Saltar al contenido

« ver todos los blogs

Comportamientos indignos: Carlos Mulas

27 enero 2013 - 17:13 - Autor: lainformacion.com

Durante años parecía de muy mal gusto, al menos en determinados ambientes, mantener una conversación sobre ciertas prácticas indecorosas de las que hacían gala algunos responsables públicos, ya fuesen altos funcionarios, directivos o incluso beneficiarios de ayudas otorgadas por las diferentes administraciones. Entrar en ese tipo de controversias parecía propio de gente ineducada.
En aquel entonces, y, aunque España llevaba años ocupando uno de los peores lugares en los Indices de Transparencia Internacional, esta noticia apenas había merecido, en el mejor de los casos, –consulten Google o cualquier hemeroteca- unas pocas líneas en nuestros grandes diarios de referencia.
 Sin embargo, las señales que preludiaban el derrubio actual, pese a lo que se diga, eran nítidas. Por ejemplo, un Informe presentado el 11 de abril de 2007 en la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo por una delegación parlamentaria que había visitado Andalucía, Madrid y Valencia había llegado a la conclusión de que el urbanismo que estaba padeciendo España era un atentado contra los derechos fundamentales, movido por intereses bastardos de constructores sin escrúpulos en connivencia con alcaldes de poca monta, enfeudados unos y otros en la codicia y la avaricia (sic). El fenómeno –se señalaba en el Informe- alcanzaba su paroxismo en la costa mediterránea y, en particular, en la Comunidad valenciana donde la construcción suponía con demasiada frecuencia el expolio de una comunidad y una cultura.
Más señales. Tal vez no recuerden un artículo de The Washington Post del año 2006 en el que se analizaba el desarrollo urbanístico español. Citando a los ecologistas, el periódico subrayaba que el boom de la construcción estaba fomentando la corrupción, destruyendo los ecosistemas y convirtiendo en una monstruosidad la mayor parte de nuestra costa.
Remitiéndose a opiniones de expertos, el periódico norteamericano manifestaba que este boom había creado una economía sumergida, capaz de atraer una financiación ilícita de miles de millones de euros. Los billetes que conformaban este magma de dinero negro recibían el nombre de “Bin Ladens”: porque todos sabían que existían pero ninguno conseguía encontrarlos.
Volviendo al presente. Tal vez los políticos socialistas piensen que las golferías –utilizando su terminología- del director de la Fundación Ideas, Carlos Mulas y de la falsa colaboradora, Amy Martín, no son ilegales. Pero sin duda suponen un comportamiento propio de gente indigna y un quebranto moral que no se merece esta sociedad. Como tampoco se merece que la persona (Jesús Caldera) que propuso para el cargo al ya exdirector de la Fundación no se haga responsable de su proceder.
Es bastante corriente en España que todavía sigan existiendo comportamientos que, aunque no sancionables jurídicamente, resultan absolutamente impropios de una democracia desarrollada. Me vienen a la memoria algunos que he vivido o he conocido de cerca, sobre personas que trabajaban para instituciones públicas: desde llevar todos los fines de semana (c0n cargo al erario público) a comer a toda su prole, encargando incluso una tarta para la merienda, a las constantes cuchipandas con compañeros de trabajo en conocidos asadores madrileños. O si se me apura, a nombramientos en empresas públicas de la cónyuge e hijos de algún alto directivo.
Para aquellos que hemos trabajado con instituciones públicas de otros países estos comportamientos nos resultan inconcebibles. En países como Holanda, Francia, Alemania o Reino Unido, por citar solo algunos, abundan los ejemplos de una utilización racional y transparente de aquellos recursos que proceden de los impuestos de la ciudadanía. Y, sobre todo, siempre cabe la más absoluta reprobación ciudadana ante este tipo de prácticas.
La mala noticia es que no parece que exista en nuestro país antídoto alguno contra este palmario desasosiego. El gap entre políticos y ciudadanos es cada día mayor y persistirá mientras la clase política no ofrezca mayores dosis de empatía con los más desfavorecidos, que son ya legión.
Lo peor de todo, sin embargo, es que la falta de sanciones y el castigo ejemplar a los autores de estas prácticas propenden también a fomentar cada vez más, “ciertas incurables desesperanzas”, como diría el maestro Caballero Bonald.

José Vicente García Santamaría

TrackBack

URL del Trackback para esta entrada:
http://blogs.lainformacion.com/economia-firmas/jose-vicente-garcia-santamaria/comportamientos-indignos-carlos-mulas/trackback/

2 Comentarios

Deja tu comentario

Puede seguir esta conversación suscribiéndose a la fuente de los comentarios de esta entrada.

que gonorrea de pajina

malparidos tan bobos

Deja tu comentario

Secciones

Sobre nosotros

Siguenos también en: Facebook Twitter Flickr Google News YouTube iPhone iPad Android