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Relación con la madre y autonomía del embrión

7 abril 2011 - 14:59 - Autor:

Conocer biológicamente el apasionante diálogo entre el embrión y su madre durante la gestación podría dejar mudos a quienes niegan la  individualidad y autonomía de éste. El embrión crece como un ser propio independiente en el cuerpo de su madre, y sin que ella lo rechace, gracias al diálogo molecular entre la gestante y su hijo desde el inicio del embarazo. Ambos viven así en una simbiosis perfecta durante nueve meses.

Desde el primer día de vida se desarrolla un diálogo molecular entre el embrión y la madre. Mientras éste atraviesa las Trompas de Falopio maternas, envía avisos moleculares y la madre responde, produciendo varias sustancias que permiten el crecimiento del embrión y le inyectan toda la vitalidad que necesita porque, durante los 5 primeros días de su vida, no dispone de más energía que la guardada en el óvulo. Las moléculas de superficie, complementarias de las del embrión, le permiten a éste rotar a lo largo del recorrido y le indican el lugar donde debe detenerse para anidar.

Además, este diálogo molecular convierte al sistema inmunológico materno en tolerante hacia el embrión, mitad materno y mitad paterno. Este clima de tolerancia inmunológica creado en el diálogo molecular hace que las defensas de la madre se desactiven contra lo extraño, y que la madre perciba al embrión sin rechazarlo, a pesar de no ser algo propio sino diferente de ella, anulando las señales de peligro que activarían sus defensas. 

Este proceso biológico natural de tolerancia inmunológica tiene lugar a través de una red de sustancias que liberan armónicamente madre e hijo y que actúan localmente silenciando todas las células maternas que generarían el rechazo natural hacia lo extraño: las denominadas células “asesinas naturales”, los linfocitos T, tóxicos para las células extrañas; y los linfocitos B, que producen los anticuerpos de rechazo.

La gestación se convierte así en una convivencia de dos vidas: el hijo no es una parte de la madre ni tampoco un injerto, que sería rechazado.

Dos vidas intercambiando células

Uno de los últimos avances en la investigación ha descubierto el fenómeno del microquimerismo fetal. Se trata de un intercambio de células entre madre e hijo durante los nueve meses del embarazo, que hace que algunas células madre de la sangre del feto y la placenta, que son pluripotenciales (pueden transformarse en cualquier tipo de célula), pasen a la circulación de la madre y viceversa.

Por este intercambio, los órganos de la madre contienen células procedentes del feto que ha gestado (de 2 a 6 células por mililitro en la sangre). Estas células fetales jóvenes pasan a la madre e incluso se guardan en la médula ósea formando parte de la reserva natural de células que todos tenemos. Por ser más jóvenes que las de la madre, estas células del embrión, tienen una gran capacidad de autorrenovación y colaboran con las células madre adultas en la función regenerativa del cuerpo de la mujer. Existen datos de la participación de estas células en la reparación del corazón de madres que padecían cardiopatías. Al analizar esas células del corazón se observó que contenían el cromosoma Y, exclusivo del varón, y por lo tanto eran células que provenían del embarazo previo de un niño.

Se ha comprobado que estas células se traspasan a partir de la cuarta semana y que luego la mujer las conserva toda la vida. Este descubrimiento puede tener importantes aplicaciones clínicas porque son células diferentes que conviven en armonía.

Toda la información biológica expuesta evidencia que la relación del embrión con la madre no supone carencia de autonomía como individuo. La gestación aporta, a manera de nicho natural, las señales moleculares y celulares necesarias para las etapas del desarrollo del embrión. La relación con el medio difiere en las diversas etapas de la vida del individuo sin que suponga en ninguna de las etapas diferencia de entidad ontológica.

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4 Comentarios

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Felicidades !!! gracias por su lenguaje descriptivo y por transmitir conceptos de vanguardia. Muchos años de bienestar.

A mi me causa especial emoción, saber que dejé un rastro indeleble en mi madre. Y que de igual manera, mi esposa, madre de mis hijos, no solo los llevó dentro de su vientre, sino que también guardó en su memoria y para siempre mi paso por ella.

Impresionante¡¡¡ y que las células del bebé que se traspasan a la madre duren toda la vida es asombroso. Será por eso que las madres sentimos a los hijos diferente a como los sienten los padres? sin ánimo de causar alboroto…

La evidencia de que la vida de una persona inicia desde el momento de la unión de ovulo y espermatozoide es clara. Gracias por evidenciarla.

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Sobre Natalia López Moratalla

Natalia López Moratalla (Granada, 1946) es docente, investigadora y divulgadora científica. Licenciada en Ciencias Químicas y Doctora en Ciencias Biológicas es, desde 1981, Catedrática de Bioquímica y Biología Molecular por la Universidad de Valencia. Cuenta con cuarenta años de carrera docente en Bioquímica y participa en diversos Máster de Biociencias. Ver más

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