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Un amigo me regala un poema

13 Octubre 2010 - 14:43 - Autor:

En el bregar diario de un exiliado muchas veces llega el momento de hacer un alto, reflexionar y preguntarnos si lo hecho es lo correcto, si nuestro mensaje llega a las personas.

Siempre salimos en busca de ese apoyo para nuestra causa y en no pocas ocasiones regresamos con amigos solidarios. Con nuestra lucha en busca de los necesarios cambios democráticos que necesita y pide el pueblo cubano.

Ha sida tanta la desinformación difundida por el régimen que no pocos tienen una vaga percepción de lo que sucede verdaderamente en Cuba. Pero la verdad, siempre al final se abre camino.

Llevamos siempre a cada escenario el espíritu positivo, sosegado, libre, buscando siempre llegar a los interlocutores y recibir su solidaridad.

Hoy solo quiero compartir con ustedes una de estas valoraciones, tal y como me la transmitió mi amigo Manuel Almendros, que no encontró mejor forma que expresarlo mediante un poema en Acróstico. Opino que no debo agregar nada más, lo expresado por el amigo Manuel para mí lo dice todo y me reconforta:

A José Luis García Paneque (disidente cubano, septiembre de 2010).

Cuando le vi por primera vez, caminaba lento, erguido, con ese temple de los hombres que lo han dado todo por una causa. Su cuerpo, que no pesa más de 50 kilos, ha sufrido los ataques de los bestias que le torturaron durante más de siete años, en esas cárceles impropias de albergar a cualquier ser humano. Homo, homini lupus.- El hombre es un lobo para el hombre.

Abatido y sumergido en sus más profundas reflexiones, no podía sospechar los grandes sufrimientos que le habían infringido esos bárbaros inútiles que codiciando el poder, y a través de sus ideas, esclavizan a sus hermanos, llegando en algunas ocasiones, hasta su muerte. Afortunadamente para José Luis, no ha sido el caso, pero es evidente que casi lo logran.

Yo desde la lejanía, nunca podía imaginar que estos métodos, en el siglo veintiuno, se siguieran utilizando. Se acerco a nosotros y comenzamos a hablar. Nos presentamos y nos marchamos a una cafetería, cerca de donde vive actualmente José Luis, en Cullera. Cuando comenzó a relatarnos las vicisitudes pasadas en esas cárceles malditas, donde actualmente se están pudriendo muchos seres humanos, no daba crédito a lo que estaba oyendo. Con una voz tranquila, sosegada y sin prisa, nos relataba todo el proceso que había tenido que sufrir desde el principio.  Su detención, en esa primavera negra. Su crimen, consistió en repartir propaganda en la que defendían la democratización de Cuba. Ese fue su crimen. Su castigo, una enfermedad incurable y crónica que la arrastrará de por vida. Dos años de incomunicación total y absoluta en una celda de tres por tres metros de anchura.

Cuando estábamos tomando el café, me puse a componer la poesía que a continuación viene, sobre una servilleta.

Junto al camino, pausado
Obligado a caminar, sin descanso
Siente deseos de hablar, pero por si acaso,
Entierra su ira y olvida su pasado.

Lamenta la indiferencia
Ufano, siente la distancia
Insistiendo constantemente, con su elocuencia
Siente ahora la fuerza, pero sin violencia.

Ganas tiene de volver a verla
Ama sobre todo, a su querida isla,
Reta a todos, con su barco y su vela
Citando versos de su biblia sola,
Incitando a veces, con su locuaz verborrea
Ansía solo, la libertad y la gloría.

Parece escrito, que su grito
Armado solo, con la paz por seña,
Nace antaño, en aquella peña
Encerrado en vida, por aquel maldito
Quita hierro, que a su vez despeña
Usted perdone, se me olvido la pena
España entera te ayudará en tu guerra.

De tu amigo, M. Almendros.

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Paneque

Aunque mi nombre completo es José Luis García Paneque, todos mis amigos y compañeros me conocen como Paneque. Soy uno de los primeros presos de conciencia cubanos liberados tras el acuerdo cerrado por la Iglesia de la isla y el Gobierno castrista. Cuando entré en prisión por ejercer la libertad de expresión en la primavera de 2003 pesaba 86 kilos; al salir pesaba 48. Ahora comienzo una nueva vida en Cullera (Valencia) junto a los familiares que me han acompañado en el exilio.
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