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Mi primer mojito (cubano) lo tomé en España

8 octubre 2010 - 6:00 - Autor:

Después de convivir alrededor de tres semanas en las habitaciones del centro de acogida de Cullera (Valencia), fuimos reubicados hace unos días temporalmente en un piso amplio, bonito, tutelado por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Esto nos permite tener una vida privada y sobre todo en familia, algo que añoraba después de 7 años y 4 meses de forzada separación.

También trae nuevas obligaciones: limpiar, cocinar, lavar y sobre todo proveerla de todo lo necesario para la vida. Convivir con toda la familia que ha venido conmigo en un solo piso (madre, padre, hermana, la bebita y mi cuñado) puede ser para la sociedad española algo no habitual, pero para nosotros los cubanos es la costumbre impuesta por más de 50 años de carencias, restricciones y prohibiciones.

En Cuba es muy normal que en una vivienda habiten 3 y hasta 4 generaciones. Tener una casa propia para una sola familia es todo un reto y un privilegio que pocos tienen: es difícil repararla por la carencia de materiales, construirla mucho menos por las restricciones burocráticas. El único que edifica es el Estado y hace mucho tiempo que redujo las unidades que fabrica por la ineficiencia y la corrupción imperantes; comprarla es prohibido si no es el Gobierno quien hace de intermediario.

Por lo general formamos nuestras familias en la casa materna o con los suegros, provocando muchas veces conflictos generacionales, hasta familias disfuncionales por rupturas matrimoniales.

Comprar comida en Cuba es un término desconocido. Para el cubano promedio lo que suministra el Gobierno “nos lo dan”, “buscamos”, sobre todo “resolvemos”. En mi país rige hace más de 50 años una “cartilla de racionamiento”, que solo te permite adquirir unos pocos productos por persona al mes, supuestamente subsidiados:

• 2.5 kg de arroz.
• 1.8 kg de azúcar.
• 300 gramos de alubias o guisantes.
• 120 gramos de café.
• 460 gramos de picadillo de soja o mortadela.
• 10 huevos.
• 250 gramos de aceite.

Lógicamente, con estas provisiones no vive una persona todo un mes. El resto lo “luchas” en el mercado agropecuario, el subterráneo. Si no, lo “resuelves” (robas) en algún centro donde se producen, o en un almacén. Da lo mismo.

La abundancia y la variedad, grandes desconocidos

Estábamos claros que en algún momento debíamos asumir el tener que abastecernos y aquí en España también continúa en extremo desconcertante, mucho más para el que viene de una larga temporada tras las rejas. Es la abundancia y la variedad de productos.

Por ejemplo, qué tipo de leche elegir entre más de 10 marcas diferentes. En Cuba no tenemos ese problema, pues solo hay una, muchas veces a granel desde una cantara que viene directamente del campo y además a los 7 años se les suspende a los niños ese racionamiento.

El arroz fue otro gran problema para nosotros cuando acudimos hace unos días por primera vez a un supermercado. El cubano es un gran consumidor de este cereal, pero en Cuba tiene poco que elegir. Es según el que aparezca en el mercado: puede ser criollo o importado, bolito o largo, más o menos partido… pero no importa: el primero que aparezca es el que se compra. Aquí estamos obligados a elegir entre un montón de marcas distintas y así por el estilo con casi todos los productos, algunos con nombres totalmente desconocidos y otros que para nuestros padres estaban en el pasado como el bacalao, la merluza.

Mi primer mojito, aquí

Coincidí con la promoción de dos marcas de ron: Caipiriña de Brasil y Habana Club cubano. ¡Qué ironía! Me tomaba mi primer mojito no en Cuba, sino en la ciudad valenciana de Cullera, a miles de kilómetros de mi tierra. No lo pedí, me lo brindaban unas chicas empleadas de la tienda que además accedieron amablemente a una foto para dejar plasmado el feliz momento.

Más tarde regresaría al piso con un gran dolor de cabeza y con el dolor de que en mi patria todo un pueblo está en un estado de carencia agónica y bajo un régimen que se resiste a darnos la oportunidad de progresar con dignidad.

Comprar carne puede llevarte a la cárcel en Cuba

Incluso comprar carne ha sido todo un descubrimiento. En este punto comparto con ustedes algo que les puede parecer extraño y hasta cómico, pero que es muy triste. El amigo cubano que nos acompañó al Eroski para asesorarnos y ayudarnos compró un trozo de 5 kgs de carne de res y al llegar al piso mi padre de 74 años se alarmó. Preocupado, nos dijo “que podíamos tener problemas con la Policía”. En Cuba es un delito el sacrificio de ganado mayor. Comprar y comer un bistec de carne de res puede costar una condena entre 3 y 8 años de prisión, y para el que la sacrifica una de más de 20 años.

Las frutas merecen otro aparte: frente a los estantes con la cantidad y variedad que existen se me aprieta el corazón. Recordaba que una fruta bomba, una sandía o una piña puede costarle a un trabajador promedio el salario de todo un día, lo que las hace prohibitivas para muchos en la isla.

Después de deambular un rato por el supermercado e ir comprando los productos necesarios llenamos tres carritos. No cabía en mi cabeza lo que estaba viviendo, para una familia en Cuba basta con una jaba de yarey (cesta de junco).

No soy egoísta, pero dejar a mis familiares atrás me aterraba

6 octubre 2010 - 10:05 - Autor:

No me podía ir yo solo de Cuba. Me aterraba dejar a mi familia atrás. Gracias a Dios, algunos de ellos se pudieron venir conmigo.

Durante los más de 7 años de presidio, nuestras familias vivieron en una constante zozobra, con la expectativa de una solución que nunca llegaba, para una situación totalmente absurda: el injusto encarcelamiento y las desproporcionadas sanciones. Desde la primera liberación por licencia extrapenal de Julio Valdés Guevara, toda excarcelación por el motivo que fuera, generaba una andanada de comentarios de hipotéticas salidas, pero nada en concreto. Gota a gota fueron saliendo algunos de nuestros hermanos de causa, unos quedaban en el país en situación nada clara, otros partían al exilio.

Las familias se desgastaban en una lucha que por momentos parecía interminable: años de sufrimientos, acosos, amenazas, descréditos. Las Damas de Blanco trataban y tratan en todo momento de unirlas lo más posible, una tarea titánica, teniendo en cuenta que se encontraban diseminadas por toda la geografía cubana: nosotros, los presos, en cárceles distantes de ellos para hacer más complicada la comunicación y propiciar el desarraigo.

Todo lo contrario a lo que llegó a pensarse, con el paso de los años nuestra causa tomó más vigencia. Los primeros meses de 2010 fueron de muchas tensiones. Daba la impresión que en cualquier momento todo estallaría y no solo nuestra liberación, sino mucho más: la solución definitiva del problema cubano y una Patria con todos y para el bien de todos, como lo pensó Martí, nuestro Apóstol.

Lo precipitado del éxodo forzado lo trastornó todo por completo, se ponía nuevamente a prueba la estabilidad familiar. No soy egoísta, pero no sé si soportaría una nueva separación familiar y esta vez sin poder saber cuándo los podría ver y sabiendo que estarían vulnerables a los desmanes del régimen por mis actividades opositoras que continuaría desde el exilio. La decisión definitiva sobre el exilio y ver si traía a mis familiares conmigo se complicaba y nada más disponía de 2 horas para decidirlo todo. Por un lado, dejar atrás toda una vida, otros familiares, amigos, proyectos. Por el otro, el hijo enfermo y solo (yo) que partía a lo desconocido. Pudo más el amor filial que todas las riquezas del mundo.

Mis padres ancianos, él enfermo y con 74 años, mi hermana recién parida con una bebita de solo 24 días de nacida, mi cuñado joven, lleno de deseos de ayudar, pero era imposible que pudiera con todo. Para mí, rumbo a la capital cubana era una situación dramática, desconocía la decisión que ellos habían tomado. Me preguntaba qué pasaría. Quería recuperar la libertad, pero dejar a mis familiares atrás me aterraba.

Todo se disipó en la noche del 12 de julio, en la puerta de cola de un avión. Nos abrazamos, brotaron las lágrimas, apreté duro a mis padres, me coloqué entre los dos para tenerlos cerca. Fue ahí donde pude conocer a mi sobrina, una cosita chiquitica de 2700 gramos de peso, arropadita, junto a sus padres. En toda la noche no hice otra cosa que hablar con ellos, pedirles calma, confianza en que todo saldría bien.

Al llegar y recibir la cálida acogida, todo fue algo más fácil, aún con temor a lo desconocido. Disfrutaba la parcial reunificación familiar, pero me quedan mis hijos y esposa también refugiados del otro lado del Atlántico, en los Estados Unidos.

Después de más de dos meses en España, todo comienza a tener más sentido, una situación legal regularizada con permiso de trabajo bajo la protección subsidiaria internacional. La convivencia en familia en un piso de acogida del lindo pueblo valenciano de Cullera, en la ribera mediterránea, los paseos juntos, la comida preparada con el amor de madre, los nuevos amigos y las perspectivas, mitigan en algo el desarraigo y el dolor de la separación familiar aún sin solución.

Dentro de mis proyectos de futuro inmediato está volver a ejercer la medicina acá en España, donde se me brindan oportunidades concretas en un corto período de tiempo. Mientras accederé a cursos de formación relacionados con mi especialidad para familiarizarme con el medio hasta que logre la homologación de mis títulos universitarios y acceder al mercado laboral. Mi objetivo final será asentarme en Europa y reunificar toda mi familia, incluyendo esposa e hijos, y continuar la lucha desde el escenario que se me ha impuesto.

Por fin me pude ver en un espejo de cuerpo entero y reconocer mi estado

5 octubre 2010 - 10:02 - Autor:

No puedo olvidar el primer impacto al llegar al Centro de Acogida de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) este verano. Venía de un largo viaje desde La Habana -con unos días en Madrid-, con mucha incertidumbre a lo desconocido, pero para mis familiares y para mí toda una grata sorpresa.

En la misma entrada del Centro nos esperaba el director del CEAR en Cullera, Don Paco, en compañía de la trabajadora social Mercedes y la encargada. Después de darnos la bienvenida mientras nos explicaban las normas de convivencia en el Centro, un grupo de jóvenes que compartirían junto a nosotros el día a día, subían nuestros equipajes a las habitaciones previamente preparadas. En una mi hermana, su esposo y mi sobrina recién nacida que aún no tenía el primer mes de vida. La otra la compartiría junto a mis padres, todo un lujo después de pasar más de 7 años de prisión separados de ellos.

El día a día está marcado por unas comodidades a la que ya no estaba acostumbrado. Las confortables habitaciones privadas, limpias, iluminadas, que disponen de 3 cómodas camas personales, dos mesitas con cajones, un escaparate (armario) para colgar la ropa. Tenía un gran espejo donde pude mirarme de cuerpo completo después de tantos años y darme real cuenta de mi estado físico, que otros me señalaban y yo percibía exagerado. Gavetas (cajones) debajo de la cama, una mesa plegable con dos sillas, televisor y un baño privado que dispone de agua fría y caliente, y todo lo necesario para el aseo personal. Estos detalles resultan mucho más que eso después de la dura vida en las cárceles cubanas.

Los locales de uso colectivo de una instalación relativamente nueva y conservada, comprenden una sala de estar con tres ordenadores conectados a Internet, muebles y un televisor de mayor tamaño, donde intercambiamos de una forma distendida con otros aspirantes a refugio de distintas nacionalidades, que ni las barreras idiomáticas nos impiden mantener de alguna forma. Participamos con algunos de ellos en excursiones como la preparada a la tierra del vino en Utiel-requena, un turismo de altura y muy agradable.

Además dispone de un cuarto para el lavado de la ropa, donde lavamos nuestra ropa con todas las condiciones. El comedor es grande, climatizado, con mesas de 4 sillas, donde podemos disfrutar de desayuno, comida y cena en familia. Nos sirven una alimentación variada y abundante con mucho arroz, un plato habitual del pueblo cubano. Para mí, que tengo algunas limitaciones (soy celiaco y sufro trastornos intestinales), el cocinero armenio me prepara una dieta equilibrada y apetitosa, según me expresa él, para que me recupere.

Mi experiencia personal en el Centro es positiva y el trato de las personas que nos atienden el mejor; las relaciones interpersonales con personas de otras costumbres y credos las considero cordiales y respetuosas.

Hace unos días se liberó una capacidad de alojamiento y fuimos trasladados a un lindo piso tutelado por el CEAR, con 3 habitaciones, 2 baños, sala y una amplia y equipada cocina donde podemos vivir más en familia; lástima que también sea algo temporal pues después debemos trasladarnos a un piso de alquiler más adelante.

Mi mamá me prepara los alimentos con el amor de madre, lo que los hace más nutritivos, ya realizamos nuestra primera compra en un supermercado. Pero esa es otra historia algo novedosa y curiosa que les contaré más adelante en próximas entregas del diario de un cubano exiliado.

Me preocupa, y mucho, la anunciada apertura económica en Cuba

1 octubre 2010 - 6:00 - Autor:

No es la primera vez que el régimen toma supuestas medidas de beneficio social. Recordemos la ofensiva revolucionaria de 1968, que confiscó todos los pequeños negocios desde las tiendas hasta la barbería del pueblo, y esto en una economía aún sólida.

En realidad no querían beneficiar a nadie, solamente restarle cualquier apoyo a una oposición interna. En los años 80 ante una crisis en curso autorizaron los mercados libres campesinos y algunos oficios para ejercerlo de forma individual como peluquera, albañil, fontanero, carpintero, para al final suprimirlo con solo un discurso del “máximo líder” acusándolo de “querer enriquecerse a costa del sudor del pueblo”.

En la década del 90, tras la caída del campo, el Gobierno castrista se vio nuevamente obligado a realizar una aparente apertura, modificando incluso la constitución de la República para introducir una enmienda que permitiera la creación de empresas mixtas, y de paso autorizando algunos pequeños negocios familiares, como paladares (pequeños restaurantes con 12 sillas), puestos de ventas de alimentos ligeros, alquileres de habitaciones para extranjeros…

Estas pequeñas empresas también fueron cerradas en su inmensa mayoría en años posteriores por supuestas irregularidades e ilegalidades, algo inevitable en una economía centralizada y marcada con el lastre de la corrupción generalizada, lo que hace imposible obtener los insumos necesarios de forma legal y que a la vez sean rentables.

No se puede pretender que los propietarios de estos pequeños negocios adquieran productos en divisas convertibles para luego brindar servicio en moneda nacional.

La situación actual es mucho más compleja, evidentemente también coyuntural, ante el anuncio del despido de más de medio millón de funcionarios y empleados públicos. Especialmente teniendo en cuenta que el Gobierno es el único empleador legal además de dueño de todos los medios de producción y servicio, que los administra de forma totalmente ineficiente destruyendo todo índice de productividad y amor al trabajo.

En Cuba hay un chiste muy popular, a la vez triste y doloroso, que dice “el obrero va al trabajo y hace como que trabaja y el Gobierno hace como que le paga“, lo que a la postre mata el incentivo y la cultura de trabajo como fuente generadora de riquezas tanto personal como de beneficio social.

En 1959 la economía cubana era una de las más sólidas de América con índices para la época que eran la envidia para muchos países. 50 años después los cubanos hemos pasado de ser exportadores de alimentos a importadora de azúcar del Brasil, café de Ecuador, leche del Uruguay, huevos y pollos congelados de los Estados Unidos… que, por cierto, ahora es el primer exportador de alimentos a Cuba.

Y ya el colmo: la miseria que representa una cartilla de racionamiento que es para un mes y apenas alcanza para una semana: 5 libras de arroz, 4 de azúcar, 250 gramos de aceite, 4 onzas de café, 10 huevos, 12 onzas de jamonada o picadillo de soja percápita por persona.

En estas condiciones es casi imposible que cualquier cubano pueda montar una pequeña empresa, primero necesita un capital para invertir, después garantías para éste, algo que ni siquiera han logrado las empresas extranjeras que operan dentro de Cuba que hoy ven congelados todos sus activos incluso las ganancias. Después algo que incentive el consumo y no genere inflación generalizada también inevitable si estos neo empresarios no pueden reinvertir sus ganancias por miedo o desconfianza ante una posible confiscación bajo el argumento de enriquecimiento ilícito.

Soy bastante observador y sobre todo pregunto mucho a las personas con las que me relaciono, y es realmente repugnante lo que ha hecho con nosotros el régimen castrista en estos 51 años inculcando una cultura del miedo, la doble moral y la mentira.

Por muchos años el discurso oficial ha pretendido imponernos una gran mentira: supuestamente el pueblo cubano era el único en el mundo que recibía atención médica, educación y seguridad social universal y gratuita. He tenido que ser desterrado y llegar al exilio para confirmar que hoy son muchos los pueblos que hace décadas que gozan de esos derechos incluso con la oportunidad de elegir.

Servicios que son pagados por el Estado y gestionados por entidades privadas a elección del beneficiario y otra cosa que me ha llamado la atención es el hecho de que empresas de propiedad estatal son eficientes. Por ejemplo: Aguas de Cullera es una empresa del ayuntamiento y ofrece servicio de agua las 24 horas del día, un sueño para cualquier ciudadano en Cuba; la recogida de desecho sólido y la higiene de la ciudad la paga el ayuntamiento y es gestionada por empresas privadas y mantienen una ciudad pulcramente limpia. Son apenas dos ejemplos, pero muy ilustrativos y todo un sueño en nuestra amada isla.

Las cárceles cubanas son cementerios de hombres vivos

30 septiembre 2010 - 10:07 - Autor:

Después de sufrir una injusta condena de 24 años de prisión, de estar obligado a pasar 7 años y 4 meses tras las rejas (de éstos, 17 meses en celdas de aislamiento), trasladado por 9 prisiones en 5 provincias de toda la geografía cubana, tiempo y circunstancias más que suficientes para vivir y sufrir toda la crueldad del infierno que son las cárceles de la isla… hoy voy a presentarles uno de los lados más oscuros de estos “cementerios de hombres vivos”; el drama más dantesco y cruel de cuantos me tocaron vivir y si no es el más, por lo menos uno de los que más me impactaron de ese mundo de aberraciones, dolor y sufrimientos.

Las autoagresiones, una práctica recurrente en todas las prisiones cubanas, uno de los desequilibrios psiquiátricos más frecuentes en estos recintos y además peor tratados médicamente, donde los reos ante la falta de perspectivas, el desaliento y el aislamiento social no encuentran otra salida más que dañarse físicamente como forma de obtener dudosos beneficios, como una llamada telefónica, la visita de algún familiar, traslados a prisiones más cerca de sus familiares, progresar a un régimen de menor severidad (colonias presidiarias o campamentos de trabajo agrícola), incluso atención médica real o como forma de obtener psicofármacos. En la totalidad de los casos con los que de alguna forma tuve contacto eran fruto de la creación de estos lugares.

La crueldad y la insensibilidad ante el drama humano es el caldo de cultivo para que un interno llegue a tal degradación moral y pérdida de valores que sea capaz de dar el primer paso. No es solo un impulso, es todo un proceso que por lo general demora años; un círculo vicioso que inicia con el consumo ocasional de psicofármacos, como vía de escape de la realidad que los asfixia, hasta que llega la adicción y la necesidad del consumo diario, en un mundo donde el contrabando de estos productos es el día a día y la causa de violentos y hasta fatales incidentes.

Los oficiales y funcionarios de la prisión son por lo general los que propician estas prácticas, primero por la corrupción reinante y después por la insensibilidad ante un ser humano “enfermo” y que para ellos no pasa de ser más que un simulador, lo que agrava mucho más el dramático cuadro.

Marabú se hizo adicto a autolesionarse

Recuerdo aún con dolor un caso típico en la prisión de máximo rigor “Las Mangas”, en Bayamo, provincia Granma. Se llama Juan Carlos Sosa Leyva, que hace mucho tiempo perdió su nombre. Todos lo conocen como “Marabú” (planta espinosa y resistente a la sequía, que tiene infectada el 60% de las tierras cultivables en Cuba), por lo resistente que es a las palizas y los malos tratos. Solo cuenta con 36 años de edad, pero su rostro parece el de un anciano.

No recuerda otro mundo en su vida, comenzó desde muy niño por las llamadas “escuelas de conducta”, para pasar ya adolescente a los centros de menores y de éstos -por un delito menor de desobediencia y resistencia- a prisión para no salir jamás. Sus condenas se incrementan de año en año por los mismos delitos, pero nadie toma en cuenta que tiene un desequilibrio mental, lo que nos dice que en ninguno de estos centros educan, ni mucho menos reeducan.

En estos lugares Marabú tuvo su primer contacto con las “notas”, consumo de psicofármacos en sobredosis. Hoy para él es imposible la vida sin el consumo diario. Él es una de las típicas creaciones de las cárceles cubanas.

Se jacta de que nunca ha tenido que asistir al dentista: ya no le quedan dientes en la boca, pues los guardias se han encargado de sacárselos a patadas en las innumerables palizas sufridas. Es lógico, sus necesidades se incrementan y las demandas para obtener psicofármacos también. Al no obtenerlos del contrabando por carecer del dinero de la prisión (los cigarros), apeló un día que el mismo no recuerda a la autoagresión. Primero, una leve cortada con una cuchilla de afeitar, en otra ocasión se cosió la boca, hasta que llegó a cortarse los tendones del talón de Aquiles. Llegó el día en que se convierten estos actos en una práctica habitual y para su psicología única salida a su drama personal.

Para Marabú ya nada tiene sentido. Hace mucho tiempo que su familia dejó de visitarlo, perdió todo contacto social. Su mundo se circunscribe a esa pequeña población cerrada que lo rodea, la vida de rejas y candados, la de la supervivencia diaria, la marginalidad, el dolor y las privaciones.

Es habitual encontrar personas como él en cualquiera de las más de 400 prisiones con las que cuenta hoy Cuba, poblada por cientos de miles de cubanos en las condiciones más infrahumanas, que lo mismo se amputan una oreja, que las manos, se inyectan con heces fecales o petróleo en las articulaciones, incluso los ojos para quedarse ciegos… todo con la esperanza de obtener una licencia extrapenal. Pero a algunos la suerte no los acompaña y pierden la vida en el intento.

Los exiliados estamos muy agradecidos a Rajoy por su apoyo

28 septiembre 2010 - 15:33 - Autor:

Los últimos días han sido bastante movidos; pudiéramos decir que hasta agotadores con la cantidad de desplazamientos que hemos tenido que realizar para cumplir con los compromisos. Pero vale la pena.

El desprendimiento de españoles simpatizantes con nuestra causa nos estimula a seguir adelante en nuestra labor testimonial y de denuncia de la dramática situación por la que atraviesa nuestro pueblo ante la resistencia de un régimen que persiste en pequeños cambios cosméticos de dudosos resultados (más si tenemos en cuenta que en otros momentos de crisis ha permitido similares libertades para después suprimirlas sin tener en cuenta los intereses de su pueblo, solo el sostenimiento de la dictadura).

Los contactos con los medios de comunicación nos permiten seguir difundiendo nuestras propuestas y opiniones, y sobre todo el encuentro y espaldarazo el pasado viernes con el principal partido de oposición en España, que nos ha acogido y abierto las puertas.

En el encuentro con Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular, donde también se encontraban Jorge Moraga, Coordinador de la presidencia y Relaciones Internacionales del Partido, además del Diputado Teófilo De Luis, se trataron temas cruciales para nuestra lucha.

Rajoy nos ha dado un espaldarazo al trasladarnos el compromiso inequívoco y sin matices del Partido Popular para promover la democracia y los derechos humanos en Cuba, reafirmando el compromiso de su partido en la defensa de la posición común europea respecto a Cuba. De hecho, Moraga defenderá esta postura en la Cumbre de la Internacional Demócrata de Centro a celebrar en Marrakech, en octubre.

Con motivo de la celebración del bicentenario de las Cortes de Cádiz ha comparado nuestra lucha con la defensa de estos valores por los españoles hace 200 años. “Una nación independiente en libertad y democracia”, destacaba de igual forma la coincidencia del encuentro con la festividad de la Virgen de La Merced, patrona de Barcelona y de los presos.

Se interesó también y en detalles por la situación política, social y económica que atraviesa la isla, sobre todo la falta de libertades y las precarias condiciones de vida a la que está sometida la población y qué se podía hacer para revertir la situación.

Los 25 exiliados que participamos, de los 35 que hoy nos encontramos en España, con los 3 que llegaron ese propio día, agradecimos a Rajoy por el compromiso de su partido en contra de la dictadura de los Castro y por lograr la democracia. Destacamos el apoyo que en todo momento hemos recibido del Partido Popular desde nuestra excarcelación y destierro a España. Le reafirmamos que “por decir la verdad en Cuba fuimos a la cárcel y en España, Europa y en todo el mundo no nos vamos a callar hasta lograr los cambios estructurales que hoy precisa nuestra patria”.

Le pedimos seguir contando con el apoyo del Partido Popular para llevar adelante nuestros proyectos y no solo el testimonio y la denuncia de lo que sucede dentro de Cuba.

También agradecimos al señor Rajoy nuestro agradecimiento por el apoyo popular a la nominación de Guillermo Fariñas Hernández al premio de Derechos Humanos Andrei Sajarov del Parlamento Europeo, y el reconocimiento a las Damas de Blanco, dos actores que propiciaron nuestra liberación.
En sus palabras finales nos dijo que “la relación de España con Iberoamérica es capital y España debe defender los valores de la libertad, la democracia y los derechos humanos en Cuba y en toda Iberoamérica”

Después de un encuentro tan estimulante, solo nos queda reconocer que continúa abriéndose el diapasón de oportunidades en nuestra lucha de libertad y democracia para Cuba.

Un anónimo nos deja panfletos acusándonos de traidores

24 septiembre 2010 - 10:37 - Autor:

Soy consciente que el nuevo escenario de lucha por la democracia en mi patria, impuesto por las circunstancias en que fuimos deportados, es bastante complejo y me encuentro obligado, si quiero hacer algo por Cuba y nuestro pueblo, a intercambiar y debatir con distintas tendencias ideológicas, puntos de vistas divergentes, opiniones encontradas, incomprensiones, incluso el rechazo tácito de algunos extremistas que aún sueñan con el paraíso comunista del Caribe.

Pero después de 74 días de exilio en España y los distintos escenarios donde me han dado la oportunidad de expresarme con total libertad, llegué a pensar que pocas cosas podrían sorprenderme. Ahora sé que aún nos queda mucho por conocer y experimentar.

Hace un par de días acudí con Antonio Ramón Díaz Sánchez (compañero excarcelado y exiliado igual que yo) al Club Información de Alicante Regis Iglesias Ramírez, invitados a una conferencia auspiciada por la Asociación Cultural Opinión Plural para que presentáramos el tema de la realidad cubana desde nuestra visión de exiliados.

Debate democrático

Por más de 2 horas y ante un auditorio bastante plural formado por académicos, abogados, empresarios, estudiantes, incluso uno que cursó estudios en Cuba, el honor de contar con la presencia del Vicario General de la Diócesis de Alicante Orihuela y otras personas de las más disímiles tendencias, debatimos sobre Cuba. Su historia pasada y presente, los años de república independiente surgida el 20 de mayo de 1902 con sus logros y fracasos… y sobre todo la actual encrucijada por la que atraviesa nuestro pueblo, sometido por más de 51 años a un régimen totalitario que ha llevado nuestro país de una de las economías más prósperas de América a la total ruina, con el desgarrado daño social incluido. Contamos nuestros testimonios personales y lo que plantea la oposición como perspectivas de un futuro democrático para Cuba.

Las preguntas después de exponer el tema fueron muy precisas y objetivas, dentro de un marco de debate plural y respetuoso de todas las opiniones. El auditorio se interesó en todo momento en conocer nuestras perspectivas de exiliados y fuimos muy claros: no hemos llegado a España por nuestra voluntad, sino que hemos sido desterrados de nuestra patria, donde se nos priva del derecho de expresarnos en total libertad. No venimos a hacer oposición en este país que con tanta bondad nos recibe, sino a seguir nuestra lucha en busca de los cambios democráticos que precisa nuestra patria y a recabar la solidaridad y el respaldo del mundo democrático, sin ánimo de revancha, odios ni rencores.

No ha llegado el momento de cambiar la “posición común”

Otras de las preguntas recurrentes es la opinión que tenemos sobre la llamada “posición común” de la Unión Europea y sobre este tema fuimos bien claros.

En Cuba el régimen no está dando paso a la transición democrática, todo lo contrario: las medidas tomadas solo persiguen apuntalar las resquebrajadas estructuras del régimen totalitario.

La mayoría de los cubanos no conocen que la posición común de Europa apoya sus derechos y los cambios pacíficos que los propios cubanos queremos y necesitamos, pues su aplicación no contempla medidas coercitivas que tengan por efecto incrementar las dificultades económicas del pueblo cubano, sino la solidaridad con los cubanos.

Por lo tanto somos del criterio por consenso que esta posición debe mantenerse hasta que se den los verdaderos y necesarios cambios estructurales en lo político, social y económico que precisa nuestra sociedad.

Libertad democrática

Hoy la oposición cubana y el pueblo es capaz de presentar alternativas viables como el Proyecto Varela, una iniciativa ciudadana presentada con la firma de más de 25 000 cubanos con propuestas concretas:

- Libertad de expresión y asociación.
- Libertad inmediata a los prisioneros de conciencia.
- Libertades económicas para todos los cubanos.
- Derecho a participar libremente en el gobierno del país.
- Elecciones libres y democráticas.

Pidiéndole al Parlamento cubano una ley que convoque a un referendo nacional, y lo más llamativo: amparado en la legislación vigente, y que ellos pretenden desconocer como una petición ciudadana legal y muy cubana.

Sorpresa de un anónimo cobarde

Al concluir el evento el Presidente de la Asociación Opinión Plural Pablo Saura Gómez entregó a Jordi Sánchez Navas, director del Club Información, y a nosotros una placa conmemorativa para la ocasión, que nos reconoce la lucha por lograr una Cuba democrática, plural y participativa.

Lo que no imaginamos que después de un debate tan enriquecedor, abierto, totalmente libre, tendríamos una sorpresa al llegar a los coches. Encontramos en sus cristales pasquines puestos por un anónimo cobarde enviado del régimen que no tuvo el valor suficiente de entrar en el debate político y sí ampararse en la oscuridad de la noche.

Quienes han venido a España de las cárceles de Cuba no son disidentes ni presos políticos o de conciencia, son MERCENARIOS que durante muchos años han estado y están recibiendo dinero para acabar con la Revolución cubana y convertir a Cuba en una neocolonia e impedir los procesos de liberación de Latinoamérica”, decían los papelillos.

Después de hacer una historia vinculándonos al gobierno de los Estados Unidos y a supuestos grupos terroristas terminaba el pasquín con esta apología: “todas las legislaciones del mundo clasifican estos actos de mercenarios, traidores y colaboradores con el terrorismo, que es lo que son”.

En un evento con entrada libre como lo habían concebido los organizadores, pero sigue siendo el estilo propio de los que a falta de argumentos solo apelan a las ofensas, el odio y la revancha. Nada más los invitamos a que dentro de un marco constructivo nos encontremos frente a frente en un debate donde podamos llegar a algún consenso por el bien y para el bien de Cuba.

Mi sobrina Keily es el mejor símbolo de libertad para mi familia

22 septiembre 2010 - 11:29 - Autor:

Durante muchos años el tema de la maternidad de mi hermana Keily llegó a convertirse en tabú, ella no decía nada o al menos no lo comentaba con frecuencia. Yo me abstenía de invadir su intimidad matrimonial, pero me entristecía ver que la etapa ideal para la procreación pasaba, frisaba los 35 años.

En prisión me llegué a hacer muchas preguntas, pero las respuestas las tenía ella, que no trataba el tema. Como ya les he contado, procedo de una familia donde las tradiciones y los valores arraigados son un patrón, la familia lo más importante.

El momento de la decisión definitiva con 35 años no podía esperar más. Recuerdo que a mediados de septiembre de 2009, mi mamá durante una llamada telefónica que me permitían anunció que había una sorpresa, aunque no la desveló. Lo habitual y más esperado eran las cartas y fotos de mi familia exiliada desde el 2007 en los Estados Unidos. Fueron días de espera con muchas expectativas hasta la visita familiar programada para principios de octubre.

En la visita, después de la euforia inicial por el encuentro y los saludos, lo primero que pedí era saber mi sorpresa, como siempre las cartas y las fotos que eran el bálsamo para mitigar el desarraigo, pero también me entregaron la imagen impresa de una ecografía. No soy gineco-obstetra, pero me di cuenta que era la imagen de un útero grávido y pregunté: ¿quién está embarazada en la familia? Mi madre con alegría me dijo “serás tío para el verano”.

Fue una noticia maravillosa dentro de tanto sufrimiento. Todos proponíamos nombres, pero la decisión era solo de los futuros padres. Fue en ese momento que se reveló el secreto de tantos años, era una mezcla de alegría y dolor: mi hermana era una víctima más de la difícil situación que afronta nuestro país, que la hacía dudar de lo conveniente o no de traer un ser a sufrir tantas limitaciones.

Entonces tomó otra decisión: atender mis necesidades en prisión pues a su entender la maternidad era una limitante dada mi reclusión en prisiones distantes del lugar donde residía toda la familia, y más que mis padres son ya unos ancianos. No pude soportar, brotaron las lágrimas. Nuevamente el amor filial pudo más que los proyectos personales. Mi hermana había renunciado a su maternidad por cuidarme.

Pero el tiempo es implacable y no disponía de mucho con 35 años. Se vio inmersa en una gran disyuntiva y con muy pocas o casi ninguna opción, se decidía o se quedaba sin hijos, y gracias a Dios, el pasado 16 de junio a las 16.48 horas nos regalaba una linda bebita, mi sobrinita, pequeñita, peludita, de 2.7kg de peso. Sana, llena de vigor, llegaba al mundo en un momento muy complejo, pero nunca imaginamos que era luz dentro de tanta oscuridad.

Recuerdo que la hermana Pilar, religiosa de las María Inmaculada, cada vez que nacía uno de mis hijos y ante nuestra preocupación por su futuro nos decía “no se preocupen: los niños nacen con un pan debajo del brazo y Dios se encarga de eso”. Tenía total razón. Keily llegó para alegría de toda la familia, la nueva vida, el relevo natural.

Lo que nadie pudo predecir era que con solo 24 días se vería involucrada en una gran aventura y que yo la conocería en la puerta de cola de un avión que nos traía a la libertad, o al menos a la oportunidad de lograrla.

Cuánta razón tenía la hermana Pilar: los niños nacen con luz propia. Sus progenitores pensaron que allá en Cuba la traerían a un mundo sin libertades, que sufriría, pero sucedió todo lo contrario. Al fin llegaba a la libertad, al decir de un amigo a su padre una niña que “nació con una estrella en la frente”.

Ahora con tres meses de vida, sana, fuerte, con 5.2kg de peso, es la alegría de toda la familia. Estamos pendientes de cada progreso suyo: cómo sostiene su cabecita, atiende, se ríe, trata de gorjear, y sobre todo -como buena cubana- protesta con energía cuando está llegando el momento de su lactancia materna. Con orgullo y alegría comparto con ustedes estos cuatro momentos en la corta vida de Keily, mi sobrina.

Al fin he podido palpar la tierra y acariciar un naranjo

20 septiembre 2010 - 11:13 - Autor:

Nada mejor para terminar un viernes tan productivo que pasar toda una tarde con un “guajiro” valenciano, como se autocalifica Someño, que insiste en resaltar su apellido, muy relacionado con Cuba como resultado de las oleadas migratorias que se sucedieron en la primera mitad del siglo XX y que él pudo además conocer en sus varios viajes a la isla caribeña.

Fueron horas que pasaron volando con este desenfadado y jovial hombre que interpreta melodías tradicionales de la región con su dulzaina, su apego a la tierra que produce la naranja, símbolo de la identidad agrícola valenciana y su pueblo “Castelló de la Rivera”, típico pueblo de la zona, que por encima de su vínculo con el naranjo está rodeado de polígonos industriales.

En una vieja camioneta recorrimos varios pueblos muy cercanos unos de otros, a través de sus interminables naranjales, al que nos llevó nuestro ocasional guía turístico. Ahí pude palpar la tierra, acariciar un naranjo, oler el aroma característico, tomar un fruto en verde, pues la etapa de cosecha debe comenzar en el mes de octubre, según nos explica el anfitrión, y se extiende por 5 meses, tiempo durante el cual el verdor de las plantas se une al color anaranjado del fruto en tiempo para recolectar, temporada que dinamiza al pueblo.

Del campo nos fuimos directos al pueblo, que nos enseñó con mucho detalle. Como una curiosidad, nos mostró el paseo que lleva el nombre de Avenida Cuba, otra sorpresa para un cubano exiliado lleno de añoranza, que de inmediato establece similitudes con una ciudad en Cuba, la de Camagüe y en el oriente de la isla: sus estrechas y tortuosas calles (algunas son adoquinadas) , las casas de techo alto, de largos corredores llenos de macetas con flores ornamentales, sus pobladores tan cercanos y conversadores me recuerdan más a la ciudad de mi niñez, hasta su “herba lluisa” me recuerda el olor de la hierba limón, muy usada en Cuba en infusiones con sabor similar al cítrico.

Compartimos un rato en un bar cercano que se empeña en mostrar la música cubana y aspira a que un artista plástico de la isla caribeña exponga sus obras en sus paredes, pues su dueño nos manifestó su aprecio por Cuba y su gente.

Regresamos tarde en la noche. Estoy cansado, pero complacido de conocer algo más de la vida del pueblo valenciano que nos acoge y el “guajiro” –que es como en Cuba llamamos a los agricultores o a las personas que viven en zonas rurales- lo demuestra con su apego a las tradiciones autóctonas y la fraternal acogida de él y su familia, sobre todo su madre, una bondadosa y dinámica señora próxima a cumplir 75 años. Que cumpla muchos más.

Desorganizaba y volvía a organizar la celda para no perder el equilibrio psíquico

18 septiembre 2010 - 6:12 - Autor:

A modo de recordatorio, fui llevado a prisión durante los hechos de la Primavera Negra de 2003, sucesos en los que 75 opositores del régimen castrista, condenados en juicios sumarísimos a penas entre 6 y 28 años de sanción, sometidos de forma arbitraria a régimen en celdas de aislamiento.

Son recintos con un espacio reducido de alrededor de 3 m2, rectangulares de 3 x 1 metro, con escasa ventilación e iluminación al tener solo una reja de entrada. Son celdas húmedas, estructuradas en dos secciones divididas por un tabique. El primero lo forma una letrina -conocida entre los presos como “turco”- encima del tubo por donde fluía el agua que ponían solo 5 minutos al día y que incluso podía faltar por varios días y un lavadero llamado “patera”. En el otro lado estaba la estrecha cama, incómoda incluso para mí, que soy un hombre de baja estatura.

Como pueden darse cuenta, queda muy poco espacio libre para poder moverse y ahí transcurría mi vida las 24 horas del día, con la excepción de 1 hora para tomar el sol en similares condiciones y aislado. Solo de lunes a viernes, no incluía los fines de semana.

Tuve visitas familiares cada 3 meses y una llamada telefónica una vez al mes por dos años, supuestamente el tiempo en que seríamos sometidos a uno de los métodos de castigo más cruel e infrahumanos que se le pueden aplicar a un hombre, donde se le priva al reo de todo vínculo de interacción social, con el objetivo de realizarle “un lavado de cerebro”.

Es como si el tiempo se detuviera, te ves obligado por las circunstancias a crear mecanismos de protección para superarte a ti mismo y soportar la prueba; de lograr un equilibrio psíquico depende el daño permanente que tendrás que cargar o no en el futuro. Esa es la causa por la que muchos de nosotros hoy llegamos al destierro con un deplorable estado físico y serios problemas de salud.

En mí ha quedado como una marca indeleble lo que se sentía a medida que pasaban los días, semanas, meses. Todo se hacía más duro y difícil.

Para soportar el estado de soledad total, me planificaba una rutina diaria que ocupara todo el tiempo y comenzaba con el alba. Casi siempre coincidía con la llegada del agua, llenaba en los escasos minutos los pomos de agua para beber y cubos para el aseo, mientras esperaba que llegara el desayuno que consistía en agua azucarada que conocíamos como “bunga” o algunas veces algún cereal no muy claro y un pequeño pedazo de pan.

Rezaba las oraciones de la mañana. Recuerdo con devoción como me refugiaba en rezar los misterios del Rosario, esa oración que tantas veces nos recomendara su Santidad el Papa Juan Pablo II.

Después de fregar el jarro, hacía algo de gimnasia, aunque no estaba acostumbrado, pues toda mi vida más bien fui sedentario. Con toda calma me aseaba y hacía lo mismo con la celda, organizaba cada una de mis pertenencias, que no eran muchas, me tumbaba en la cama a leer.

Al principio, clásicos de la literatura universal como El Conde de Monte Cristo, Los Miserables o la biografía de Fuché, era lo típico en las prisiones, además no tenía muchas opciones con visitas familiares tan esporádicas y literatura al principio limitada y censurada. Cuando se acordaban, los carceleros nos traían algún periódico nacional como el Granma, Trabajadores o Juventud Rebelde.

En esos trajines llegaba la primera comida, nada apetitosa y que variaba en cada una de las prisiones a las que fui trasladado. Mejoraba mi alimentación gracias a la bolsa de alimentos que les permitían a mis familiares traerme en las visitas, la que consistía en 25 libras de productos como galletas, sazonador en polvo, aceite, leche en polvo o algún cereal.

Después de almorzar, reposaba un rato o me sacaban a tomar el sol, desorganizaba y volvía a organizar la celda, me sumía nuevamente en la lectura, me bañaba y esperaba la cena, a la que le dedicaba más tiempo. Era todo un ritual tratando de abstraerme del mundo que me rodeaba, evitaba por todos los medios que me cogiera el “gorrión” (la tristeza), pues todo se convertía en un círculo vicioso que podía durar varios días y hacía mucho daño.

Llegaba la noche y la iluminación se hacía muy precaria. Sin otra alternativa, trataba de dormir lo más pronto posible hasta el siguiente día, para empezar todo de nuevo.

Mis familiares se dan cuenta que he traído de la prisión una manía por el orden y la organización, al servir la mesa, hacer la cama, atender las amistades, trato que todo quede al mínimo detalle, para mí algo normal y que no lo noto, pero ellos lo perciben. Aún es tolerable para todos, espero que el tiempo y Dios me dé la oportunidad de superar.

Muchos días nos pasábamos en la captura de alguna novedad, para variar: mirar por las aspilleras por donde entraban la bandeja con la comida cómo algunos pajaritos cazaban moscas en el pasillo de las celdas. Otra forma de entretenernos. Cualquier ruido, por muy insignificante, era objeto de atención.

Es realmente muy triste y devastador para un hombre la vida en esas condiciones y yo la viví.

Paneque

Aunque mi nombre completo es José Luis García Paneque, todos mis amigos y compañeros me conocen como Paneque. Soy uno de los primeros presos de conciencia cubanos liberados tras el acuerdo cerrado por la Iglesia de la isla y el Gobierno castrista. Cuando entré en prisión por ejercer la libertad de expresión en la primavera de 2003 pesaba 86 kilos; al salir pesaba 48. Ahora comienzo una nueva vida en Cullera (Valencia) junto a los familiares que me han acompañado en el exilio.

 

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