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José Mourinho: el narcisista corporativo que nunca llegará a ser Steve Jobs

6 enero 2013 - 17:26 - Autor: lainformacion.com

El libro de Adam Lashinsky sobre Apple y el legado de Steve Jobs, que hace poco ha aparecido en España, describe al creador de la empresa más admirada de Estados Unidos como un “narcisista corporativo”, capaz de ser también un líder carismático, empeñado en hacer lo que sea preciso para salir triunfante, sin importarle demasiado la opinión que de él tenga la gente, a excepción de sus incondicionales.
Una estrategia que remite entre sus más inmediatos precedentes al personaje de Walt Disney –y más contemporáneamente al hombre que rescató a esta empresa, Michael Eisner- pero que también es muy común a algunos creadores de empresas de tecnología que han alcanzado el éxito, como Larry Page o Mark Zuckerberg.
En cualquier caso, el retrato de Jobs se asemeja mucho al de José Mourinho, aunque con una diferencia fundamental: el entrenador portugués no ha sido el creador de su empresa ni es desde luego su máximo ejecutivo, aunque se aplique con tal denuedo que parezca lo contrario.
Al igual que Jobs, el luso trata también de explotar su marca personal. Y no es sólo el protagonista: es (o intenta ser) simplemente el “producto”. El plan de comunicación del Real Madrid no es el de la entidad sino el suyo personal. De ahí que pretenda siempre erigirse en el foco de atención, con la burda excusa de quitarles presión mediática a sus jugadores.
Una estrategia tan agresiva, y tan escasamente sofisticada, no tendría éxito sin el logro de continuos éxitos. Esto es, no existiría marca Mourinho ni marca Jobs sin alcanzar el liderazgo mundial y ganar continuamente títulos.
Para lograr estos objetivos, la comunicación debe ser férreamente controlada. Solamente pueden hablar con los media aquellos a los que el amo designe. Dentro del club todo debe ser controlado, y fuera del club, ya se encarga ese personaje sin CV, llamado Eladio Paramés, y el lobby portugués de Jorge Paulo Agostinho Mendes, de velar por los intereses de la marca Mou. Es todo un tanto previsible y pedestre y sin el menor atisbo de sofisticación. Pero allá el Real Madrid si deja trabajar a sus anchas a este u otro lobby dentro del club, como si eso fuera la Cámara de Representantes de EEUU.
Volviendo a Apple: si esta empresa –como describe Lashinsky- no es un sitio agradable donde trabajar y en el que nadie sabe muy bien cómo medrar en ella, ¿por qué ese empeño en formar parte de ella? ¿A quién le interesa estar inmerso en una cultura dura, intimidatoria, policiaca, donde la comunicación interna parece ser un mal chiste?. Solamente a aquellos que deseen fervientemente formar parte del club de los elegidos para la gloria.
Las consecuencias de esta malhadada política son cada vez más claras: o mejor dicho, son cada vez más evidentes para el más común de los mortales.
Con el paso del tiempo, la marca Real Madrid se encuentra cada vez más “contaminada” por la marca Mourinho. Extraña ligazón con un personaje que parece un fugitivo, saltando de un país a otro, y formando parte de empresas con culturas corporativas muy diferentes. Tanto que, a veces, parece enormemente complicado que dos egos como Florentino y Mou quepan en el mismo despacho o en el mismo club.
Como el entrenador portugués no tolera la apostasía, algo muy propio del estilo de paranoicos, obsesionados tanto con enemigos reales como imaginarios, resultan inevitables sus encontronazos continuos con dirigentes del club, futbolistas o periodistas que no sean de su cuerda.
Pero el problema más grave de Mourinho, y ahí radica una de las grandes diferencias con Steve Jobs, es su incapacidad de predecir el futuro del sector en el que trabaja; e incluso, añadiría, su propio futuro como entrenador de fútbol.
Su única salida parece ser la huida permanente, hasta que un día no demasiado lejano su marca acabe difuminándose en el tiempo. Cuando eso suceda, todavía seguirá floreciendo la imagen de Iker Casillas, que sí es patrimonio nacional español, como el resto de los miembros de esa selección de fútbol que con tanto empeño –no exento de cierta saña- ha tratado de destruir el portugués.
Pero miren por dónde, Casillas es mucho más inteligente que Mourinho. Uno grita y pretende ser Jobs, y el otro simplemente parece ser un chico de barrio que, humilcdemente, practica la vieja “estrategia del silencio”; una estrategia que le está proporcionando unos réditos extraordinarios. Así que a estas alturas de partido, y al margen de escaramuzas coyunturales, ya sabemos perfectamente quién ha sido el ganador de este combate.
José Vicente García Santamaría

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