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Cómo dar la vuelta al mundo

29 junio 2009 - 11:22 - Autor:

collage vuelta al mundo

Siempre he tenido un espíritu viajero. Hace poco me preguntaban que cuál fue mi primer viaje. No sabía qué contestar ya que con mis padres viajé bastante por España desde niño; sin embargo, pensé en cuál fue el primer viaje solo. Digamos que “a la aventura”. Y caí: tenía 13 años y me fui un verano a estudiar inglés a Irlanda; a Dublín. A vivir con una familia desconocida en un idioma que apenas manejaba. Ha llovido mucho desde entonces. Y, siempre que he podido, no he parado de viajar.

Pero si hay una experiencia que me ha cambiado la vida (literalmente; no sé explicar cómo pero lo siento así) fue la vuelta al mundo que realicé el año pasado. Justo por estas fechas yo andaba concluyendo en Nueva York una aventura en solitario de dos meses por 15 ciudades diferentes del planeta. Un viaje que me llevó, a una media de cuatro días por ciudad, a descubrir lugares con los que había soñado, culturas que siempre había admirado y, sobre todo, personas que me llenaron.

Hasta no hace mucho, dar la vuelta al mundo era algo más que una utopía. No era fácil por logística y, sobre todo, por motivos económicos A día de hoy, sin embargo, es mucho más fácil. Y más que recomendable.

La razón fundamental de que a día de hoy realizar este viaje sea más factible es porque las aerolíneas lo han puesto fácil. Más concretamente, las alianzas aéreas. La idea de este post es ayudar a aquellos viajeros que se lo estén planteando o motivar a aquellos que se lo puedan permitir.

En la actualidad, existen tres alianzas aéreas internacionales. La mayoría de las aerolíneas pertenecen a unas o a otras. Vamos, que son agrupaciones de aerolíneas de distintos países. Son Oneworld, SkyTeam y StarAlliance. Las tres benefician al usuario porque entre ellas permiten compartir códigos aéreos y, por tanto, facilitan viajar por todo el mundo entre las aerolíneas de la misma alianza.

Y las tres ofrecen ahora mismo un billete de vuelta al mundo a un precio bastante similar y con condiciones muy parecidas.

Aunque hay un montón de opciones diferentes, en resumen, por un precio aproximado de 3.000 euros puedes comprar uno de estos billetes que te permiten recorrerte el planeta en una sola dirección. Tienes que tener en cuenta que, según el “paquete” y la alianza elegida, tienes diferentes restricciones que no te permiten libertad absoluta a la hora de planificar tu viaje pero que haciendo encaje de bolillos permiten resultados bastante óptimos. Las condiciones más importantes de los billetes de vuelta al mundo son más o menos las siguientes:

  • A partir de 3.000 euros por persona
  • 12 meses de plazo para concluir la vuelta al mundo
  • Dirección única: este-oeste / oeste-este
  • Límite por continentes (3, 4 o 5) o por millas: el precio varía según tu elección
  • Límite de paradas por continente (generalmente 4 salvo en Norteamérica, donde son 6 con OneWorld, por ejemplo)
  • Imposibilidad de pasar dos veces a una misma ciudad salvo ciudad de Inicio/Fin que, por cierto, ha de ser la misma
  • A la hora de contar continentes, Norteamérica y Sudamérica cuentan generalmente como dos diferentes
  • En algunos aeropuertos (recuerdo Bangkok y Santiago de Chile), hay que abonar las tasas
  • Posibilidad de dejar los billetes abiertos e ir cerrándolos sobre la marcha

A efectos reales, en mi caso, este billete me permitió realizar la siguiente ruta: Madrid, Zúrich, Londres, Bangkok, Hong Kong, Singapur, Tokyo, Río de Janeiro, Santiago de Chile, Buenos Aires, México DF, Los Ángeles, Las Vegas, San Francisco, Miami, Nueva York, Madrid.

Para realizar una ruta de este calibre, es bastante importante la preparación. Sobre todo si se trata de un viaje fugaz, como fue en mi caso. Para eso, todas las alianzas ofrecen la posibilidad de hacer una planificación online en la que puedes ir viendo si tu ruta es correcta, la disponibilidad de rutas, de horarios… Eso sí, las llamadas a la aerolínea no te las quita nadie porque la preparación al final termina siendo bastante compleja debido a la propia idiosincrasia del billete.

Los billetes se pueden gestionar directamente desde la propia aerolínea local. Por ejemplo, si te decantas a hacerlo con OneWorld, puedes hacerlo directamente con Iberia.

Así que, ya sabes. A viajar. Si tienes la suerte de poder darte un año sabático, no lo dudaría ni un segundo. Si tienes un par de meses, tampoco. Vale, es agotador, pero es como hacer un máster de vida.

Las 3 mejores puestas de sol

24 junio 2009 - 14:33 - Autor:

El atardecer siempre ha estado ahí. Todos los días, además.

Normalmente, en el día a día, ni te das cuenta. Llega un momento en el que el sol se pone. En el que la luz del día empieza a desaparecer y la oscuridad de la noche empieza a cubrir todo tu escenario. Pero casi siempre ese momento pasa desapercibido en tu vida cotidiana. Estás en el trabajo, en la oficina, en casa… Lo que sea.

Sin embargo, cuando uno comienza a viajar y a trabajar viajando; cuando uno comienza a pensar en grabar vídeos y en sacar fotografías para compartir los mejores rincones del mundo; cuando uno se empieza a preocupar de la luz y empieza a pensar como piensan esos fotógrafos con los que vas aprendiendo, como Juan Luis Polo o Mauro Fuentes, todo eso cambia. El día comienza a girar en torno a la hora en la que se pone el sol. O al menos se intenta.

Porque hay pocas cosas más mágicas que ver la puesta de sol en diferentes lugares, en diferentes entornos. Tanto es así que cuando vuelves a tu ciudad comienzas también a pensar en el artardecer. Y en el sol. Y en la luz. Y en el cielo. Vas paseando por la misma calle que todos los días; vas conduciendo por la misma carretera… y el cielo es distinto. La luz es distinta. El sol es distinto. En ese momento desearías tener encima tu cámara y grabar. O sacar fotos.

Seguramente habrá un montón de sitios en el mundo donde este mágico momento, que además cambia según el momento del año, es un acontecimiento único a la vista. Yo, útimamente, he tenido la suerte de vivir algunos atardeceres inolvidables. Por exóticos o inesperados. O porque recuerdo cómo no quería que esos diez minutos de luz se acabaran. Voy a compartirlos.

1- Atardecer en el Mar Muerto, Jordania.

Sin duda, ocupa la primera posición en mi escala. No recuerdo haber vivido nunca un atardecer tan especial que el que viví en el Mar Muerto. La verdad es que Jordania es un lugar ideal para el capturador de imágenes. Es como si estuviera hecho para eso: el Mar Muerto, Petra, el desieto de Wadi Rum, Jerash

Creo que lo que lo hace tan unico es ese mar tan especial. Tan pálido. Tan llano. El reflejo del sol en ese agua espesa te deja sin palabras.

2- Atardecer en Odaiba, Tokyo (Japón).

En Tokyo viví también una experiencia única. Pasear solo por Tokyo es una sensación de lo más extraña, no te voy a engañar. Te sientes totalmente como Bill Murray en “Lost in Traslation“. Es una ciudad absolutamente fascinante. Pero, digamos, que al turista solitario le puede agobiar. Por eso, descubrir ese lugar, Odaiba, fue como una inyección de interés local. El mejor sitio para ver ponerse el sol en la megalópolis nipona.

3- Atardecer en el Nilo, Egipto.

La puesta de sol durante el típico crucero por El Nilo tuvo también algo especial. Me habría gustado más si hubiera sido durante la visita a alguno de los templos que hay en las cercanías de Luxor. Pero en ese tipo de viajes no es fácil salirse de lo programado, y lo programado no suele pensar en los fotógrafos o en sus primos cercanos. Aún así, creo que la recuerdo como especial por ser lo que es: el Nilo. Y por estar donde estaba: en la cuna de la asombrosa civilización egipcia, viendo ese mismo sol que ellos veían en ese oasis fértil que es este peculiar río.

Por aquí dejo también un vídeo que grabé en el Mar Muerto. Que en un vídeo se ve mejor.


Mar Muerto

Así, que, ya sabes. Si estás de viaje y tienes cerca un paisaje bonito, prepara tu cámara. Entérate de la hora aproximada a la que atardece según la época del año y busca un buen lugar. Ojo, engancha.

Los bares de ruinas en Budapest

22 junio 2009 - 13:17 - Autor:

Bar de ruinas zsimpla

Siempre digo que viajar es aprender. Y cuanto más viajo, más me doy cuenta de que menos me equivoco con esa aseveración.

Acabo de regresar de un viaje de cuatro días por Budapest. No conocía la capital de Hungría. Y cuánto me alegro ahora de haberla conocido.

Budapest me ha parecido una ciudad muy cosmopolita. Una mezcla interesantísima de tradición con modernidad. De cultura con ocio. Una ciudad mucho más moderna de lo que me esperaba. Ya iré contando cosas sobre ella, pero uno tiende a querer hablar siempre de lo que más le ha soprendido.

Y lo que más me ha sorprendido de Budapest, de lejos, ha sido el concepto de los “bares de ruinas“.

bar de ruinas

Imaginaos un edificio abandonado, a punto de ser demolido. Quizá le queden un par de años de vida porque en Budapest estas cosas van lentas. Un grupo de jóvenes se junta y le dice al ayuntamiento que por un módico precio (pongamos unos 40 euros mensuales) lo alquilan para crear un bar. Un bar de ruinas.

El resultado es asombroso. Espectacular. Naves industriales enormes, con patios abiertos, decoradas con un buen gusto que sorprende a cuaquiera: bañeras cortadas por la mitad y reconvertidas en asientos, sillones de la calle, papeleras de Ikea que ahora son lámparas, televisiones que cuelgan de un cable a modo de decoración, proyectores de cine gigantes, coches antiguos a los que se suben los estudiantes con su guitarra, taburetes, plantas, pinturas, esculturas… Arte. Y todo ello rodeado de barras de bar. Y la bebida (cerveza, refrescos, copas…) a unos precios ridículos para estar donde están (2-3 euros).

En algunos, como el szimpla, se puede hasta comer algo: bocadillos, ensaladas…

La ciudad está sembrada de bares de ruinas. Y no me extraña. Los bares de ruinas están llenos de gente todos los días de la semana. Y no me extraña.

Pero es que, además, han desarrollado tanto este concepto que lo usan para todo: antiguos edificios con casas familiares que han sido readaptadas. Barcos ucranianos abandonados en el Danubio donde ahora hay conciertos…

Y, ojo, se habla de bares, pero son mucho más. Son centros culturales, sociales. Lugares donde realizar exposiciones, lugares para tomar un café por la tarde y estudiar… Lo que se precie.

Eso sí, ten cuidado. Es probable que de aquí a que vayas, alguno ya no esté donde estaba. Los locales están destinados a desaparecer en un par de años. Cuando ocurre, toca mudarse a otro lugar. El lado positivo: la ciudad está viva, en movimiento. El barrio que hoy está de moda puede dejar de estarlo en el futuro y viceversa.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=I0RHXw3LWuk[/youtube]

Viajar

15 junio 2009 - 20:24 - Autor:

Antes se viajaba de otra manera.

El otro día no sé quién me contaba que antes se viajaba midiendo la ecuación “distancia/tiempo” y que ahora lo que se mide es la ecuación “tiempo/dinero”. Y no le faltaba razón. Que antes te ibas a Londres porque estaba a dos horas y que ahora te vas a Londres porque está a 25 euros.

Pero, a la hora de la verdad, yo soy de los que creo que realmente te vas de viaje porque te quieres ir. Porque te da la gana. Y punto. El destino, básicamente, es lo de menos. Viajar es soñar despierto. Viajar es dejarte llevar. Es aprender. Es vivir. Es descubrir. Viajar es darte cuenta de que todo lo demás no tiene sentido si no te enteras de todo lo que tienes alrededor. De lo que no eres tú o tus circunstancias.

Viajar es contarlo.

Contar dónde has estado y qué has vivido. Compartirlo. Ayudar a otros a planificar su próximo viaje. A ver si hay suerte y este blog te inspira.

Comencemos a hacerlo con un paseo rápido por Nueva York. Breve, fugaz. Ya tendremos tiempo de pararnos con calma. Qué ciudad.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=TPrCt3RVz4s[/youtube]

Bienvenido.

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