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Vikingos y castillos

21 agosto 2009 - 13:44 - Autor:

vikingo

La idea inicial era pasar unos cuantos días más en Dinamarca. Pero cuando uno ya se acostumbra a hacer miles de kilómetros en coche y después de llevar 10 días básicamente en plena naturaleza, mirar un mapa y ver relativamente una ciudad como Berlín te hace replantearte el itinerario y buscar una forma de conseguir cuadrarte el plan para terminar con un par de días de vida de ciudad, que para los que somos amantes del turismo urbano es también una parte de nuestra dieta básica viajera.

Una vez estaba decidido, lo complicado era ver todo lo que queríamos ver en Dinamarca en, básicamente, un día. Así que hicimos cuentas y tiramos millas. Unos 700 kilómetros con un par de paradas de por medio muy interesantes. No sólo queríamos ver alguna zona de Jutlandia, sino que teníamos como punto indispensable llegar hasta Odense, o al menos a la isla Fiona.

Madrugamos mucho y comenzamos a descender desde Frederikshavn, la ciudad portuaria que nos sirvió de ciudad dormitorio y poco más. Nuestra primera parada esaba sólo a escasos minutos de una de las ciudades más importantes de Dinamarca, Aalborg. Teníamos previsto detenernos allí también un rato, pero no se puede hacer todo… Eso sí, la parada prevista sí que la hicimos.

Lindholm Hoje es un lugar muy curioso: un antiguo cementerio vikingo que se encuentra en lo alto de una pequeña colina y que está acompañado por un museo. La historia de los vikingos es simplemente espectacular. Pensar en cómo un pueblo como aquel pudo recorrerse toda Europa y conquistar buena parte de ellos a través de unos barcos y unos conocimientos muy avanzados para su época es más que fascinante. Y Dinamarca fue la cuna de algunos de los más famosos, dejando restos en todo el país.

Este cementerio no es que sea una maravilla visual, pero uno tiene sensaciones muy curiosas cuando está allí, viendo esas tumbas que pertenecieron a una gente que, también fue muy especial. La visita dura apenas unos minutos, pero si pasas por allí (y si te estás recorriendo Jutlandia), creo que es obligada. Si vas con tiempo, en el museo se puede aprender algo de su cultura e historia, que no es poca.

Lo que sí que hicimos es parar un rato en Arhus. A comer. No nos pareció una ciudad muy bonita, pero el centro histórico sí que da para un paseo. Desde su catedral sale la calle más comercial, que termina en la estación principa de la ciudad, y que está rodeada de tiendas, lugares para comer algo, algún que otro puesto callejero…

Como nos quedaba aún la mitad de nuestro camin hasta el hotel (lo habíamos reservado en las cercanías de Hamburgo, ya en Alemania), salimos pitando. Y de tierra continental volvimos por un rato a una isla, la de Fiona, donde se encuentra la importante ciudad de Odense. Esta ciudad sí que merece un paseo más largo, aunque nosotros tampoco le pudimos dedicar mucho tiempo.

odense

Su centro histórico es bastante bonito, y tiene un palacio que seguramente merece la visita. Además, es la ciudad natal del popular escritor H.C. Andersen, y ha crecido turísticamente alrededor de esta personalidad literaria. Como eran ya más de las cinco de la tarde, las calles estaban ya vacías. Es lo malo de las ciudades del norte de Europa, que por la tarde son casi ciudades fantasma, y para el viajero acostumbrado a apurar los días al máximo, esto puede ser un handicap con el que hay que saber lidiar.

Así que, una vez más, al coche. A unos 20 minutos de esta ciudad se encuentra la atracción más turística de la isla, y una de las más populares de toda Dinamarca: el castillo de Egeskov. Un lugar muy especial. Se trata de uno de los castillos renacentistas mejor conservados de Europa, pero tiene truco y una curiosa idiosincrasia. Era miércoles, de julio, y era por la tarde. Llegamos, y para ser las horas que eran, nos sorprendimos de la cantidad de coches aparcados que había. Llegamos a la taquilla (era de esperar), y alucinamos con los precios: carísimo. Más de 20 euros por persona. Per ya que estábamos, pues entramos. Y vimos qué ocurría: el castillo de Egeskov es lo más parecido a un parque temático que he visto, pero sin serlo. Sí, hay castillo. Y es precioso, rodeado de agua y césped.

castilloegeskov1

Pero la gente no va a verlo y ya está. Va a pasar el día. Con sus neveritas y sus kit de picnic. Porque si los escandinavos (en general) son profesionales de algo es en los picnics: manteles preciosos, bolsas de mimbre, sillas, mesas… Tremendo. Es un recinto enorme lleno de lugares para tumbarte, de chiringuitos para tomar algo, de museos, de columpios y actividades para los niños…

Y la entrada te vale no sólo para ese día sino, también, para otro día más durante el verano.

castilloegeskov

A la salida nos dimos cuenta de la suerte que tuvimos. Normalmente, el castillo cierra por la tarde (así son los daneses). Pero un miércoles al mes hay pase “nocturno”, hasta las 23 horas.

La historia del castillo también tiene su guasa: sí, era un castillo prodigioso en su época que, con el tiempo, había venido a menos. Su dueño, un noble descendiente de nobles, hace ya unas décadas, en vista de que tenía muchos gastos y mucho dinero que gastar en empleados y que el dinero se agotaba, tuvo una idea iluminada. Lo remodeló, lo abrió al público y empezó a cobrar entrada. Desde entonces hasta hoy, sus arcas volvieron a estar llenas y los daneses encontraron un lugar en el que pasar el día en el campo.

Con ganas de quedarnos un rato más allí (sí, estaba hasta arriba, pero el sitio era una pasada), nos subimos de nuevo al coche para decir un hasta luego a Jutlandia y, por ende, a Dinamarca. Nos esperaba ya Alemania (y sus autopistas). Próximo destino: Berlín.

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