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La falacia del Diagnóstico Preimplantacional en la gestante mayor

19 agosto 2012 - 18:04 - Autor:

“El Diagnóstico Genético a los embriones in vitro (DGP), un aliado para conseguir un embarazo a partir de los 40”. Con este titular,  y abanderando algunos datos de la Asociación para el Estudio de la Biología de la Reproducción (Asebir), encabezaba su artículo El Mundo digital, describiendo el DGP como la panacea para las madres mayores.  “Reduce la tasa de abortos, permite detectar defectos cromosómicos…”

Bajo estas premisas no fundamentadas en el rigor científico, y ante el creciente número de madres de edad avanzada, el DGP se practica  cada vez más en los ciclos de fecundación in vitro. Sin embargo, ni el DGP salva a las gestantes mayores, ni los neonatos se “salvan” de sufrir posibles taras añadidas a las que ya se ha comprobado sufren los bebés nacidos por fecundación in vitro (FIV).

Está claro el interés de los centros de reproducción asistida en que la sociedad crea esta falacia de que “no importa el reloj biológico”. Pero lo cierto es que el DGP está muy lejos de solucionar el problema creciente de la infertilidad y de la mayor incidencia de defectos cromosómicos (que se duplica en mujeres mayores).

Además, el Diagnostico es muy agresivo, supone una eugenesia directa: miles de embriones se pierden en el camino, y los que quedan se desconoce los efectos que la biopsia pueda tener en ellos. La técnica tiene errores, puede dar falsos positivos y falsos negativos. Y lo peor de todo, es que a pesar de que supone la destrucción de innumerables vidas, ni siquiera su aplicación mejora los resultados de éxito en madres mayores. Y este es el mensaje que debe conocer la sociedad. Veamos los datos.

La maternidad tardía, sobre todo si es el primer hijo, tiene un precio. Las mujeres que a edad avanzada aún son fértiles, tienen más riesgo de engendrar hijos con defectos cromosómicos, por lo que,  a pesar de ser fértiles, son llamadas a someterse a una in vitro y a pagar un DGP para tener posibilidad de destruir los embriones que al tercer día de vida tengan tara. El problema es que la FIV, debido a la estimulación ovárica, para conseguir en torno a 10 óvulos por ciclo, genera más malformaciones aún. De hecho si el 50% de los abortos espontáneos tienen alteraciones cromosómicas, los abortos espontáneos de la FIV tienen alteraciones en un 65%.

Escasa eficacia

La prueba requiere la extracción de una célula a un embrión de 8 en su tercer día de vida. Una técnica muy agresiva que deja a muchos embriones en el camino.

Según los datos de los centros europeos de reproducción asociados en consorcio (ESHRE), por cada 2000 ciclos, resultan aproximadamente 17 mil embriones, y sólo se consigue biopsia de unos 12.000. Se transfieren unos 3000, de los que se consiguen unos 400 embarazos y nacen unos 330 niños.

Así, tras descartar los embriones “defectuosos”, y congelar algunos “aptos”  para futuras transferencias, quedan unos pocos “seleccionados”, los súper embriones.  Pero aún éstos sufren otros defectos por la manipulación.  De los recién nacidos por esta técnica, y que se han podido seguir médicamente tras la biopsia, algunos presentaron malformaciones graves, otros más leves, y varios mueren al nacer. Los que sobreviven mantienen un estado de salud similar a los nacidos por reproducción asistida, siempre peor que los engendrados naturalmente. (Cuad. Bioética XXII, 2011/2°. Selección de embriones humanos: Diagnóstico Genético Preimplantación).

La técnica de la biopsia, a la luz del fatal destino de la mayoría de los embriones, está lejos de ser inocua, y tampoco eficaz. Así lo reconoce el Coordinador de la Sociedad Española de Fertilidad de Navarra, Dr. Jesús Zabaleta: “Se pensó que con el DGP mejorarían las tasas de implantación, al evitar los embriones con carga cromosómica anormal, que suponen un porcentaje bastante elevado. Pero en la práctica esto no ha sido tan bueno como se pensaba. El DGP no permite aumentar las posibilidades de embarazo, porque los embriones sanos que se transfieren tienen que implantarse de igual manera.  Además, la tasa de abortos es prácticamente la misma con DGP que sin ella”, concluye.

Técnica a prueba

Al margen de los resultados, la metodología del DGP, por la que unos embriones se escogen y otros se descartan, se ha discutido en la comunidad científica dados los elevados y frecuentes errores de diagnóstico.

El sistema de análisis ha resultado incapaz de detectar las alteraciones que se buscan sin margen de error. Por una parte, se han hecho con datos de biopsias de embriones de 3 días antes de su compactación. Y el elevado nivel de mosaicismo cromosómico (errores en las primeras divisiones celulares), característicos del embrión temprano, ha hecho que una célula no sea representativa del embrión. Por otra parte, se ha usado la técnica de fluorescencia, que es incapaz de examinar todos los cromosomas, ya que apenas lee 7 u 8 del total (23 pares). Por todo ello, existe falta de seguridad en el diagnóstico.

Además, se sabe que durante la primera fase del desarrollo embrionario las células alteradas, en su mayoría, van desapareciendo de forma natural. Es muy significativo el hecho ocurrido en 2011 en la Reunión del ESHRE, celebrada en Estocolmo. Un estudio del equipo de William G. Kearns, director del Centro “Shady  Grove” de Preimplantación Genética en Maryland, ponía de manifiesto que los embriones con células defectuosas a los tres días de vida, por tener cromosomas de más o de menos, pueden corregir realmente sus errores genéticos, dos días después. Ya que se ha descrito la posibilidad de que las células anormales mueran o incluso sean expulsadas hacia la zona exterior del embrión, y dar lugar a los tejidos extraembrionarios. De hecho, un porcentaje de células de la placenta poseen errores en el número de cromosomas sin que eso afecte al desarrollo embrionario.

En definitiva, serias objeciones de ciencia por las que debería reevaluarse la práctica, métodos y fines de esta prueba diagnóstica.

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Sobre Natalia López Moratalla

Natalia López Moratalla (Granada, 1946) es docente, investigadora y divulgadora científica. Licenciada en Ciencias Químicas y Doctora en Ciencias Biológicas es, desde 1981, Catedrática de Bioquímica y Biología Molecular por la Universidad de Valencia. Cuenta con cuarenta años de carrera docente en Bioquímica y participa en diversos Máster de Biociencias. Ver más

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