La Copa de Europa de Jordi y el señor anónimo
¿Qué es lo peor que te puede pasar si eres periodista y estás viendo una final de Champions y quieres contarle a todo el mundo lo que estás viviendo? Para mí, que en el hotel no tengas wifi, que la mayoría de las veces no funcione internet, no puedas subir al twitter lo que está pasando, que en mitad de un partido se acabe la batería del móvil y, como la UEFA solo ha acreditado a un compañero, estés en la grada con todos los seguidores del Barça y no puedes enchufar el ordenador a ningún sitio.
Anécdotas que podré contar cuando “sea mayor” y que me ha permitido escribir la historia de Jordi y del señor anónimo.
Jordi tiene 13 años y va acompañado de su padre. Está sentado dos asientos a mi derecha en el estadio de Wembley. Es alto, la generación de la Nocilla nos hemos quedado a años luz, va vestido con la camiseta del Barça y con la bandera de Catalunya. En la cara tiene pintados los colores azulgranas.
Durante el partido no para de animar. Se sabe todos los cánticos de la parroquia blaugrana. Los voy a escribir en castellano para no cometer faltas de ortografía: “Si todos animamos, el equipo ganará”, “ser del Barça es… lo mejor que hay”, “Bote, bote, bote, madridista el que no bote”. Por supuesto, Jordi entona lo más alto que puede el “¿Por qué, por qué, por qué?”, dedicado a Mourinho… Es feliz, le da la importancia justa a la Copa. Otra vez podrá contar que, de momento, ya ha disfrutado con 3 Copas de Europa. ¡Qué se dice pronto! Para él que el Barça consiga, ante el Manchester, una Champions empieza a ser normal. Nació en 1998 y está acostumbrado a las victorias. Para Jordi que Pau Gasol lleve dos anillos de la NBA es algo cotidiano, que Rafa Nadal sea el número 1 en tenis, forma parte de lo habitual, o que España gane el Mundial… Son la generación el éxito. Por eso, para Jordi, que en el terreno de juego de Wembley esté jugando el mejor equipo del mundo, su equipo, le hace ilusión, pero vamos, es que “son muy buenos”.
Cuatro filas más atrás veo a un señor. Parece que sigue el partido por la radio, supongo, porque la conexión con internet es prácticamente imposible, aunque quizás se ponga el auricular por costumbre. No sé su nombre, debe de tener unos 60 años. Ha estado animando como todos, pero el partido está a punto de terminar y el Barça, su Barça, está ganando 3-1 al Manchester, está a unos segundos de proclamarse campeón de Europa. El árbitro pita el final y el señor anónimo se queda de pie, llorando, mirando fijamente el campo, acaba de ver al equipo de sus amores ganar el máximo título europeo. Se abraza con unos chicos y llama por teléfono. Vuelve a llorar, se aparta las lágrimas y sonríe y entonces saca todas las fuerzas, toda la energía posible para gritar: “Campions, campions”.
Este señor ha sufrido durante muchos años con el Barça, también ha disfrutado, pero sabe que lo que está viendo es fruto del trabajo, del esfuerzo, que no se consigue por arte de magia, que es complicado llegar a ese nivel…
Y entonces yo también me emociono porque estoy viendo a un aficionado al fútbol de corazón, de esos que viven para sus colores, de esos que disfrutan con el fútbol y sus lágrimas me estremecen porque yo, la noche del sábado, tuve la fortuna de poder, desde la grada, con los aficionados, como una seguidora más, ver al mejor equipo del mundo, 90 minutos de FÚTBOL, de felicidad, la que desprendían todos los que estaban a mi alrededor y yo también gané porque me llevé al hotel, sin wifi, un poquito de esa energía, de esa ilusión que cuando decides ser periodista necesitas a lo largo de toda tu carrera.
Y me quedo con la “frescura” de Jordi, pero también me quedo “con los ojos de la historia” del señor anónimo y doy gracias, otra vez, por haber elegido la mejor profesión del mundo.
























![raulparalola[1]](http://blogs.lainformacion.com/deportes-de-tacon/files/2011/05/raulparalola11.jpg)
Comentarios recientes