Les voy a contar tres historias. Son, como dicen en las pelis de sobremesa, casos reales. Es la vida de 3 chicos que aspiraban a ser como Iniesta, Xavi o Torres, pero se quedaron en el camino. Lo tenían todo: técnica, calidad, y el sueño por triunfar. ¿Por qué no lo alcanzaron?

El estadio que ven es el del PGE de Gdansk. Allí juega España la fase de grupos de la Eurocopa de Polonia y Ucrania. Sobre el terreno de juego estarán once jugadores que aspirarán a convertir a nuestro país en el mejor equipo del mundo, hasta ahora nadie ha logrado ganar dos Eurocopas seguidas.
El grupo que posa delante de la foto es el equipo Desafío Rexona. Son jugadores de fútbol. Tienen entre 20 años y 33 años podían haber sido los 23 de Del Bosque, pero solo verán el estadio desde fuera. La vida, el destino, si es que creéis en él, les dejó fuera de la “convocatoria”.
Ezequiel Gómez “Zequi”. Tiene 22 años. Es Gallego. Juega en el puesto de Iniesta. Estudia cuarto de Ingenieria Industrial. Julio Salinas, exinternacional con la selección, dice que tiene mucha calidad. Lleva jugando desde los 4 años.
Ha pasado por todas las categorías. Se ha quedado en Regional, a pesar de que viajaba todos los días en taxi hasta el Ciudad de Santiago desde Pontevedra para entrenarse.
Su “máximo rival”, su vecino de barrio es Joselu, él juega en el Castilla, así que todavía tiene un billete que puede que le lleve a Primera división.
Ezequiel tuvo que parar un año por un quiste entre la cadera y el fémur. Estaba haciendo la pretemporada. Notó un pinchazo, en un principio pensó que era una rotura de fibras, pero al final resultó ser una lesión grave que le apartó durante 8 meses. “
Cuando volví a jugar tuve que hacer rehabilitación y perdí casi dos temporadas”. Ahora estudia en Madrid Ingeniera Industrial. Tiene una nota de 7 en la carrera, pero busca equipo. El fútbol sigue siendo su pasión. Por eso acepta ofertas, necesita sentirse futbolista.
Pedro Fernández Lema “Lema”. Tiene 20 años. Es de Vallecas. Con 5 años ya daba patadas al balón en el Madrid Sur, en Entrevías.
El Rayo Vallecano le fichó para el equipo infantil con 12 años. Es delantero. El primer año marcó 48 goles. Arrancaba un brillante camino en las categorías inferiores, pero el cartílago de la rodilla izquierda hizo cata crack cuando tenía 16 años en pleno crecimiento.
Estuvo un año sin jugar, al año siguiente jugó con ellos, pero “supongo que no les interesaría tener a un jugador ya tocado y no me renovaron”.
Ahora prepara las oposiciones para ser Guardia Civil, pero no descarta que le fiche algún equipo de Tercera división. Va de torneo en torneo. Cada vez que hay una oportunidad para jugar como el “Desafío Rexona”, o la Nike City Cup, Pedro se apunta porque sigue llamando la atención y todavía confía en que un representante le eche el ojo y le mueve en el mercado de Madrid y puede que lo consiga para la próxima temporada.
Álvaro Buceta “Álvaro”, de 22 años. Vive en un pueblecito de Vitoria, en Alegría. Tiene unos 2.000 habitantes. El balón y él siempre estaba juntos.
Así que sus padres le apuntaron a un equipo que se llama “Nuevas Promesas” de ahí fue ascendiendo hasta División de Honor en el “Ariz Navarra”.
Juega en el puesto de Iniesta, aunque no le importa caer a las bandas. Dicen que es uno de los que más calidad tiene. Le vimos jugar estos días en Polonia, en la ciudad donde a 70 kilómetros están concentrado los internacionales.
La única diferencia es que sus padres no podían permitirse llevarle todos los días hasta las instalaciones del Aurrerá, donde se ejercitan algunos de los “cachorros” del Athletic. Está a 23 kilómetros, sólo a 23 kilómetros, pero como tenía que desplazarse todas las tardes “no confiaron en mí”, nos comenta Álvaro.
Ahora es chef. La semana que viene cuando España esté jugando con Croacia él empezará a trabajar en Barcelona para el grupo Sagardi como cocinero. Es profesor de cocina. Y entre plato y plato sigue saboreando el fútbol, pero “el fútbol no me da comer y no dejaría la cocina”.
Son solo tres historias, pero estos días he conocido la de 20 chicos que juegan muy bien al fútbol, lo disfrutan lo viven, su estrella brilla, pero ya nunca lo hará en Primera división…
Estos días he vuelto a aprender que lo importante en la vida es disfrutar cada segundo. En el hotel nos enterábamos de la muerte de Manolo Preciado. Me quedo
con la alegría, el compañerismo, y la energía de este grupo de 20. No logramos ir al entrenamiento de la selección española, y no me importa.
Me quedo con 20 internacionales con mayúsculas, con 20 ilusiones. Y vuelvo también a 1992 cuando empecé a trabajar en la radio en los campos de tierra con chavales como Ezequiel, Pedro y Álvaro. Gracias a todos por este regalo y a Rexona por organizar torneos para todos estos futbolistas.
Comentarios recientes