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Gracias a la crisis, ¡seremos todos millonarios!

4 noviembre 2010 - 16:33 - Autor: lainformacion.com

El método más efectivo para conseguir que un porcentaje muy grande de un país sea millonario se conoce desde hace varias décadas.  Países como Alemania, Japón o Italia lo saben y lo han aplicado alcanzando proporciones realmente elevadas de millonarios durante algunos años.

Muchos otros países conocen también esta fórmula e incluso algunos la han llevado a extremos realmente increíbles.  Ejemplos relativamente recientes (en un contexto histórico) se han vivido en países tan diversos como Angola, Argentina, Austria, Bielorusia, Bolivia, Bosnia/Herzegovina, Brasil, Bulgaria, Chile, China, Estados Unidos (1861-1865), Grecia, Nicaragua, Perú, Filipinas, Polonia, Rumania, Taiwán, Turquía, Ucrania, Zaire y Zimbawe, entre otros.

Probablemente, el caso más extremo se vivió en Hungría durante 1946.  En ese año y gran parte del anterior, Hungría contaba con un 100% de su población millonaria.  En 1945 la moneda Húngara era el Pengő y el mayor billete tenía una denominación de 10 millones, sin embargo para mediados de 1946 el mayor billete era de 100.000.000.000.000.000.000 Pengős y los precios se doblaban aproximadamente cada 15 horas.Y solo hace dos años, en 2008, en Zimbawe se duplicaban los precios cada día.

Por estas múltiples experiencias, no es extraño que desde hace algunas décadas se haya generalizado el definir la inflación como “inflación = subida generalizada de precios” y se haya prácticamente ignorado la definición clásica utilizada durante siglos con anterioridad “inflación = perdida del valor del dinero en el tiempo”.

Es decir, definimos la inflación por sus consecuencias y no por sus causas.  Quizá deberíamos preguntarnos ¿quién se beneficia de definir un término falazmente por sus consecuencia y no por sus causas?

Como muchas veces se ha comentado, la macroeconomía es una disciplina tan compleja y de difícil experimentación que permite que una persona obtenga el Premio Novel por sostener una teoría y otra por defender la contraria.  Por eso para evitar polémica, utilicemos el término “inflación” (con minúscula) para definir la subida generalizada de precios, “Inflación” (con mayúscula) para definir la pérdida de valor del dinero en el tiempo e “INFLACIÓN” para aquellos casos como el de Hungría, Zimbawe, Alemania, etc.

Es muy común desde hace más de medio siglo el asumir como dogma para el bienestar económico, la necesidad de favorecer un ritmo moderado de “inflación” (para lo cual se admite, promueve y “aprovecha” la “Inflación”).

En una situación de crisis como la que vivimos, parece existir un deseo colectivo por tener cierta alegría “inflacionaria” que permita reducir el valor real del significativo endeudamiento personal, familiar, empresarial y especialmente bancario y gubernamental,  a la vez que ayude a que los activos reales (como por ejemplo los inmuebles) recuperen (al menos de forma nominal) el valor que hace poco tuvieron e incluso inyecte alegría en el consumo (nuevamente confundiendo la causa y el efecto).

Lamentablemente, la gente a la que le ha tocado ser “millonaria” durante los años en que la “Inflación” se ha convertido rápidamente en “INFLACIÓN” este método también provoca un vertiginoso empobrecimiento generalizado de la población y una transferencia masiva de riqueza de la gente más pobre hacia muy pocos afortunados.

La “Inflación” también suele llamarse “el impuesto de los pobres”.  Cuando el dinero pierde valor los activos reales suben de valor y las deudas lo pierden (en especial si como suele suceder los tipos de interés se mantiene artificialmente bajos).  Por lo tanto, un mendigo que tiene el 100% de su patrimonio en efectivo en su bolsillo pierde mucha más riqueza que un rico que tiene activos reales y deudas que compensan parcialmente la pérdida de riqueza de sus activos monetarios.

No olvidemos además, que en todos los países, nadie gasta más que el que imprime los billetes.  Durante los dos últimos siglos han existido muchos ejemplos en todo el mundo de situaciones donde la “inflación” ha tardado cierto tiempo en convertirse en “Inflación” pero no mucho más en ser “INFLACIÓN”.

En los últimos 24 meses, la Reserva Federal de los Estados Unidos ha aumentado la masa monetaria desde niveles de 700-800 billones de dólares en 2008 a cerca de 2.400 billones de dólares actualmente (para financiar el rescate de AIG y principalmente la agencias públicas Fannie Mae y Freddie Mac, y los planes de estimulo económico).

Esta dramática expansión monetaria obliga a China y Japón ha hacer lo propio para no perder el relativo equilibrio en el tipo de cambio de sus monedas (y por lo tanto competitividad exportadora) y puede terminar arrastrando a Europa a pesar de que sus mayores socios como Alemania (quizá por recordar mejor las consecuencias) intenten no sumarse a la aventura.

Por lo tanto, cuando se promueven rescates para evitar riesgos sistémicos, planes de estimulo económico y nos alegramos de que suban los precios (interpretándolo como signo de recuperación del consumo y de la actividad económica) tengamos cautela con nuestros deseos de ser millonarios, no vayan a convertirse en realidad.

Andrés Peláez Collado


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2 Comentarios

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[...] Gracias a la crisis, ¡seremos todos millonarios! (lainformacion.com) [...]

muy buen artículo Andrés. estoy de acuerdo, es bochornosa la actuación de EEUU y que mantengan unos tipos por debajo del 0,25%. ¿ qué co.ones pensarón subiendo tipos cuando no debían y luego vieron que estaban rodeados de una cuadrilla de entes yonkies del crédito y les han vuelto a suministrar sus dosis de liquidez ? es preferible que como apuntan otros estudios, los precios de los activos reales inmobiliarios se deprecien anualmente un 1% en términos reales de aquí a 2050, que entrar en una expiral inflacionista.

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