El Rayo Vallecano no se merece la imagen vergonzosa del domingo
Dolorida, triste, enrabietada por los incidentes del domingo en los aledaños del estadio del Rayo Vallecano. Estoy orgullosa de ser de Vallekas, sí con “k” como nos gusta ponerlo a los que nos hemos criado en este barrio madrileño, pero cuando llegué el domingo de Liverpool y me enteré de todo lo que había pasado me sentí avergonzada.
¡Qué injusto es el fútbol! Cuando llegó la familia Ruiz Mateos el Rayo Vallecano estaba a punto de desaparecer. La presidenta, Teresa Rivero, aterrizaba sin saber nada de fútbol, pero os puedo asegurar que puso todo su corazón para aprender y para cuidar a “sus chicos”. Ha llegado a ganarse el cariño del mundo del fútbol, incluso los presidentes perdonaban sus gestos en el palco, su marido quiso vender el Rayo hace unos años y ella se negó. Llegó a sentir, a vivir, a disfrutar con el fútbol, pero ahora ha recibido un gran varapalo.
Estos días he podido hablar con ella y, aunque está resignada, en su tono de voz desprende pena mucha pena. Para ella el Rayo era un hijo más, tiene 13, y al Rayo le ha dado los caprichos que ha podido, y ahora, como “niños egoístas” algunos se han olvidado de todo. Respeto a los aficionados que protestan pacíficamente, aunque no lo comparto, pero los energúmenos que el domingo incendiaron un coche de policía, lanzaron objetos, destruyeron mobiliario urbano, hicieron barricadas, a esos nos habría que dejarles volver a entrar en un campo de fútbol. Esos no son seguidores auténticos. Esta no es la imagen que los verdaderos hinchas del Rayo quieren que se vean en medio mundo.
Señores el fútbol es espectáculo, es un juego. No a la violencia. No a los radicales que se empeñan en emborronar este deporte.
twitter @lolahernan
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