Yo sin mi cuerpo
Investigaciones recientes en Neurociencia apoyan la hipótesis de que, si bien el estado consciente es una propiedad emergente de la actividad neuronal, es el sujeto, liberado del encierro en el presente, quien asume el control del código del tiempo.
La conciencia relaciona el yo con las experiencias de los sucesos y reconoce la propia identidad personal a través de la sucesión temporal de las vivencias del pasado, el presente y un presagio de futuro. Lo que indica que el yo posee una estructura temporal somatizada en el cuerpo, y que las personas perciben el yo dentro de sus límites corporales. Sienten el cuerpo como suyo y toman conciencia del entorno a partir de la perspectiva corporal: “yo siento, yo pienso, yo recuerdo, yo decido”.
Pero en circunstancias excepcionales -como son las experiencias de quienes has salido después de un breve tiempo de paro cardiaco-, la percepción continua de si mismo, la mismidad, se da separada de la percepción del cuerpo. ¿Cómo es posible?
La investigación científica sobre la conciencia del yo se enriquece con el análisis de otras formas de conciencia, que tienen en común una des-sincronización de los procesos sensoriales. De especial interés, y gran actualidad, son los estudios acerca de las experiencias del “yo sin mi cuerpo”, un estado especial de conciencia que incluye la sensación de estar fuera del cuerpo, observándose así mismo desde una altura y volviendo conscientemente después al cuerpo. Se trata de una de las vivencias que forman parte de la experiencia de la inminencia de la muerte con idénticas características en personas de todas las culturas y todas las épocas.
Más aún, es universal también que tras esas experiencias, se produzca un cambio en las formas de entenderse, entender la vida y la relación con los demás. Esta experiencia de eventos conscientes, recordados después, mientras las personas están clínicamente muertas por un paro cardiaco, plantea que existe más conciencia y memoria de lo que puede ser explicable solamente por una buena integración de actividad neuronal.
La conciencia de la propia identidad, como sentimiento consciente, necesariamente anclado al cuerpo en condiciones habituales, no lo está en otros estados de autoconciencia, lo que apoya que ésta no se confunde ni se identifica con los procesos neuronales.
Se ha analizado ampliamente la experiencia del “yo sin mi cuerpo” en personas que han sobrevivido a una parada cardiaca de pocos minutos de duración. Los pacientestienen un claro aumento de la conciencia, recuerdan después con nítida memoria, mantienen su auto-identidad, conocimientos y emociones intensas. Este tipo de experiencias extracorpóreas supone la disolución de la sensación de unidad en el cerebro entre las dos representaciones corporales, y una debilitación de la conexión entre tales representaciones y las del entorno espacial inmediato.
Los pacientes ven un segundo cuerpo propio en el espacio corporal extrapersonal y se identifican y localizan en uno o en otro. La localización extracorporal y la identificación de sí mismo en el cuerpo ilusorio es completa en las experiencias de “yo fuera de mi cuerpo” que miles de personas relatan haber tenido en situación de muerte inminente.
Esta experiencia, no puede ser reducida, afirma Lomme a la imaginación, miedo a la muerte, alucinaciones, psicosis, uso de drogas o deficiencia de oxigeno en el cerebro, sino que significa una continuidad de la conciencia en el tiempo. Para otros es una alucinación más, aunque no es fácil de explicar. La naturaleza subjetiva y la falta de un marco de referencia para esta inefable experiencia hacen que el vocabulario usado para describirla dependa del individuo, de su cultura y religión.
Así, lo que estas experiencias ponen de manifiesto es que la conciencia puede ser experimentada en otra dimensión aparte de nuestro espacio-tiempo convencional, en la cual todos los eventos pasados, presentes y futuros pueden ser observados simultánea e instantáneamente. La identificación conciencia-cerebro resulta restrictiva para el intento de explicar el significado de estos fenómenos.
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Frente a la dicotomía cuerpo-alma existe el enfoque tricotómico: cuerpo-alma-espíritu. Se entiende así que mientras en una mística el alma anima el cuerpo, su espíritu está lejos. Algo similar ocurrió en la “dormición” de la Virgen María: su alma animaba todavía el cuerpo, pero su espíritu ya estaba con Dios.
Comentario Publicado por: manuel | 27 septiembre 2012 - 13:30