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Homosexualidad masculina y femenina: la base “matemática” de una diferencia

28 noviembre 2012 - 10:00 - Autor:

Continuando con la información que ofrecimos en el en el post anterior, parece de interés volver a algunos aspectos que, por los comentarios de muchos de los lectores, parecen requerir más detenimiento. Por cierto, gracias por ellos.

En primer lugar, ¿qué nos viene dado por la herencia genética en la configuración “innata” del cerebro? La respuesta es sencilla. Uno, el sexo biológico, determinado por el par de cromosomas sexuales, XY en el varón y XX en la mujer. El cromosoma X contiene muchos genes de los que organizan la arquitectura cerebral y sobre todo las conexiones y no es igual tener una dosis o dos de este cromosoma. Veremos con detalle por qué. Y dos, la herencia genética nos da también la base innata de una sola de las “múltiples” inteligencias de todos los hombres, sea cual sea su sexo biológico: la inteligencia analítica, que se mide por el llamado QI, Coeficiente de Inteligencia. Es lo que recoge el dicho popular, “lo que la naturaleza no da, no lo presta la Salamanca” (refiriéndose a su pionera y famosa Universidad).

En segundo lugar, ¿Qué diferencia existe entre una predisposición innata y una tendencia adquirida? La respuesta está sujeta a la mezcla genes-cultura debido a la gran plasticidad del cerebro humano. Veamos un ejemplo.

Toda una serie de variantes de los genes que desarrollan y maduran el cerebro, algunos de ellos situados en el cromosoma X, o en otros cromosomas, influyen en el temperamento, más o menos violento o más o menos tranquilo. Tener una predisposición a la violencia, por ejemplo, no determina que la persona llegue a ser un asesino en serie. Es una “predisposición”, que puede consolidarse o no según sea su vida, sus relaciones, educación, experiencias, vivencias,  etc., que hace que se desarrolle o no un tipo de circuitería del cerebro. Es lo que refleja el dicho “cada uno es responsable de su propia idiotez al menos a partir de los 40 años”. Quien no se cultiva, aunque tenga 180 de Q.I. nunca será un Einstein.

Desde la vida prenatal el cerebro se organiza con un patrón bien femenino o bien masculino porque es un órgano sexuado, como son los testículos y ovarios, o los genitales. Un patrón que depende de las hormonas sexuales y los receptores del cerebro que las reciben. El patrón en los dos primeros años de vida se desarrolla y reafirma debido a los grandes cambios hormonales en ellos y ellas. Y a partir de la pubertad, a lo largo de la adolescencia, “cuajan” las conexiones entre las neuronas con el perfil en que genes y vida se han combinado. Así, los receptores de las hormonas femeninas (estrógenos, principalmente estradiol) y las masculinas (andrógenos, especialmente la testosterona) se distribuyen de forma muy distinta en uno u otro cerebro, aunque todos tenemos las diferentes hormonas y sus receptores.

 

¿Qué difiere en la homosexualidad de ellos y ellas?

Como decíamos en el post anterior, en los seres humanos existen dos variantes genéticas del receptor de andrógenos situado en el cromosoma X. Una de las dos variantes capta con gran fuerza la testosterona y la otra con muy poca eficacia.

Los hombres (XY) al tener una sola copia del X pueden tener alta o baja sensibilidad a la testosterona. No es el único factor, pero simplificando la genética podemos decir que aporta una predisposición a una gran o a una débil sensibilidad a la testosterona. En el segundo caso su cerebro sexual podría presentar predisposición a la homosexualidad. Pero no está determinado a serlo. Las vivencias respecto a la relación con el padre y la madre y sobre todo las relaciones sexuales muy precoces modulan su mundo afectivo y su orientación sexual.

En las mujeres, la presencia de dos cromosomas iguales XX permite tener dos receptores de andrógenos, que pueden ser ambos del tipo eficaz, los dos del tipo menos eficiente, o uno de cada tipo. La configuración de su cerebro sexual no es dependiente de testosterona como lo es el de los hombres. Y sólo en el primer caso, esa mayor sensibilidad a los andrógenos, aporta una cierta masculinización del patrón cerebral femenino. De ahí que la homosexualidad femenina sea menos frecuente que la masculina, y sea flexible, cambia en algunas épocas de la vida y de hecho las mujeres homosexuales son espontáneamente bisexuales.

No hay en las mujeres una predisposición aportada por la carga genética, sino una cierta masculinización del cerebro sexual, que procesa los estímulos sexuales, y/o de las áreas que procesan algunas capacidades marcadas por las energías masculinas que caracteriza a la testosterona.

Son las matemáticas de la vida: el 2 es simétrico o par y el 1 uno es impar, asimétrico. Un solo cromosoma X en el varón (XY) coloca a los hombres en un extremo o en el otro de una capacidad que tenga que ver con los genes del X. Estadísticamente hay muchos más hombres que mujeres muy inteligentes pero también muchos más muy poco inteligentes. Mientras que las en las mujeres siempre existen un número mayor de talentos medios. Son menos las muy inteligentes (aunque tan inteligentes como los hombres) y también menos las muy poco listas.

Algo similar ocurre con la orientación sexual. Por tanto, la visión de ésta como una realidad fluida y cambiante de la mente, no tiene apoyo en las neurociencias. De acuerdo con los datos científicos disponibles hoy podemos decir que en los hombres la atracción sexual a las personas del mismo sexo, experimentada y vivida, consolida una predisposición innata y la puede llegar a convertir en tendencia adquirida; de la misma manera las formas de vida que decida la pueden des-consolidar. En las mujeres, por el contrario, la homosexualidad aparece, más bien, como una cierta masculinización en las respuestas a los estímulos. No existe una predisposición genética innata como ocurre con los varones y la homosexualidad resulta espontáneamente bisexualidad.

Queda un aspecto esencial para la información sobre la homosexualidad, que requiere otro post: ¿qué es lo que difiere cerebralmente respecto a la heterosexualidad? ¿el estímulo sexual del mismo o diferente sexo o la elaboración de la respuesta al estímulo? Las neurociencias nos aportan un conocimiento importante para conocernos a nosotros mismos y a los demás.

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Sobre Natalia López Moratalla

Natalia López Moratalla (Granada, 1946) es docente, investigadora y divulgadora científica. Licenciada en Ciencias Químicas y Doctora en Ciencias Biológicas es, desde 1981, Catedrática de Bioquímica y Biología Molecular por la Universidad de Valencia. Cuenta con cuarenta años de carrera docente en Bioquímica y participa en diversos Máster de Biociencias. Ver más

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