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Las prisiones cubanas intentan degradarte hasta el nivel más bajo

28 octubre 2010 - 10:00 - Autor:

Después de permanecer confinado en prisión 7 años y 4 meses (durante los que fui trasladado por 5 provincias distintas y 9 prisiones de las 400 con que cuenta el sistema penitenciario en Cuba). Después de sufrir más de 17 meses continuos de régimen de aislamiento en solitario y cargar sobre mi cuerpo las devastadoras consecuencias de un método de castigo cruel e inhumano, donde el reo es privado de todo vínculo de interacción social.

Las devastadoras consecuencias

1. La estructura arquitectónica heredada de la antigua Unión Soviética provoca hacinamiento psicológico y físico, la calidad de espacio un deterioro rápido y la despersonalización.

2. La relación con los carceleros, un repliegue entre dos personas con intereses distintos, que puede llegar a considerarse peligrosa ante los demás presos, la humillación y los malos tratos.

3. Los daños somáticos.
• Visión: Ceguera temprana por ruptura de espacio y colores, por lo general todo blanco, que provoca cefaleas (dolor de cabeza), deformación de la percepción visual y un mundo en blanco u oscuridad.
• Audición: Sometido a alto nivel de ruidos, rumores y murmullo permanente, que trae como consecuencia problemas auditivos, de concentración y monotonía de sonidos con el consiguiente daño psicológico.
• Gusto y olfato: Las comidas insípidas, muchas veces en mal estado, sin diversidad y la inadecuada higiene trae empobrecimiento de los dos sentidos.
• Higiene personal y ambiental: La falta de cuidados personales daña físicamente la piel, el pelo y las uñas, y se adquieren hábitos higiénicos que despersonalizan al hombre.

4. Consecuencias psicosociales:
Toda la vida del sancionado gira alrededor de la prisión.
Exageración de la situación, supe proyectos de futuro totalmente irrealizables que lo lleva a la apatía.
Exacerbación de los sentimientos evasivos ante el más mínimo estímulo exterior.
Exageración y pobreza sexual, llegando a convertirlo en un mito.
Exageración del egocentrismo, lenguaje y jerga propia de la prisión.
Enajenación con tendencia a la autoagresión, llegando a la automutilación de miembros.

5. Daños psicosomáticos permanentes:
• Digestivos: Síndrome de mala absorción intestinal, gastritis, úlceras y sangrados digestivos.
• Cardiovasculares: Taquicardia, hipertensión arterial, Infarto del miocardio.
• Cutáneos: Vitíligo, Soriasis, Alopecias.

6. En libertad la mayor dificultad está en el restablecimiento de las relaciones interpersonales.

La prisión sigue siendo para mí un mundo surrealista. Un lugar donde una persona depende de sus propias fuerzas, por un refinamiento de crueldad del sistema penal cubano (a pesar de que niegan hacerlo). Hacen todo lo posible por cortar toda relación del preso con la sociedad, más en el caso de los presos políticos que fuimos sometidos. El régimen consistía en un encerramiento celular de dos años en celdas de 3 metros cuadrados, aislados, confinados durante 23 horas al día, con una hora para tomar sol, una visita familiar cada 3 meses, conyugal cada 5, una llamada telefónica al mes (censurada por un oficial de prisiones al igual que la correspondencia y literatura).

El único objetivo: anularnos psicológicamente e intentar un lavado de cerebro, sometiéndonos a una forma de vida sombría, sin emoción ni sentimientos. Del equilibrio que fuimos capaces de lograr dependió la cuota de consecuencias negativas sobre nuestro cuerpo y la vida futura en lo personal, familiar y social. Es la causa efectiva del aspecto físico que hemos tenido que presentar al mundo a nuestra llegada al exilio, después de ser desterrados de nuestra Patria.

Rechazo social y aislamiento familiar

En lo personal te ves sometido todo el tiempo a un estado de tensión máxima, que conlleva a un castigo sobreañadido de forma injusta. Supuestamente rechazado por la sociedad a la que quieres servir (debido a la propaganda de descredito cruel y enfermiza del régimen) y a la que se le ha inculcado el miedo como forma de dominación social.

La familia es el foco de mayor atención y más vulnerable de toda persona privada de libertad. Único contacto y puente con el mundo real, mucho más cuando ésta también es blanco de ataques, separada de ésta en prisiones distantes del lugar de residencia, que pudieran derivar en algún momento en la separación definitiva. El consecuente aislamiento social.

El desarraigo mayor se sufre en el ámbito social, con la pérdida del vínculo profesional y laboral. El entorno donde se desarrollaba, las amistades atemorizadas o incluso indiferentes al drama que lo envuelve a uno, que por lo general provoca un daño permanente de cara a la reinserción social. Mucho más cuando se ve deportado, forzado al exilio en una sociedad ajena, que por encima de la cordial acogida, sigue siendo dramática. Se ve uno como un árbol sin raíces.

La cárcel no reeduca, castiga

La cárcel vista como un método reeducativo es solo un espejismo y a mí me tocó vivirlo. El que ingresa a prisión no solo es castigado por determinada conducta vista por el régimen o la sociedad como negativa, es además martirizado por los diabólicos y anárquicos códigos carcelarios. Intentan degradarte hasta el nivel más bajo que llega incluso a la violencia y el daño a los demás como forma de realización personal de muchos en este ámbito. Los carceleros hacen todo lo posible para matar la voluntad del hombre, para esto toda la vida del reo está regulada y ordenada de una forma arbitraria, solo tiene que seguir la corriente, obedecer o sufrir grandes castigos.

Los más rebeldes la sufren más, si verse requisado constantemente le resulta humillante. Si la comida le resulta repugnante y manifiesta su disgusto, si le incomoda la corrupción oficial, si ante pequeñas intrigas trata de sublevarse la cárcel será un infierno. El confinamiento en celda de castigo y a la más leve infracción de la disciplina significará un desproporcionado castigo y cada castigo llevará a otro. Y puedes considerarte afortunado si no dejas la cárcel en un sarcófago, como sucedió con Orlando Zapata Tamayo.

En las prisiones cubanas nos vemos obligados durante los largos años de condena en un espacio reducido, que jamás reconoceremos como nuestro. Hacinados con personas que no conocemos y que tienen conductas muy distintas a las nuestras. Con hábitos personales por lo general deprobables y condiciones de vida denigrantes que con el tiempo nos conducen a un estado de permanente tensión y ansiedad. Un mundo donde el consumo de drogas y psicofármacos es una vía de huir de la realidad, este estado constante nos puede incluso llevar a la negación de la realidad que se nos impone, la insensibilidad, el enojo con facilidad, la tristeza, el miedo, la culpa, la soledad y la ambivalencia de carácter.

Ésta es mi experiencia personal dentro del régimen penitenciario cubano, considerado por los que lo hemos sufrido un verdadero infierno. Entre los presos se dice que las prisiones cubanas son “cementerios de hombres vivos”.

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1 Comentario

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Quw comentario se puede hacer hante este relato escalofriante contado por el hermano de lucha Paneque un ser humano que es condenado por no pensar lo mismo y exponerlo sencillamente es condenado pero en la prision e violan no solo los derechos humanos, sino se llega a llevar al ser humano a un punto tal de degradacion como el explica
que creo que llegara un momento en que no sabe ni qwuien es pues squicamente afecta al ser humano al leer este relato uno queda en un estado de chok como es posible que en Cuba pase todo esto y las naciones voten a favor de Cuba relatos como estos se tienen que conocer en el mundo no por los gobernantes sino por los pueblos

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Paneque

Aunque mi nombre completo es José Luis García Paneque, todos mis amigos y compañeros me conocen como Paneque. Soy uno de los primeros presos de conciencia cubanos liberados tras el acuerdo cerrado por la Iglesia de la isla y el Gobierno castrista. Cuando entré en prisión por ejercer la libertad de expresión en la primavera de 2003 pesaba 86 kilos; al salir pesaba 48. Ahora comienzo una nueva vida en Cullera (Valencia) junto a los familiares que me han acompañado en el exilio.

 

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