peligro (fuente Wikipedia).

Una fobia (palabra derivada de Fobos, en griego antiguo Φόϐος, «pánico», hijo de Ares y Afrodita en la mitología griega, la personificación del miedo) es un trastorno de salud emocional o psicológico que se caracteriza por un miedo intenso y desproporcionado ante objetos o situaciones concretas como, por ejemplo, a los insectos (entomofobia) o a los lugares cerrados (claustrofobia). (fuente Wikipedia)

El miedo es una respuesta adaptativa de supervivencia y defensa. El miedo nos sirve para alertarnos de posibles situaciones de peligro para nuestra integridad física o psíquica. La encargada de poner en marcha la respuesta del miedo es la amígdala cerebral. Al ser esta una estructura subcortical, la respuesta de miedo es inmediata y se activa sin necesidad de contar con los centros racionales del córtex. La amígdala quiere la reacción rápida frente al peligro y envía a la sangre hormonas (vasopresina, cortisol y adrenalina) para que luchemos, huyamos o nos paralicemos. Esos son los mecanismo básicos de defensa del reino animal. Si el peligro es real e inmediato, esta será la respuesta más adecuada. El problema deviene cuando nos enfrentamos a un peligro “mental”, es decir, cuando la amenaza no es real o no puede ser resuelta con los mecanismo básicos de supervivencia. Por ejemplo, si tienes miedo de que te despidan, es posible que no puedas ni luchar, ni huir ni paralizarte. Tendrás pues que convivir con una activación de la amígdala que no puede ser descargada por los mecanismos habituales. Tendrás pues que desarrollar otras estrategias si no quieres acabar en un estado de ansiedad o estrés.

La fobia no es una respuesta adaptativa como el miedo, sino una respuesta “exagerada”.  Se experimenta un miedo o rechazo extremo ante algo que aunque potencialmente pudiera ser daniño, no requiere de una respuesta tan intensa. Las fobias suelen aprenderse a consecuencia de una experiencia traumática, de la repetición de experiencias desagradables o por aprendizaje vicario (ver que otra persona la tiene, normalmente los progenitores). Suelen ser más frecuentes en personas ansiosas, pero es bastante habitual en la población general encontrar personas con algún tipo de fobia o “casi fobia” (temor desmedido ante algo pero que puede ser mínimamente controlado).

Para superar miedo y fobias vas a necesitar algún tipo de intervención terapéutica. Es frecuente que las personas que padecen una fobia no se la traten a pesar de que se obtienen excelentes resultados con el tratamiento, tanto el cognitivo-conductual como con Técnicas de PNL. Hay fobias que se pueden resolver en una o dos sesiones (como la fobia a volar)  y otras en un tratamiento corto (de unas seis sesiones). Creo que por uno mismo es más complicado hacerlo y el problema de no tratarlo es que las fobias tienden a hacerse más intensas y extenderse a otros objetos fóbicos.

Para superar los miedos existen diversas estrategias. Algunas de estas estrategias, de tipo autoayuda, pueden aplicarse por uno mismo, pero siempre será más efectivo con la ayuda de un profesional. La intervención de otro te da un punto de vista externo y objetivo que es una de las cosas que cuando tienes miedo a algo no estás pudiendo hacer, no estás logrando ver la situación con objetividad. Y te ayuda a ver la situación con otra perspectiva, aceptando que sentir miedo es natural, pero que podemos cambiar nuestra reacción posterior. La práctica del mindfulness también puede ayudarte a crear esa distancia entre tu y el miedo que te permite no reaccionar a él. Lo importante es que lo trates y no dejes que ese sentimiento vaya apoderándose de cada vez más áreas de tu vida y se vuelva incapacitante.

No tenemos porqué convivir con miedos y fobias. Nos limita. Es mucho más económico tratarlo que vivir con la incapacitación que eso nos supone. Y liberarse de miedos y fobias nos permite sentirnos más plenos y felices. Y además no te olvides que superar los miedos cambia el cerebro. 

¿Tienes alguna fobia? ¿y algún miedo desproporcionado? 

Mertxe Pasamontes

Problemas en las relaciones sociales y el doble check azul

17 noviembre, 2014 - 10:44 - Autor:

Relaciones sociales

A pesar de que los humanos somos seres  sociales no podemos evitar por ello tener problemas en la relaciones sociales.  A lo largo de nuestra vida nos relacionamos con múltiples personas en diferentes contextos. Con unas sentimos más afinidad y deseamos llevar la relación a un estadio superior al de simple conocidos y con otras no. Aunque en general eso suele ser recíproco (pasada la adolescencia) a veces no sucede así. Y la novedad del doble check azul de whatsapp y la reacción de enfado que ha provocado en muchos, nos ha venido a demostrar cuantas veces la relación no está tan equilibrada como parece.

Es obvio que una parte del problema del doble check vendría por relaciones de pareja o de flirteo. Eso sería tema de otro post y nos centraremos hoy en los problemas en las relaciones sociales de amistad. Porque la amistad o a lo que ponemos el nombre de amistad, es algo con muchos grados y matices. Y que exige una gestión de las expectativas propias y ajenas que no siempre somos capaces de realizar. Y las Redes Sociales han añadido una capa más de dificultad a este tema. Aparte de ser una cuestión de carácter, ya que hay personas más sociales y más proclives a tener amigos y pasar tiempo con ellos y otras que lo son menos.

Tratemos de establecer un cierto baremo, más orientativo que otra cosa:

- Conocidos. Serían personas con las que coincidimos en algunos contextos o en Redes Sociales, pero con las que la relación es de cortesía y cordialidad, pero sin profundizar más en ella. No son personas con las que compartas confidencias y no las invitarías a tu casa. Es posible que ni siquiera fueras a tomar un café con ellas.

- Amigos “de contexto”. Son personas con las que hay una mayor afinidad que con los conocidos, pero eso está muy relacionado con el contexto en que os encontráis. Podrían ser compañeros de trabajo, del gimnasio o de un hobbie en común. Puedes realizar actividades con ellos, pero en general no hay una intimidad, no hablas de temas personales sensibles con ellos. Puede pasar que si cambias de contexto se pierda la relación o por el contrario que con algunos de ellos la relación evolucione a una amistad más íntima. Algunas personas que conoces en Redes  Sociales entrarían en esta categoría y también podrían evolucionar hacia mayor intimidad.

- Amigos íntimos. Son las personas con las que cuentas y que pueden contar contigo.  Con quien compartes tus penas, alegrías, deseos y sueños. Con quien sabes que no tienes que fingir pues te acepan tal como eres. Con quien te gusta pasar el tiempo, invitas a tu casa y vas a la suya. Son las primeras personas en las que piensas si te surge un problema o quieres celebrar algo. Usas las Redes Sociales para poder estar todavía más en contacto con ellos.

Como he dicho al principio, esto no pretende ser una clasificación exhaustiva, sino sólo una aproximación para poder tratar el tema. Seguro que se podrían incluir otros niveles, especialmente entre los de contexto y los íntimos. Y habrá situaciones en que una relación se sitúa en varios estadios a la vez o está pasando de uno a otro. Los problemas en las relaciones vienen cuando no nos sentimos en el nivel que otra persona nos ha puesto o pedimos del otro algo que no sería “propio” de ese nivel.

Y el doble check de whataspp es también un problema de gestión de expectativas. Y en general sucede en ese nivel indefinido entre los amigos de contexto y los amigos íntimos. De alguien que es íntimo, espero que me responda y en general va a ser así. También espero que entienda que si tardo en responder, es porque estoy ocupada y no puedo hacerlo. No suele haber problemas ahí. El problema es si yo considero íntimo a alguien que no piensa lo mismo de mi. O le veo como un amigo cuando el otro me ve como un conocido. O la otra persona no tiene las mismas ideas de lo que debe o no hacer con respecto a la relación que yo. Puede ser que para mi, ver a un amigo de contexto sólo en el “contexto” sea adecuado y para la otra persona no. Si me envía un mensaje queriendo quedar fuera de ese “contexto” me pone en un apuro. Porque es posible que no me apetezca, pero igual tampoco quiero hacerle un feo. Y de repente, no respondes a ese mensaje en horas. O alguien te pregunta algo sobre lo que no quieres hablar con esa persona. O un conocido se piensa que por conocerte en Redes sociales, por ejemplo, ya puede abordarte cuando quiera y tú debes responderle.

Podríamos poner muchos ejemplos de ese desfase entre las expectativas de unos y otros. Podríamos pensar que una opción es ser sincero y lo es muchas veces. Pero otras es entrar en un conflicto pues sabes que la otra persona se sentirá herida y optas por no responder. Lo cuál acaba siendo un problema de nuevo.

Al final estamos ante un problema de comunicación y de expectativas. No nos comunicamos con claridad ni expresamos nuestros deseos ni intenciones. Nos da miedo el precio de la sinceridad. Tampoco ponemos en común nuestras expectativas, lo que ayudaría a saber qué podemos esperar el uno del otro. Y no queremos ver lo que el comportamiento del otro nos está diciendo. Muchas veces no debería ser necesario explicar algo, pero la ubicuidad que suponen las Redes Sociales y los móviles obliga a hacerlo. Debería bastar con observar cómo se comporta  alguien. Si yo envío whatsapp a alguien y no me responde el 80% de las veces, tal vez debería o bien preguntarle el motivo o dejar de enviárselos. Insistir sólo sirve para aumentar mi frustración y posiblemente para importunar al otro.

Aprendamos a comunicarnos mejor, observar más y gestionar nuestras expectativas respecto a los demás. Tomemos lo bueno que alguien puede ofrecernos y no presionemos para que nos de lo que no puedo o no quiere dar. Y alimentemos con ganas las relaciones que sí que fluyen en ambas direcciones. Así no tendremos que estar pendientes de cosas como el doble check azul.

¿Tienes diferentes grados de amistad? ¿Cómo te manejas en cada uno de ellos?

Mertxe Pasamontes

 

La trampa del quiero y no puedo

12 noviembre, 2014 - 10:45 - Autor:

Quiero y no puedo
Uno de los lugares a los que nos conduce el no conocernos a nosotros mismos es a caer en la trampa del quiero y no puedo. La presión social hacia el éxito y el logro nos puede llevar a situaciones en que estemos insistiendo en un camino que no está alineado con nosotros, en que estamos como pez fuera del agua. Es también uno de los desastres a los que nos ha llevado la popularización y masificación de la autoayuda, el confundir la perseverancia y la confianza en uno mismo con el querer es poder. No siempre querer es poder.

El quiero y no puedo adopta diversas formas que trataré de repasar con algunos ejemplos. Una de las más frecuentes y evidentes es la de índole económico. Este tipo de quiero y no puedo sucede cuando la persona quiere estar en un nivel socioeconómico para el que no tiene recursos suficientes. No digo que no tenga ningún recurso, sino que estos no son suficientes o no están bien ponderados. Pongamos un ejemplo sencillo. Una persona con un sueldo medio (pongamos 1500 euros al mes) y que vive de alquiler (8oo euros) y en pareja se compra un coche de gama media-alta. Es posible que pueda pagarlo a plazos, pero después tendrá que pasar revisiones, cambiar ruedas, etc. Si esos gastos no han sido tenidos en cuenta en el presupuesto inicial  pueden empezar a ahogarle. Es más, no quiero ni pensar si sale un imprevisto de cierta categoría. Muchas veces calculamos el gasto inicial de algo, pero no su mantenimiento ni la posibilidad de que nuestras condiciones económicas varíen. Eso le sucedió a mucha gente cuando se compraron pisos en el boom económico. Si un sueldo entero, en el caso de una pareja, iba dedicado a pagar la hipoteca, estaban corriendo un riesgo muy grande. Como se ha visto luego.

Estos casos de tipo económico, muy frecuentes, pueden ser por querer aparentar o por desconocimiento del funcionamiento de la economía o incluso malos cálculos matemáticos. Y no podemos negar que también suceden porque la sociedad de consumo empuja al gasto aunque sea con endeudamiento. Y para ello trata de convencernos de que todos tenemos derecho a tenerlo prácticamente todo. Y somos tan ingenuos que acabamos creyéndolo. Cuando es obvio que eso no es cierto ni posible. En un mundo ideal y justo todos tendríamos los mismos derechos y oportunidades, pero baja de los mundos de Yupi, mira fuera y date cuenta de que eso no es cierto. Debemos luchar para que lo  sea en el mayor grado posible, pero no podemos ser naifs y hemos de ver que la realidad dista bastante de esas condiciones.

El otro tipo de quiero y no puedo es el que te sitúa fuera de tu elemento. Cuando lo que se nos da bien coincide con lo que nos gusta hacer, estamos en nuestro elemento y todo fluye. Pero a veces sucede que lo que nos gusta, no es lo que se nos da bien o no estamos especialmente dotados para ello. Un ejemplo claro de esto podría ser en cuestiones física o deportivas. Y puedo explicar un ejemplo que viví de cerca. Durante muchos años practiqué ballet clásico. Eso me hizo estar en diferentes escuelas y conocer a bastantes niñas, algunas de las cuales querían ser bailarinas. Pero el ballet clásico es una disciplina muy cruel que exige unas dotes físicas muy concretas, entre las que se encuentra ser tremendamente delgada. Hay personas que por naturaleza y con una buena alimentación pueden tener ese cuerpo que exige la danza clásica. Pero otras no. Cuando una niña con ese “sobrepeso” (para el ballet, para el día a día podía ser un peso normal) quería ser profesional, solía encontrase con el rechazo por parte de las escuelas oficiales de danza. Era un rechazo cruel y muchas veces hecho con poco tacto. Pero la realidad es que si no tienes ese cuerpo ideal, no entrarás nunca en una compañía de danza clásica. Puedes bailar como afición o especializarte en otras disciplinas como el contemporáneo que no exige un cuerpo tan delgado. O puedes ser profesora, pero has de aceptar que no podrás ser bailarina porque no te van a escoger. Es duro, pero es así.

No estoy diciendo con este post que no podamos luchar y perseverar para alcanzar nuestras metas. Sólo estoy diciendo que las tenemos que bajar al mundo real. Y dimensionarlas. Perseguir una meta inalcanzable solo conduce a la frustración. Analizar mejor nuestros recursos y capacidades ( mejor guiados por un profesional) nos puede servir para acertar más y además disfrutar más. Porque nos sentimos congruentes con lo que hacemos, nos movemos en la zona de desarrollo próximo y vemos que vamos aprendiendo y avanzando. Somos capaces en lo económico de decidir qué gastos hacer y cuáles es mejor no hacer. Y en lo personal y profesional de transitar caminos que nos hagan crecer y disfrutar del trayecto y no quedarnos atascados y con sensación de haber perdido el tiempo. Y así además podemos llegar más lejos, con mayor facilidad y más felicidad..

Sólo merece la pena seguir por un camino difícil si estas dispuesto a romper las reglas, innovar y cambiar el modelo. Pero eso sería tema de otro post.

¿Tienes en tu vida algún quiero y no puedo? ¿Cómo haces para manejarlo?

 

Mertxe Pasamontes

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Usar la intuición para decidir mejor

5 noviembre, 2014 - 10:45 - Autor:

Intuición o razón

En un mundo hiperracionalizado como el nuestro, usar la intuición para decidir mejor puede sonar a temeridad. Aunque lo cierto sea que la intuición condensa de manera inconsciente miles de piezas de información, tanto de experiencias vividas como de informaciones recogidas de diversas fuentes, las procesa y en un momento determinado las arroja a nuestro cerebro consciente como un destello, una sensación, un pensamiento a veces fugaz de cuál es el camino a tomar, si hay que hacer o no hacer algo, si puedes confiar en alguien o no hacerlo, si has de pedirle el teléfono a esa persona que acabas de conocer o mejor no lo hagas…

Es normal que usarla nos resulte difícil pues la intuición es tan volátil que el intento de apresarla racionalmente la perturba, hace que nos entre la duda. Porque la manera en que nuestro cerebro llega a esa conclusión no es pasando por la información consciente y no tiene por tanto nuestra intuición modo racional de explicarnos qué hay detrás. Cuando intentamos justificar racionalmente una decisión intuitiva nos sentimos como en el aire, con una sensación que no podemos apresar de inconsistencia.

Una parte de esa información nos llega a través de sensaciones físicas o viscerales. Como dice Goleman:

Las “sensaciones viscerales” son mensajes procedentes de la ínsula y otros circuitos ascendentes que simplifican nuestras decisiones vitales y orientan nuestra atención hacia opciones más inteligentes. [...]  El neurocientífico Antonio Damasio utiliza la expresión marcadores somáticos para referirse a las sensaciones corporales que nos indican la adecuación o no de una determinada decisión. [...] Y esto sucede a través de los circuitos ascendentes que transmiten sus conclusiones a través de las sensaciones viscerales, a menudo mucho más deprisa que las conclusiones racionales a las que llegan los circuitos de arriba abajo.

Dicho de un modo simple, nuestro cuerpo nos avisa de que algo está ocurriendo y de cuál es el camino a tomar. Obviamente ese aviso no es un pensamiento estructurado sino una sensación física, o un pensamiento fugaz poco estructurado. Pero no por ello deja de ser un aviso importante y poderoso. Lo malo es que en muchas ocasiones lo desoímos por no saber cómo encajar eso en nuestra racionalidad. Y la realidad es que no hay que encajarlo, pues como he dicho, eso no va a ser posible.

Pongamos un ejemplo. Me presentan a alguien para un proyecto nuevo. Nada más conocerle, se me “arruga la nariz” (esa es una sensación visceral que yo tengo cuando algo no me da buena espina). Dicen que la primera impresión de alguien la tenemos a los diez segundos de conocerle y que luego tardamos años en confirmar racionalmente esa primera impresión. En mi caso, si se me ha arrugado la nariz, no debo hacer el proyecto. Cuando no he hecho caso de esa sensación, la realidad me ha demostrado que debía haberla tenido en cuenta.

 

Cada cuál debe aprender a descubrir cuáles son sus señales de aviso y diferenciarlas de otras señales debidas a un pensamiento posterior. En el ejemplo citado, podría ser sentir a posteriori que la persona no es adecuada para no reconocer que temo entrar en el proyecto.  No son fáciles de distinguir ambos tipos de sensaciones, requieren de un trabajo de sensibilización y autoconocimiento.

Para usar la intuición correctamente debemos conocernos bien y no caer en autoengaños. Tenemos que ser capaces también de captar esa información sutil visceral que nos llega sin previo aviso. Y en general no estamos acostumbrados a escuchar a nuestro cuerpo, nuestras sensaciones y emociones. El ruido exterior y el interior nos vuelven sordos a los mensajes del cuerpo. Por eso hay que volver a afinar el oído para volver a escuchar esos mensajes de tanto valor para nuestra felicidad. Porque no podemos ser felices yendo en contra de nuestras sensaciones más profundas y conectadas.

Y ¿cómo aprendemos a oír a nuestra intuición? Para mi hay dos vías fundamentales:

- Conocerse mejor y si es posible con ayuda externa para evitar los autoengaños.

- Mindfulness para aprender a observar nuestro interior sin juzgarlo y adquiriendo cada vez una mayor capacidad de detectar cualquier cambio por sutil que sea.

¿Es obligatorio hacer esto? Obviamente no. Pero si quieres una vida más conectada contigo mismo, más plena y con más sentido, no vas a encontrar un atajo para lograrlo. Vas a tener que pasar por este afinamiento de tu percepción interna. Ya sabes lo que dice el adagio, los caminos fáciles no llevan muy lejos.

¿Usas tú intuición para tomar decisiones? 

Mertxe Pasamontes

Life Coaching: cómo mejorar tu vida

30 octubre, 2014 - 10:30 - Autor:


El Life Coaching es un proceso de autoconocimiento, aprendizaje y mejora
de nuestra propia vida. Aunque yo insista en que los procesos de coaching estarían indicados para tratar temas que puedan resolverse en 3 a 5 sesiones, el caso del Life Coaching sería una excepción. Porque en el Life Coaching partiríamos del supuesto de que la persona está básicamente bien pero quiere una ayuda extra para llevar su vida  hacia un nivel superior. Yo suelo llamarlo un proceso terapéutico y enmarcarlo en la categoría terapia, pero creo que es más debido a mi propia formación que a otro motivo. Porque las herramientas utilizadas en este caso concreto vienen a ser las mismas.

Un proceso de Life Coaching se inicia con una demanda  por parte del cliente y un compromiso claro con su proceso de cambio. Mejorar cuando nos sentimos mal es relativamente sencillo pues nadie quiere sentirse mal. Pero hacerlo cuando nos sentimos básicamente bien es más complicado pues supone abandonar nuestra zona de confort para ir a un lugar supuestamente mejor pero que todavía desconocemos. Y siempre hay un cierto riesgo de equivocarse. Pongamos por caso que estoy en un trabajo que está bien, tengo un sueldo correcto y me siento bien tratado. Pero creo estar algo estancado profesionalmente. Decido hacer un cambio a un lugar en que pueda sentir que crezco profesionalmente. Es algo que puede salir bien o mal, pero en cualquier caso es un paso a dar si no quiero quedarme muy acomodado en algo que ya no me satisface totalmente.

Las herramientas utilizadas en el Life Caoching dependerán de la formación y trayectoria de cada profesional. En mi caso serían las técnicas probadas dentro del campo de la psicología y el coaching: técnicas cognitivas, la pregunta, PNL, mindfulness, hipnosis, etc.

Una de las actitudes fundamentales de un proceso de Life Coaching es la curiosidad. Cuanto más curiosos somos acerca de un tema más se fomenta nuestra capacidad para aprenderlo. Esta idea que resulta bastante intuitiva se confirma ahora con los resultados de un estudio llevado a cabo por el Dr. Matthias Gruber de la Universidad de California que ha sido publicado en  el Cell Press journal Neuron.

La curiosidad es una forma de motivación intrínseca, es decir una motivación que nos viene de dentro. Cuando tenemos curiosidad por conocernos y saber quién somos realmente damos pie a una apertura mental que nos permite profundizar más en nosotros mismos y conseguir de verdad hacer cambios. El Dr. Matthias Gruber encontró tres formas en que la curiosidad facilita el aprendizaje de algo:

- Cuando tenemos curiosidad acerca de algo, nuestro aprendizaje de ese algo es mucho mejor. Y esa activación facilita a su vez otros aprendizajes que no estén directamente relacionados.

- La curiosidad estimula los circuitos de recompensa cerebrales. Se activa la producción de dopamina (un neurotransmisor cerebral) que nos proporciona sensación de placer.

- Esto a su vez incrementa la actividad del hipocampo. El hipocampo es una región cerebral que ayuda a que se formen nuevos recuerdos y que a su vez interacciona con el circuito de recompensa. Esto conlleva una mayor facilidad para el aprendizaje.

Ser curiosos acerca de nosotros mismos facilitaría pues el aprendizaje de quiénes somos y además podría llegar a ser un proceso placentero gracias a esa activación de los circuitos de recompensa. Es cierto que en ocasiones descubriremos aspectos de nosotros mismos que no nos gustan demasiado, pero eso ya está previsto tanto en una terapia como en el Life coaching y existen diversas técnicas que nos ayudarán a encajarlo. Porque no podemos avanzar si no somos capaces de aceptar tanto nuestras luces como nuestras sombras, nuestras virtudes y nuestros defectos.

Ser curioso acerca de uno mismo es estar realmente vivo y con ganas de seguir avanzando en el camino del despertar. ¿Estás tú despierto? 

Mertxe Pasamontes

¿Quieres de verdad una vida feliz?

22 octubre, 2014 - 10:32 - Autor:

Vida feliz

Muchas personas dicen querer una vida feliz pero no son tantas las que están dispuestas a trabajar en ello para conseguirlo. Es posible que seas uno de esos afortunados que todo lo han tenido fácil desde siempre, a los que la vida les ha sonreído y puede que además a nivel interno te sientas bien. Hay personas así aunque no lo creas. Pero la realidad suele ser a  menudo menos  idílica que eso y la vida feliz no suele llegar de un modo tan sencillo.

Entonces llegamos a eso tan denostado y devaluado en nuestra cultura: el esfuerzo. Porqué tener una vida feliz requiere esfuerzo. Y no cualquier esfuerzo, sino el adecuado y en la dirección correcta. No se trata de dar palos de ciego, sino de trabajar ( mejor guiados) en nuestro interior para de verdad conocernos. Y con ese conocimiento poder tomar las decisiones adecuadas, las que nos conectan con nosotros mismos. Y así podemos tomar decisiones en sintonía con quien de verdad somos y salirnos del guión de vida que nos han marcado.

Pero antes de continuar me gustaría que leyeras esta pequeña historia:

Érase una vez un hombre que buscaba la verdad.

Un buen día llegó a un lugar en donde ardía una innumerable cantidad de velas de aceite. Éstas se concentraban cuidadas por un anciano que, ante la curiosidad de este individuo respondió que ése era el lugar de la verdad absoluta.

Aquel le preguntó que significaban sus palabras, a lo cual respondió que cada vela reflejaba la vida de cada individuo sobre la tierra: “a medida que se consume el aceite, menos tiempo de vida le queda.”

El hombre le preguntó si le podía indicar cuál era la de él.

Al descubrir que la llama estaba flaqueando, a punto de extinguirse, aprovechó un instante de distracción del anciano y tomó la vela de al lado para verter un poco de ésta en la suya.
Cuando estaba a punto de alzar la vela, su mano fue detenida por el anciano diciendo: “creí que buscabas la verdad.”

Como el hombre del cuento muchas veces decimos querer conocernos, pero no es cierto. Lo que queremos es que alguien nos consuele, o nos de la razón o no proporcione una receta fácil para el cambio. De ahí que triunfen las recetas del éxito o el cambio en diez pasos, de manera sencilla y sin esforzarse. O el hacerse rico teniendo una mente millonaria. Pequeñas golosinas que no alimentan pero engordan. Engordan a nuestro ego que se cree que está haciendo algo pero sólo se está comiendo una chuchería. Nada más.

Conocerse requiere de motivación y coraje. Motivación para no desfallecer y mantenernos en el camino y coraje para reconocer esas partes de nosotros mismos que nos nos agradan, pero que también forman parte de quienes somos. Hay que tener valor para darse cuenta de que algunas de las cosas que nos suceden son totalmente responsabilidad nuestra, de nuestras actitudes y conductas. Y otras no. Saber diferenciarlas es una de las claves de la existencia. Saber en qué podemos influir y en qué no. Y actuar en consecuencia.

Y ser capaz de mirar de frente los cambios que necesitamos hacer y hacerlos. Aunque choquen con algunas de las cosas que creíamos ser. Aunque nos lleven a lugares que no habíamos planificado, a una profesión diferente, a otros amigos, a una vida distinta. A deshacernos de cosas que nos habían parecido importantes en el pasado. A renacer a un nuevo yo y a una nueva realidad. A ser por fin quién de verdad somos. Y cuando eso sucede, ya no hay que buscar más la felicidad ya que emerge de manera natural y espontánea. Has llegado a casa.

Y si no sabes cómo hacerlo, recuerda que aquí estoy para ayudarte en ese camino.

¿Quieres una vida feliz? ¿estás dispuesto a conocerte?

Mertxe Pasamontes

Cómo convertirse en un experto

15 octubre, 2014 - 10:45 - Autor:

Ser un experto

Convertirse en un experto en algo es uno de los mantras de nuestra sociedad actual. A pesar de que estamos en el reinado del amateurismo, en gran parte por las facilidades que ha dado Internet para presentarse al mundo, lo que se supone que está valorado es ser un experto. No voy a entrar en los vendedores de humo que se hacen pasar por expertos sin serlo, pues sería tema de otro post. Me voy a centrar en cómo de verdad convertirse en un experto.

Hace bastante tiempo publiqué un post titulado 10.000 horas de práctica en el que comentaba que a raíz de  investigaciones como la realizada por Malcom Gladwell autor del libro Fueras de serie: porque unas personas tienen éxito y otras no se había cifrado en 10.000 horasel tiempo que necesitabas para dominar una materia o habilidad concreta. Gladwell había estudiado casos famosos de éxito (desde los Beatles a Bill Gates) y calculaba que para llegar a la maestría en cualquier área de tu vida debías tener una práctica de unas 10.000 horas. Si haces cálculos suponen unas 20 horas de práctica a la semana durante 10 años (de lunes a viernes, con un mes de vacaciones) o 3 horas diarias todos los días. .

Pero recientes investigaciones, como las citadas por Daniel Goleman en su libro Focus, han añadido algo de complejidad a esta cifra. Goleman dice:

La cosa no se limita, pues, a las horas de ejercicio, sino que también son importantes el feedback y la concentración. Mejorar una habilidad requiere de la participación de un foco descendente. La neuroplasticidad, el fortalecimiento de los circuitos cerebrales más antiguos y el establecimiento de nuevas conexiones para ejercitar la habilidad que estemos practicando, requiere atención. Cuando, por el contrario, la práctica discurre mientras nos ocupamos de otra cosa, nuestro cerebro no reconstruye los circuitos relevantes para esa rutina concreta.

La ensoñación cotidiana arruina la práctica. Poco mejora el desempeño de quienes pasan, mientras se ejercitan, de una cosa a otra. La atención plena parece alentar la velocidad de procesamiento mental, fortalecer las conexiones sinápticas y establecer o expandir redes neuronales ligadas a lo que estamos ejercitando.

Dicho en palabras más llanas, no sólo se trata de repetir y repetir algo para aprenderlo, sino que hemos de ir mejorando esa práctica. Ya he comentado alguna vez que monto a caballo y estoy aprendiendo Doma Clásica. Para aprender a hacerlo correctamente no basta con montar, hay además que tener un profesor pendiente de ti cuando lo haces, que te señale los fallos y te ayude a mejorar tu ejecución. Si no te hacen esas correcciones corres el riesgo de repetir una y otra vez los mismos fallos sin avanzar demasiado. No es que no vayas a aprender nada pro ti mismo pero te faltará el nivel de corrección necesario para ser un experto.

Y además has de hacerlo con atención plena. A partir de unas 50 horas de práctica, las rutinas empiezan a automatizarse. El cerebro es un gran creador de patrones y tiende a automatizar rápidamente como un modo de ahorrar energía. Si mientras realizas la actividad (sea física o psíquica) están pensando en cualquier otra cosa, a tu cerebro le resultará muy difícil salirse de esos progarmas automáticos que ya habrá empezado a establecer. Has de estar pendiente totalmente de lo que estás haciendo.

Y es más, una vez aprendido y alcanzado el nivel, tienes que seguir mejorando. Y para ello has de poder prestar de nuevo atención consciente y contar con feedback Así tus circuitos descendientes, los que parte del córtex hacia los centros inferiores (y hacia los patrones automáticos) podrás seguir incidiendo en la mejora.

Esto no quiere decir que no podamos ejecutar la actividad de modo fluido y dejando que surja lo que ya hemos conseguido automatizar, pero la atención ha de estar focalizada en los momentos clave. Así pues, hay tres claves para convertirse en un experto:

- Practicar y repetir

- Tener feedback de alguien experto en el tema en cuestión

- Poner atención plena en el proceso de aprendizaje y mejora

Es obvio que habrá otros aspectos en juego: motivación, ocasión, capacidades, etc… Pero la metodología cuando se dan las condiciones es la que hemos explicado. Si las condiciones no se dan, habría que explorar otras cuestiones para saber porqué falla la motivación o  porqué se está empeñando alguien en hacer algo para lo no está especialmente dotado.

¿Hay algo en lo que te consideres experto? ¿qué metodología seguiste para conseguirlo? 

Mertxe Pasamontes

Mertxe Pasamontes, psicóloga

Licenciada en Psicología (Universidad de Barcelona) con reconocimiento de la especialidad clínica y acreditación Europea de Experta en psicoterapia (EuroPsy). Licenciada en Humanidades (UOC).
Mertxe Pasamontes
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- Twitter: @mertxe
Con los años he completado la formación académica con un Posgrado en Trastornos mentales (Universidad de León) y la no académica siguiendo el proceso completo que me capacita como Trainer – Master en PNL y Máster en PNL y Coaching (Institut Gestalt). He realizado también un máster en Hipnosis Eriksoniana y uno de Coaching Generativo con Robert Dilts y Stephen Gilligan. Máster en Análisis Transaccional (IAT) y un curso completo de Técnico en Recursos Humanos (COPC). Formada en el método Eagala de psicoterapia y coaching asistido por caballos. Así como 11.000 horas de psicoterapeuta y coach y como Formadora y Conferenciante motivacional.

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