¡Que devuelvan la Champions!
Poco después de la victoria del Chelsea en Munich tuve la curiosidad de sondear qué había dejado el partido en las redes sociales. Maldita la hora.
Para mi sorpresa -aún conservo suficiente candidez- toda la tribu de puristas se había echado al monte cibernético para devorar al impostor inglés.
La ortodoxia decidió que el conjunto londinense era indigno del galardón continental y por eso las hordas de la pureza intelectual tomaron las calles en twitter.

La verdad es que el destino del Chelsea lo habían escrito los guardianes de la raza el mismo día que cometió el error de no caer ante el F.C.Barcelona en semifinales.
Podría pensarse que no es más que una rabieta de aficionados y periodistas coñazo. Algo de eso hay. Sin embargo, yo atisbo algo más de peligro. Veo asomar la patita del totalitarismo por la esquina.
Veo una policía del pensamiento fraguando el modelo que se debe aceptar y lo que se debe rechazar. Gustos armonizados y teledirigidos por los estetas.
Veo a los líricos haciendo pandilla para quemar simeones, mourinhos y di matteos. Veo un nuevo acoso a aquellos que osen hacer del fútbol un deporte y por tanto acepten la posibilidad de la sorpresa.
La nueva ley dice que sólo gana un estilo de juego. Obligatorio tocar cincuenta veces antes de rematar y tener la pelota más de un sesenta por ciento del tiempo, aunque sea en propia defensa.
Como la puñetera realidad no se inclina ante nadie, cuando la nueva moda no se impone, se carga contra el infractor, como anoche se cargó contra el Chelsea.
Es nauseabundo. Es la negación de los principios fundacionales del fútbol, mucho más cercano a valores tribales que a las intrigas versallescas que ahora triunfan.
Los sabuesos que ladran a los pobres ingleses, deberían ocuparse de defender la pureza del juego, sea cuál sea el estilo de moda.
Si a tu equipo le falta talento pero le sobra energía, tendrás que esforzarte para que el aspecto muscular sea preponderante en el juego. De otra manera serías idiota. Si lo que tienes es artistas, te interesará crear, buen césped y un árbitro poco permisivo.
El debate estético, en el que casi todo el mundo estaría cercano, no tiene licencia para arrasar con todo.
Estoy hasta donde dijimos de puritas de salón. De salvadores de almas que apenas aciertan a redactar dos frases.
Estamos arrinconados por el ejército de lo políticamente correcto. Soldados con acento argentino y con mala leche para regalar.
Están fracasando. Están consiguiendo que la gente respete más y ponga en valor las gestas de Simeone ante Bielsa, de Di Matteo ante Heynckes o de Mourinho ante Guardiola.
Se gana como se puede y punto. Se admite que guste más o menos. Nada más. Lecciones de estilo, las justas.
Enhorabuena el Chelsea. Ha ganado el torneo de los torneos teniendo peor equipo que muchos otros. Esa es la grandeza -que no la miseria- del juego.
Sólo espero que dejen de dar la paliza los que siguen pensando que Curro Jiménez debería pedir perdón a Napoleón por no pelear noblemente en campo abierto.









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