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¿Sirve realmente el coaching?

22 mayo, 2013 - 10:30 - Autor:

Antes de responder a la pregunta de si el coaching sirve o no, creo que sería útil definir qué es. Desde los años 90 hemos presenciado la aparición de un nueva metodología de intervención, tanto en el ámbito personal como profesional que recibe el nombre de Coaching. ¿Pero, qué es el coaching? El proceso en sí, recibe el nombre de coaching y el profesional que lo realiza es el coach. La palabra coach es de origen francés y significa carruaje. El idioma inglés también adoptó la palabra coach para nombrar diferentes tipos de transporte, hasta que en el siglo XVIII se empezó a utilizar el término coaching para un tipo de deporte que se practicaba en carruajes tirados por varios caballos y guiado por un conductor. Y es bueno recordar la etimología del término porque un coach es en sentido estricto un guía, un acompañante. El coach es además un facilitador en el camino hacia la definición y consecución de los propios objetivos. Y un buen coach no se queda sólo en eso sino que es la persona que ayuda a otra a descubrir todas sus potencialidades y sus talentos ocultos. Que la ayuda a ser la mejor versión de sí misma.

Los asturianos, entre los ciudadanos que más deporte practican en España. Foto Europa Press en lainformacion.com

¿Sirve pues el coaching? Sí, sirve para lo que sirve. Y ahora voy a tratar de explicar esta perogrullada. Los orígenes del coaching son anglosajones y en el ámbito de lo deportivo. De ahí saltó a la empresa. Y con el tiempo, al ámbito personal. Me atrevería a decir que gran parte del éxito que ha tenido en España es debido a lo mucho que le cuesta al español promedio aceptar ir al psicólogo, ya que para muchas personas pedir ayuda psicológica es como tener alguna tara o defecto. Y el coaching ha encontrado ahí terreno abonado, pues ir al coach es en cierto modo glamouroso. Y de ahí que se utilice en áreas en que no está indicado, o como mínimo, es poco potente.

¿Cómo distinguir dónde usarlo? Yo establecería en primer lugar una frontera clara que sería el hecho de que exista un trastorno “mental”. Un trastorno mental no es estar loco, que quede claro. Puede ser tener ansiedad, o sentirse con el ánimo deprimido, o comer compulsivamente, o problemas con la pareja,…etc. En este tipo de casos yo recomendaría siempre terapia, ya que conviene profundizar en las causas, en la personalidad y hacer cambios sustanciales. La siguiente línea divisoria la pondría en el tipo de cambio que se desee hacer. A mayor profundidad del cambio, más necesario que sea un buen proceso terapéutico. Qué es un cambio profundo y qué no, lo dejaré a criterio de cada persona y cada profesional, ya que no es mi intención dogmatizar.

Y para que sea más claro lo que he estado explicando te voy a mostrar algunos casos prácticos de uso del coaching, : en empresas, para deportistas en competición, para alguien que tenga un objetivo y no sepa cómo llevarlo a cabo, o que no sepa cómo definir lo que realmente quiere de la vida, o que haya intentado varias veces conseguir algo sin éxito, o que tenga dificultades en seguir un plan de acción, o incluso que sienta que abandona sus objetivos por hacer otras cosas que le interesan menos. O tal vez alguien que quiera iniciar un nuevo proyecto profesional y quiera sentirse acompañado en ese cambio.

Por tanto, la respuesta a la pregunta es muy clara: el coaching es útil. Y añadiría, y la psicoterapia también y no es ninguna vergüenza acudir a un terapeuta. Y como en cualquier tema delicado, lo más importante es que acudas a un buen profesional. Y por si quieres saber cómo elegir un buen terapeuta o coach, te dejo este enlace.

¿Has acudido alguna vez a un coach o terapeuta? ¿Cómo fue la experiencia?

 

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Cómo conseguir cambiar en cinco etapas

15 mayo, 2013 - 10:45 - Autor:

En uno de los post publicado recibí esta pregunta que hoy trataré de responder:

¿Cómo disparar las ganas de autoconocimiento del que está enmarañado en el sistema montado y aunque quiera ver, aunque quiera quitarse la venda, simplemente no sabe en donde tiene las manos para tirar de ella o se las han atado?.

 

El ejercicio físico puede reducir el riesgo de cáncer de próstata en hombres caucásicos, pero no en afroamericanos. Foto Europa Press en lainformacion.com

Para hacerlo voy a aplicar el modelo de cambio de Prochaska y Diclemente, también conocido como el Modelo Transteórico del cambio. Pienso que es un modelo, que aunque de inicio se ha usado para cambios de vida hacia hábitos saludables, se puede aplicar fácilmente a la mayoría de cambios que tengamos pensados hacer en nuestras vidas. Pondré de ejemplo conductor el de una persona que a los 40 se da cuenta de que su profesión no le agrada. Las etapas son las siguientes:

Precontemplación: en esta etapa la persona no es consciente de tener un problema. Es frecuente que haya mecanismos de defensa como la negación o la racionalización. En nuestro ejemplo sería la etapa en que la persona cree que la insatisfacción que siente no tiene que ver con su vida profesional.

Contemplación: en esta etapa la persona se da cuenta de que tiene un problema, empieza a mirar los pros y contras de su situación, pero aún no ha tomado la decisión de hacer algo. En nuestro caso sería alguien que es consciente de que su profesión ya no le gusta, pero no ha tomado la decisión de hacer otra cosa o no sabe cómo hacerla. Puede darse procrastinación en esta etapa, incluso es frecuente que haya excusas, como que no es el mejor momento o que a esa edad será muy difícil hacer un cambio profesional. Este es un buen momento para hacer un proceso de coaching. Si fuera un tema más personal, tal vez sería mejor una psicoterapia.

Preparación: ya se ha tomado la decisión y se empiezan a dar algunos pequeños pasos. La persona pide hora con un profesional y se empieza a evaluar la situación y valorar posibles opciones. Se trabaja en los pasos a seguir.

Acción: la persona toma ya los pasos necesarios, sin excusas, ni demoras. En el ejemplo, la persona empieza a dar los pasos planificados.

Mantenimiento: en esta fase ya se ha producido el cambio. La nueva conducta está instaurada. En el modelo de Prochaska y Diclemente, al ser normalmente utilizado para el cambio de hábitos hacia otros más saludables, se dice que es una etapa importante para la consolidación del hábito. En nuestro ejemplo, la consolidación dependerá de la envergadura del cambio y del momento en que estemos.

Terminación: cuando se trata de un hábito  se dice que éste ya es sólido y es difícil abandonarlo, pues ya forma parte de nuestra vida. En el ejemplo citado, si la persona está ya en una nueva profesión se daría cuando esta ya está consolidada.

Viendo estas etapas, creo que es obvio, que la pregunta que me realizó el lector correspondería a la fase de la contemplación, en la que la persona reconoce el problema pero todavía no ha tomado la decisión de hacer algo específico para cambiarlo. Yo diria que es una de las etapas más delicadas, pues darse cuenta de que se tiene un problema no es demasiado difícil pero tomar la decisión de hacer algo para cambiarlo requiere de un esfuerzo considerable. Y es en dónde la mayoría de la gente se detiene. Muchas personas saben que deberían dejar de fumar, o beber menos, o comer mejor, o hacer más ejercicio, o ahorrar más, o tomarse las cosas con más calma, etc. Pero no son tantas las que se ponen manos a la obra. No exagero si digo  que la contemplación en algunos temas puede durar toda la vida y en el camino realizaremos maniobras disuasorias y huidas hacia adelante para no tener que encarar el verdadero problema.

Visto esto quedará claro que el objetivo en muchas ocasiones va a ser desencallarse y pasar de etapa. Conseguir la motivación que se necesita para progresar hacia la etapa de planificación y dejar de arrastrar el problema como un lastre. Y si no lo consigues, pide ayuda. Y si eso te asusta y te dan ganas de ir hacia la etapa anterior y negar el problema, hazte la pregunta: ¿cómo estaré de aquí a cinco años si no hago nada?

 

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Cuatro ideas para casarse sin morir en el intento

8 mayo, 2013 - 10:40 - Autor:

Hoy he querido hablar de un tema, organizar una boda, que puede parecer baladí. Pero hemos de pensar que en las listas de acontecimientos vitales estresantes el matrimonio figura en séptimo lugar, por delante de situaciones graves como perder el trabajo o la muerte de un amigo íntimo. Esas listas no pretenden decir que un acontecimiento sea más grave que otro, sino valorar cuanto desequilibran la vida cotidiana de la persona . Y obviamente, cada persona los vivirá de un modo diferente.

Lo que hace un agente estresor es alterar la homeostásis, el equilibrio vital de la persona. Pues en contra de lo que mucha gente cree, las cosas positivas de la vida también pueden causar ansiedad. Creo que en este punto estaremos de acuerdo ya que celebrar un matrimonio supone un trastorno de las actividades cotidianas y obliga a organizar una cantidad ingente de cosas. Algo similar sucede en bautizos y comuniones, pero en la mayoría de casos en un grado algo inferior. Por eso me centraré en las bodas, aunque mucho de lo dicho es aplicable al resto de ceremonias.

Cada cuatro minutos se rompe un matrimonio en España Foto Europa Press en lainformacion.com

El nivel de estrés de organizar una boda dependerá de varios factores combinados: la personalidad de los novios, su nivel de exigencia, sus recursos y el tipo de boda que quieran organizar. Basándome en estos cuatro parámetros, voy a tratar de explicarlos y dar algunos consejos para cada uno de ellos tratando de huir de los lugares comunes de que te relajes o te vayas a un spa.

- La personalidad de los novios. Creo que es bastante evidente que si una persona tiene ya una base ansiosa, organizar una boda le va a provocar nerviosismo. Como ya he dicho, es igual que sea algo que ilusione mucho, de hecho la ilusión y el deseo de que salga bien puede añadir estrés a la situación. Del mismo modo si uno de los novios es muy exigente y el otro bastante “pasotilla”, eso provocará conflictos. Por eso hay varias cosas que pueden hacer:

1. Es fantástico que tengas ilusión, así que úsala como un factor de aliento y no como una obligación más.

2. No veas la preparación de la boda como una prueba de si te llevas bien con tu pareja. Se dan circunstancias poco comunes en la organización de una ceremonia y no estar de acuerdo en algo o discutir no quiere decir nada.

3. Casi siempre suele haber un miembro de la pareja más entusiasmado que el otro. Si eres ese miembro, entiende en determinados momentos que para la otra persona es importante, pero no tan trascendente como para ti. Si eres el menos entusiasmado, intenta entender el punto de vista del otro y disfrutar con él. La ilusión es contagiosa.

3. Organízalo con tiempo y tarta de disfrutar de cada etapa. Es un camino no un esprint.

4. En función de tu carácter, trata de prever cómo reaccionas a las situaciones de estrés y tener pensadas las medidas para  minimizar el impacto.

5. Ponte de acuerdo en el papel que ha de tener la familia de cada uno e intenta hacerlo entender y respetarlo. Las buenas intenciones de la familia muchas veces son un problema.

6. Pide ayuda cuando la necesites. No tienes que hacerlo todo solo.

-El nivel de exigencia.  Si estás entre las personas que creen que casarse ha de ser uno de los días más felices de su vida en que todo ha de salir perfecto, te vas a estresar bastante. Intenta reencuadrar tus expectativas por un día en el que disfrutar y en el que habrá cosas más buenas y otras menos buenas. No vas a poder contentar a todos ni controlar todos los imprevistos, así que relájate.

- Los recursos. Si tienes unos recursos limitados, no quieras invitar a 200 personas porque va a ser un infierno. Ajusta la boda a los recursos con los que cuentas de una manera realista, de ese modo podrás hacer algo más contenido pero mejor. Y recuerda que la gente no va a la boda por el menú (casi nadie se lo acaba) sino por acompañarte en ese día especial y pasar un buen rato contigo. Así que dale importancia a lo que realmente importa.

- El tipo de boda. Este punto es un poco resumen de los anteriores. No es obligatorio casarse en la Iglesia o en el juzgado, organizar un gran banquete con barra libre y llevar un vestido de 100 euros. Y menos si tus recursos son bastante limitados. Así que repasa los puntos anteriores, includa tu personalidad y organiza una boda acorde a quien eres. Igual quieres casarte en el campo, con un vestido primaveral y un menú campestre. Hazlo sin complejos. Como si realmente prefieres una boda de película y te la puedes permitir. Lo importante es que esté alineada contigo , tus creencias y tu presupuesto.

Estos pasos son para ayudarte a que disfrutes tanto del proceso como del día de la boda. El objetivo de organizar una ceremonia debería ser disfrutar tú y que disfruten los otros y para eso es mejor estar en consonancia contigo mismo y relajado. Que recuerdes porqué lo haces y lo pases bien. Y tal vez te temblará la voz o te caerá una lágrima en el momento de dar el sí, pero esa emoción forma parte del día. Permite que las cosas sucedan y tendrás un bonito recuerdo, con sus imperfecciones, para siempre.

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Ser feliz haciendo lo que te gusta

1 mayo, 2013 - 10:45 - Autor:

En el artículo sobre el cambio de paradigma social ya anticipé que seguiríamos hablando en otros post de cómo adaptarnos a ese nuevo modelo de sociedad que presumiblemente llegará. Quería deciros, por comentarios que habéis ido poniendo, que no estoy diciendo que se vaya a acabar el sistema capitalista, sino que tendrá que cambiar. Y no por gusto, sino por necesidad. Uno de los puntales del sistema capitalista es que haya crecimiento económico y eso va a ser cada día más difícil. Y además está fallando otro de los supuestos y es el hecho de que haya una gran masa social con capacidad suficiente de compra. El empobrecimiento de la clase media está poniendo esta condición cada vez más difícil. Todo ello nos hace pensar que realmente iremos hacia otro paradigma que seguramente será un híbrido entre un capitalismo más contenido y nuevos modelos postmaterialistas. Aclarado esto pasamos al tema del post.

EFE/FEDERICO RIOS - COPA MUNDIAL DE PARAPENTE

Una de las dudas que podemos tener es cómo encajaremos y qué podremos hacer para ganarnos la vida en ese nuevo modelo social. O incluso puede que tengamos esa duda ya hoy mismo. En el post anterior sobre la inteligencia natural, vimos cómo potenciar nuestra inteligencia para sacar el mejor provecho de ella. Aquí vamos a tratar de cómo ser feliz haciendo lo que te gusta. Nada más y nada menos que un objetivo tan ambicioso como ser feliz. Porque al final lo que todos perseguimos es ser felices o como mínimo gozar de un estado de bienestar lo más parecido a la felicidad posible.

Hemos de pensar que muchos puestos de trabajo han desaparecido o están por desaparecer. La era del trabajo industrial ha tocado a su fin. Gran parte de las labores que realizaban los seres humanos están ahora mecanizadas. Y muchas más se mecanizarán e informatizarán. Pero también están surgiendo nuevas profesiones que antes no existían. Así que podemos intentar adaptarnos a un entorno cambiante o bien crear algo que acabe siendo demandado por el entorno. El primer paso que hay que dar es encontrar tu pasión. Aquí podéis leer una serie de tips sobre cómo encontrarla.Y eso va en la línea de lo que propone Sir Ken Robinson en El Elemento. La idea del elemento es encontrar la confluencia entre lo que nos gusta hacer y lo que se nos da bien. De ese modo hacemos algo que nos gusta, lo que nos permite ponerle pasión y que además se nos da bien, lo que nos hace eficientes. Y eso se alinea con el espíritu de una sociedad postmaterialista, ya que no se trata de hacer algo por dinero, sino porque se disfruta haciendo. Supone un punto de encuentro entre las aptitudes personales y las inclinaciones personales, un lugar en el que puedes sentirte tú mismo y sobre todo sentirte vivo. Es además ese espacio interior en dónde se une la capacidad y la vocación. La capacidad sería una facilidad natural para hacer alguna cosa. Y la vocación tendría que ver con un deseo, con una actitud o inclinación positiva hacia un logro. La actitud es más emocional y se refiere a como miramos nuestra situación  y  a esa sensación interna de capacidad . Y necesitamos además para que el elemento pueda manifestarse en el mundo, que tengamos la oportunidad de encontrarlo en el entorno. O bien que seamos capaces de crear e implementar la oportunidad.

La mayoría tenemos que ganarnos la vida trabajando y en ello se nos va la mayor parte del día. Por tanto, creo que encontrar tu elemento es indispensable para ser feliz. Porque si no corres el riesgo de pasarte la vida haciendo algo que no te gusta, o algo que te gusta pero no se te da bien, con lo que requiere un sobresfuerzo constante que acabará agotándote. Y el tiempo es el material del que está hecha la vida por lo que no estaría bien malgastarlo. Y sí, hay que tener confianza. La confianza de que en nuestro elemento, haciendo algo con pasión, finalmente nos veremos recompensados económicamente. Porque la recompensa emocional, la satisfacción de hacer lo que te gusta, esa la tienes garantizada.

¿Crees que es importante encontrar tu elemento?

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Cómo ser más inteligentes,naturalmente

24 abril, 2013 - 10:45 - Autor:

Cuando hablábamos en el pasado post de que el cambio de paradigma nos llevará a otro modelo de sociedad es posible que te preguntaras cuál será el lugar que tú podrías ocupar en ella. Porque en una sociedad postmaterialista es lógico pensar que se valorarán habilidades distintas a las que se valoran hoy en día. Y esperemos, que esas habilidades demandadas sean más acordes a las capacidades de cada uno de lo que lo son ahora. Porque una de las cosas que hemos hecho como sociedad es uniformizar los perfiles demandados, haciendo de muchos de ellos una commodity.

Foto Europa Press en lainformacion.com

Y es de esperar que la inteligencia sea tan valorada como hoy en día. Pero de una manera más amplia. Pues durante muchos años las únicas inteligencias que han sido realmente valoradas son: la abstracta, la matemática y en cierta medida la verbal. Y eso es una actitud muy reduccionista que deja a muchas personas fuera. Pues según el psicólogo e investigador Howard Gardner, existen ocho tipos de inteligencia que son los siguientes (más info en wikipedia):

1. Inteligencia lingüístico-verbal. Contempla las capacidades relacionadas con el lenguaje, así como la habilidad en el habla y la escritura.

2. Inteligencia lógica-matemática. Capacidad para resolver problemas de manera rápida y eficaz. Comprender modelos, hacer cálculos, formular hipótesis científicas.

3. Inteligencia espacial. Capacidad para presentar ideas visualmente, crear imágenes mentales, percibir detalles visuales, dibujar y confeccionar bocetos.

4 .Inteligencia musical.Capacidad para escuchar, cantar, tocar instrumentos y componer.

5. Inteligencia corporal cinestésica. Habilidad en el control de movimiento corporal que dota al movimiento de flexibilidad, fluidez, fuerza, coordinación visomotora.

6 .Inteligencia intrapersonal. Conocimiento interno, de las propias emociones, de plantearse metas, evaluar habilidades y desventajas personales y controlar el pensamiento propio.

7. Inteligencia interpersonal. Capacidad para entender a los demás, sus estados de ánimo, ver su temperamento, distinguir sus emociones, etc…Es útil para trabajar con gente y ayudarles a ver sus problemas y cómo solucionarlos.

8 .Inteligencia naturalista. Competencia para percibir las relaciones que existen entre varias especies o grupos de objetos y personas, así como reconocer y establecer si existen distinciones y semejanzas entre ellos.

Conocer y comprender que tenemos ocho tipos de inteligencia nos hace más sencillo detectar nuestro tipo de inteligencia natural entre una de ellas.  Ya no nos hemos de ceñir a dos o tres tipos de inteligencia como se clasificaba de manera tradicional, con lo que era probable que no encajáramos en ninguna de ellas. Y eso podía provocar que nos sintiéramos “poco inteligentes”.  Podemos quitarnos también la idea de que sólo unos pocos son los inteligentes. Porque cada persona tendrá una mayor facilidad en unos tipos que en otros, pero es infrecuente que alguien sea muy habilidoso en todas. Con este abanico de opciones, podremos escoger un área que se nos de realmente bien y ser unos expertos en ella. Y orientarnos de ese modo hacia algo en que podríamos destacar.  Hablaremos más ampliamente de cómo escoger bien, pero por hoy lo que me interesa es que te quede claro que la inteligencia no es patrimonio de unos pocos. Y que seguro que tú tienes de manera natural una de estas inteligencias. Así que detecta cuál es la tuya y poténciala.

¿Cuál crees que es tu tipo de inteligencia?

 

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¿Te gusta el irresistible futuro que nos espera?

17 abril, 2013 - 10:30 - Autor:

En estos años que llevamos de crisis hay algo que creo que no acabamos de asumir y es que esto no es sólo una crisis económica sino un verdadero cambio de paradigma. En ciencia se considera que hay un cambio de paradigma (podemos definir paradigma como un modelo explicativo de algo) cuando empiezan a haber cosas que no pueden ser explicadas por el paradigma vigente y se hace necesario introducir cambios sustanciales en el modelo para poderlas explicar. Así es como, por citar un ejemplo, en física pasaron de la mecánica newtoniana a la mecánica cuántica.

Durante mucho tiempo nos hemos guiado por un paradigma capitalista que se sostiene en la sociedad de consumo. Ambas cosas van unidas de la mano, una no puede existir sin la otra. Imagina que durante un mes, todos los habitantes del planeta compraran sólo lo estrictamente necesario, ni una cosa superflua más. ¿Qué crees que sucedería? Se hace difícil de recrear lo que sucedería, pero ya te digo que el sistema capitalista se hundiría. No tendría dónde sostenerse. Y tal vez nosotros con él, pero el ejemplo es sólo para que nos demos cuenta de lo que nos rodea, no para que lo llevemos a la práctica.

Foto Europa Press en lainformacion.com

Desde la Revolución Industrial hasta los primeros años del siglo XXI, se fue creando nuestro modelo de sociedad: una gran parte del trabajo era industrial y servía para crear bienes de consumo. Con la eclosión de la sociedad de masas llegó a su cenit la sociedad de consumo y el mundo occidental se llenó de bienes y objetos, muchos de ellos innecesarios y redundantes. Todavía hay una gran parte del planeta que no disfruta de esa abundancia, pero ya empiezan a tener medios para producir esos bienes por ellos mismos.

Lo que tal vez no hemos pensado es que todos esos años la sociedad capitalista ha vivido de nuestra insatisfacción vital. El sistema capitalista se funda en el fomento de la insatisfacción con lo que se tiene y la estimulación constante del deseo. La idea que subyace es que todos tenemos derecho a satisfacer nuestros deseos materiales, aunque sea a crédito. El problema es que el dinero se ha acabado para la mayoría y ahora se junta una doble insatisfacción: la insatisfacción de no poder consumir junto con la insatisfacción que jamás pudimos satisfacer consumiendo. Porque la satisfacción de comprar cosas es totalmente efímera y se extingue a menudo en el momento mismo de la compra. O poco tiempo después.

Se habla mucho de que tenemos que crecer de nuevo, que es una manera elegante de decir que hay que seguir consumiendo para que el sistema capitalista siga funcionando. Pero no hay dinero, ni trabajo, ni manera de absorber los excedentes de producción y los miles de pisos construidos. Hemos despertado y hemos descubierto que viajábamos como Cenicienta, en una calabaza. Y que no hay Príncipe que vaya a salvarnos de eso.

Porqué una de las pocas cosas buenas que ha traído esta crisis es darnos cuenta de que había una insatisfacción que no se cubría consumiendo cosas. Porque sí que hemos de crecer, pero no como nos cuentan sino interiormente. Hemos de ir hacia esa sociedad postmaterialista que algunos pensadores preconizan. Una sociedad que cuide el medio, que sea más solidaria, que valore más los momentos vividos, las experiencias compartidas, la vida interior. Una sociedad que no se deje engañar por los cantos de sirena o los vendedores de humo. Con personas que valoren más el Ser que el Tener. Con un mejor reparto de los bienes y los recursos. Un mundo en que el ser humano se haga realmente humano. Y en el que la alegría de vivir supere  al placer artificial de comprar.

Puede parecer una utopía, pero para eso están los ideales, para marcar el camino. ¿Hacia qué tipo de sociedad quieres caminar?

En post posteriores iremos hablando de cómo podemos vivir y trabajar en un mundo así. :)

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Ideas para tomar las riendas y cambiar las cosas

9 abril, 2013 - 10:30 - Autor:

Uno de los efectos más perniciosos que está teniendo la larga crisis que estamos viviendo es que muchas personas están cayendo en una especie de indefensión aprendida. Me explico. En los años 70, el psicólogo Martin Seligman realizó unos experimentos en los que se ataba a una serie de perros con arneses y se les daban pequeñas (pero molestas) descargas eléctricas. Se utilizaban tres grupos de perros: el grupo 1 era puesto en los arneses y después liberado, el grupo 2 era atado y podía detener las descargas cuando aprendía a apretar una palanca y el grupo 3 era atado y se detenían las descargas cuando el grupo 2 apretaba la palanca, de manera que los perros del grupo 3 no podían establecer una asociación entre lo que hacían y la detención de la descarga pues sucedía de manera aleatoria para ellos.

Lo fuerte de este experimento es que los perros del grupo 3 desarrollaron una especie de depresión, con graves síntomas de abatimiento. Era como si el perro hubiera aprendido que nada de lo que hiciera podía detener su calvario. En una segunda serie de experimentos con los mismos perros, se les situó de manera que los perros podían escapar fácilmente de las descargas. Los de los grupos 1 y 2 lo hicieron pero los del grupo 3 no. Al no haber hecho el aprendizaje de que sus acciones podían tener resultados, ni tan siquiera intentaban hacer nada.
20.000 personas se manifiestan en Barcelona contra el paro y la corrupción. Foto Europa Press en lainformacion.com

Esa teoría que puede parecer muy experimental es totalmente aplicable a los seres humanos. Muchas depresiones se producen cuando la persona que está pasando por una situación negativa llega a la conclusión de que haga lo que haga no conseguirá aliviarla y cae en esa indefensión. Y creo que en una sociedad puede suceder lo mismo, que llegue un momento en que las personas crean que no pueden hacer nada para cambiar las cosas y entonces tiren la toalla. Y no querría pensar que eso es lo que está pasando en muchos sectores de la población española. Muchas personas han perdido su trabajo, han visto como su casa era embargada y sus derechos recortados. Muchos no logran encontrar un trabajo a pesar de buscarlo con ahinco. Muchas otras hemos sido testigos de como personas “influyentes” eran juzgadas y luego “perdonadas” por defectos de forma o similar o bien indultadas posteriomente, dejándonos la impresión de que la justicia no era igual para todos. Otros han perdido sus ahorros con maniobras torticeras de las que no eran conscientes. Muchas gente está pagando una “fiesta” a la que no fue invitada.

No es de extrañar ante todo ese cúmulo de despropósitos que muchos se sientan como los perros del grupo 3. Que ya no sean capaces ni de hacer lo que sí está en sus manos. Y eso tiene que cambiar si queremos salir de esta. Hay  que volver a creer , confiar y no rendirse. La buena noticia es que se puede reaprender y salir de la indefensión. Así que vamos a hacerlo. Os doy algunas ideas:

- La primera, aunque pueda parecer obvia, es que hay que creer que sí podemos hacer cosas por mal que vayan las cosas. El único modo de mantener el cerebro activo es pensar que sí que hay salida. De ese modo aumentamos la posibilidad de que se nos ocurran nuevas ideas y evitamos caer en la indefensión.

- Del mismo modo que a nivel individual, hemos de pensar que como sociedad sí que tenemos arreglo. Pensar que no lleva a paralizarse y consentir los abusos. Y a dormirse con el “circo” que a diario nos ofrecen de las más diversas formas. Pensar que sí podemos cambiar las cosas nos mantiene despiertos.

- No creer que la situación es permanente. Tenemos que pensar que la situación, por negativa que sea, es pasajera. Las cosa pueden ir, e irán, mejor.

- No personalizarlo. Sí, te ha sucedido a ti. Pero no tiene que ser  debido a una característica de tu personalidad imposible de cambiar. Es posible que tengas que aprender de tus errores y adquirir nuevas habilidades, pero puedes hacerlo.

- Acotarlo. Siempre que sea posible hay que hacer lo que yo llamo “compartimentos estancos” y procurar que si nos va mal en una área de nuestra vida eso no se extienda a todas las demás áreas de la misma. Valora lo que si funciona y presérvalo.

- Perseverar. No hay que dejarse llevar por el abatimiento cuando no conseguimos las cosas. A veces las cosas tardan más de lo deseado, pero hay  que seguir intentándolo.

- Ser solidario. Tal vez tú no estás sufriendo, pero otros si lo hacen. Haz algo para aliviar su sufrimiento, no sólo por bondad sino porque mañana podrías ser tú el que estuviera sufriendo.

Hay que creer que otro mundo es posible y luchar por conseguirlo. Cada uno con sus medios, del modo que más se ajuste a sus posibilidades pero sin conformarse con cualquier cosa. Protestando o denunciando las injusticias. Negándose a ser participe de ellas. Colaborando con los demás del modo que se pueda y sepa. Estando despierto y no dejándose engañar por cantos de sirena. Ni tampoco permitiendo que te asusten con amenazas de caos. Es cierto que una sola persona, por mucho que haga, lo tiene difícil para cambiar algo. Pero muchas personas, incluso con pequeños gestos, pueden cambiar mucho. Así que, sólo puedo decirte: toma las riendas de tu vida y cambia lo que necesite ser cambiado.

¿Cuál podría ser tu contribución al cambio?

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9 maneras de afrontar la crisis

2 abril, 2013 - 10:30 - Autor:

Llevamos ya cinco años de crisis y parece que todavía queda para un buen tiempo. En un estudio reciente publicado en la revista European Journal of Public Health puede verse cómo han aumentado las consultas por problemas de salud mental en atención primaria desde el 2006 al 2011. Y los datos son realmente alarmantes. No quiero dar un montón de datos que resulten mareantes (podéis consultarlos en la fuente citada), sólo decir que ha habido un aumento considerable de los siguientes trastornos:  depresión mayor, distimia, trastornos de ansiedad y dependencia de alcohol. Y eso en un momento en que los servicios de atención primaria han visto mermados sus recursos. Por todo ello podemos afirmar que la crisis ha hecho aumentar los problemas de salud mental y además parte de esta demanda está desatendida.

20.000 personas se manifiestan en Barcelona contra el paro y la corrupción. Foto Europa Press en lainformacion.com

Es obvio que lo que requieren esos trastornos es una adecuada atención profesional. No obstante y sin ánimo alguno de banalizar los graves problemas que algunas personas están pasando, podemos procurar prevenir y en cierta manera atenuar, aunque sea en una pequeña medida, los efectos de la situación. Y para ello, voy a dar una lista de ideas, que sin pretender ser exhaustiva, nos puede ayudar a nosotros o a los que nos rodean en esa tarea de no caer en el desánimo. Estas ideas están basada en los trabajos de Bernabé Tierno y Ari Paluch y son las siguientes:

Sentido del humor. El humor es un gran protector frente a los problemas y es un recurso que todos podemos tener más o menos a mano.

- Estar al mando de la propia vida. Hay que recuperar una sensación de estar al mando de la propia vida, de no ser sólo peones en una partida que no jugamos nosotros. Es cierto  que no podemos controlar todas las cosas que nos suceden, pero podemos elaborar planes de acción y sobre todo podemos cambiar nuestras actitudes al respecto.

- Huir del victimismo. Sí, puede ser que la vida no te haya tratado bien y que parte de eso no sea culpa tuya. Y puedes quejarte de aquello que consideres injusto. Lo que no sirve de nada es caer en el victimismo, sacudirte de encima cualquier tipo de responsabilidad y pretender que te solucionen la papeleta los demás. Reparte las responsabilidades que haga falta pero asume tu parte. De lo contrario el timón de tu vida lo llevan otros.

- Fomentar las relaciones. El ser humano como todos sabemos es un ser social, por ello es esencial no perder las relaciones sociales especialmente en situaciones difíciles. Muchas personas se aíslan cuando tienen problemas, temen molestar o incluso se avergüenzan de lo que les sucede. Aislarte cuando vienen mal dadas sólo sirve para empeorar la situación.

- Resiliencia. No va a haber más remedio que tirar de resiliencia, sacar los recursos internos y la fortaleza interior y seguir adelante. Es posible que no te apetezca hacerlo, pero en algunas situaciones es la única opción viable. Cuanto antes te actives más pronto las cosas empezarán a mejorar.

- Dar un sentido a la vida. Si has leído El hombre en busca de sentido de Victor Frankl, sabrás que cuando una persona tiene un motivo para vivir lucha con todas sus fuerzas para salir adelante. Frankl consiguió sobrevivir en el campo de concentración en el que fue recluido con la esperanza de salir de ahí y volver a ver a su mujer. Si lo lees, verás que es de los libros más duros y a la vez más esperanzadores que leerás en tu vida.

- Haz lo que temes. En ocasiones las decisiones y acciones a tomar nos asustan, no sabemos si seremos capaces de hacerlas. Pero la única forma de vencer el miedo es mirarlo de frente y afrontarlo. No hay fórmulas mágicas, hay que hacerlo.

- Haz lo que debes. Muchas veces, hay que hacer lo que toca hacer. No importa si apetece más o menos, si estás más o menos motivado.

- Espiritualidad. No hablo de una espiritualidad religiosa, sino de una sensación de sentido, de ser parte de algo más grande que uno mismo, de sentirte conectado con los demás y con el mundo.

Sé que son ideas más fáciles de decir que de llevar a la práctica. Pero de eso se trata, de hacerlo. Aunque cueste. Aunque sea difícil. Porque te va tu estado anímico en ello. Porque no tienes nada que perder.

 ¿Cuáles de estas propuestas crees que te sería de utilidad?


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Gili,M. Roca,M.Basu, S (2012) The mental health risks of economic crisis in Spain: evidence from primary care centres, 2006 and 2010. European Journal of Public Health

Saborear la vida a pequeños sorbos

26 marzo, 2013 - 9:30 - Autor:

Se nos presentan por delante unos días festivos. Ya comentamos la semana pasada cómo afrontar las vacaciones para disfrutarlas al máximo. Hoy querría aportar unas ideas que podemos empezar a poner en práctica durantes los días festivos, pero que tendríamos que practicar a diario para cambiar la calidad de nuestras vidas. Porque es esa calidad la que determina si tenemos una vida plena o no.

Ya os anticipo que no es una idea nueva de la que os voy a hablar, pero también es cierto que no suele aplicarse. Porque a veces lo que aparentemente es más sencillo es lo que se nos hace más complicado. Y esa idea es: disfrutar de las pequeñas cosas. Lo sé, lo has oído muchas veces. Pero: ¿lo haces?. Plantéate si te levantas cada mañana sonriendo por el nuevo dia que tienes ocasión de vivir, si disfrutas al sentir el agua de la ducha, si besas a tu pareja o a tus hijos sintiendo de verdad la emoción de hacerlo, si aprovechas ese pequeño paseo para mirar a tu alrededor y descubrir que te envuelve, si te alegras ante la lluvia que limpia el ambiente, si ríes con facilidad, si comes con placer, en resumen, si realmente gozas con los pequeños instantes que te depara el día a día.

Sabores. Foto Europa Press en lainformacion.com
Es posible que algunas de las cosas que he citado ya las hagas. Pero por si no las haces o por si quieres practicar nuevas maneras de hacerlo aquí te dejo unas pistas muy “sensoriales”:

Practicar una nueva mirada. Trata de mirar las cosas como si fuera la primera vez, descubriéndolas de nuevo. No tengas ninguna idea preconcebida, deja que la realidad te sorprenda. Déjate extasiar con un paisaje, una obra de arte o la belleza de alguien. Aprende a acariciar el mundo con la mirada.

- Escuchar los sonidos del mundo. Renueva tu relación con los sonidos, escucha a los demás tratando de captar los matices de su voz, o disfruta de la música que te haga emocionarte de algún modo. Y aunque parezca paradójico, aprende a disfrutar del silencio. Trata de estar cada día en silencio durante algún tiempo, aunque sea sólo cinco minutos. Escucha ese silencio y relájate.

- Estar presente en los sabores. Cada día comemos, pero muchas veces no somos del todo conscientes de los sabores de lo que comemos. Más frecuentemente de lo que deberíamos, engullimos la comida sin apenas reparar en su gusto. Por ello es bueno recuperar el placer por la comida, por degustar cada bocado, sin prisa, dejando que el sabor nos deleite. No es fácil hacerlo toda una comida cuando estamos desentrenados, pero intentarlo es ya un primer paso.

- Sentir a través del tacto. La piel es el sentido que más extendido tenemos ya que recubre todo nuestro cuerpo. Por eso es tan importante permitirse sentir a través del tacto, notar las texturas, la diferente temperatura de las cosas, acariciar y ser acariciado, dejar que se sensibilice nuestra piel, nuestro tacto. Es además un gran modo de establecer contacto con los demás (siempre con respeto y consentimiento).

- Conectarse a través del olfato. El olfato es uno de los sentidos más potente y que nos lleva de un modo más directo  a nuestro cerebro primitivo. Nos conecta con las emociones y los recuerdos de manera casi instantánea. La vida está llena de olores y percibirlos nos hace entrar de lleno en muchas situaciones. Obviamente, es mejor practicar en lugares que desprendan un aroma agradable, deleitarse con ellos, aprender a reconocer un lugar o a una persona por su olor.

Como observarás, todas las ideas que te he dado pasan por recuperar nuestra sensorialidad en el presente, en el aquí y ahora. Y ello se debe a que la única manera de disfrutar de las pequeñas cosas de la vida es estar en el aquí y ahora, en lo que sucede en cada instante y no en los grandes planes para el futuro. Y una de las mejores maneras para hacerlo es parar la mente y perdernos en nuestro sentidos.

¿Te animas a practicar?
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¿Desconectar en Semana Santa?

21 marzo, 2013 - 8:51 - Autor:

Estamos cerca de las vacaciones de Semana Santa y es posible que ya estemos pensando en ellas o incluso preparándolas. Para algunos son como un fin de semana largo de unos cuatro días y otros las alargan entorno a una semana. Un dato sobre estas fechas es que son los días del año en que se produce  mayor movimiento de personas. Es probable que con la crisis el número de desplazamientos a destinos vacacionales haya disminuido  pero al ser pocos días los desplazamientos se concentran mucho y por tanto continúan siendo notables.

Vacaciones. Islas Canarias. Foto EuropaPress en lainformacion.com

Es bueno tener unos días para cambiar de la actividad habitual y es desde luego una buena idea aprovecharlos. Pero hay cosas que deberíamos tener claras sobre lo que se puede hacer en unas vacaciones tan breves y lo que no. Veamos algunos puntos que pueden ayudarte a pasarlo mejor:

- Los días son limitados y cualquier desplazamiento te va a llevar algo más de tiempo de lo habitual porque hay mucha gente moviéndose a la vez. Tenlo en cuenta a la hora de planificar.

- Para desconectar de verdad se necesita de una a dos semanas. En menos tiempo el cuerpo no se entera del cambio de ritmo y por tanto la desconexión es parcial.

- Siguiendo con lo dicho en los dos anteriores puntos, al ser un período breve, las actividades a realizar serán limitadas. No te satures más de la cuenta porque si no volverás más cansado de lo que te fuiste.

- Si estás en España, la Semana Santa se produce a inicios de primavera con lo que el tiempo atmosférico es variable. Tenlo en cuenta a la hora de programar actividades y ten opciones para lluvia o frío  pues de lo contrario es fácil que acabes decepcionado.

- Trata de vivir el momento, de disfrutar de esos pocos días que tienes para cambiar el ritmo y no pretendas que todo sea como tu quisieras. Te ahorrarás disgustos si no te peleas con la realidad.

- Piensa que es probable que en estos días tengas muchas más horas de convivencia con tu pareja o tus hijos. Acepta ese hecho y trata de ser tolerante. Es fácil engancharse por tonterías y acabar enfadado todo el día.

Y en último extremo, pensar que las vacaciones más importantes son las vacaciones mentales.  Darse unas vacaciones mentales es en cierto modo darse unas vacaciones de uno mismo, de tus rutinas, de tus hábitos y costumbres, de tus patrones de pensamiento más habituales. Es darte la oportunidad de tener nuevas experiencias y con ello tener nuevos aprendizajes. Es poder ensayar comportamientos diferentes,  nuevas actividades, nuevas actitudes. Y eso lo puedes hacer sin salir de casa, permitiéndote experimentar las cosas de otra manera. Dejando que se amplíen tus opciones y descubriendo lo que ello te aporta. Y no es ni siquiera necesario que sea festivo para hacerlo, puedes irlo probando a pequeños sorbos cada día. Puedes vivir más en el momento y disfrutar de todo lo que cada instante te puede aportar. Así que no esperes más y empieza a darte pequeños momentos de vacaciones ahora mismo. No sabemos qué resultado te dará pero en cualquier caso, será un buen entrenamiento para aprender a desconectar.

¿Cómo te tomas los días de vacaciones?
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Mertxe Pasamontes, psicóloga

Licenciada en Psicología (Universidad de Barcelona) con reconocimiento de la especialidad clínica y acreditación Europea de Experta en psicoterapia (EuroPsy). Licenciada en Humanidades (UOC).
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Con los años he completado la formación académica con un Posgrado en Trastornos mentales (Universidad de León) y la no académica siguiendo el proceso completo que me capacita como Trainer – Master en PNL y Máster en PNL y Coaching (Institut Gestalt). He realizado también un máster en Hipnosis Eriksoniana y uno de Coaching Generativo con Robert Dilts y Stephen Gilligan. Máster en Análisis Transaccional (IAT) y un curso completo de Técnico en Recursos Humanos (COPC). Formada en el método Eagala de psicoterapia y coaching asistido por caballos. Así como 11.000 horas de psicoterapeuta y coach y como Formadora y Conferenciante motivacional.

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