Hay que hacerse árbitro
A mí me llega tarde porque llevo demasiados años malgastado mi vida en el periodismo, pero si fuera más joven me haría árbitro. Es un mercado emergente. Ahí no hay crisis. Te forras, viajas por la patilla y encima mantienes los michelines a raya. Tres en uno. Como el anuncio.
Además puedes disfrutar de un perfil bajo que te permita hacer vida anónima incluso después de montar un guirigay un domingo cualquiera. Tarjetas y penaltis por la tarde y cenorrio por la noche.

Que te guste el fútbol o lo hayas practicado con una cierta asiduidad de joven es lo de menos. Que sepas la diferencia entre el gesto que genera el dolor real o el auténtico y genuino cuento chino es también algo menor.
El otro día leí no sé dónde que el número de aspirantes en España había crecido por primera vez en años. Hoy entiendo más.
Platini, ese que jugaba tan bien pero que una vez retirado nos ha demostrado que es muy francés, ha confirmado que en la Eurocopa de 2012 en Polonia y Ucrania habrá cinco árbitros por partido.
Chollazo. Los errores se reparten y se toca a menos. Las dietas no. Con eso no se juega. La soledad del árbitro es algo que quedó atrás. Los tiempos corren que es una barbaridad. Ahora son una pandilla.
Como la que reflejaba Edin Blyton en sus libros. Un puñado de coleguitas que se mueven en limusinas y cenan en reservados a cambio de ser la parte más arbitraria –bien traído, ¿verdad?- del juego.
Patadas como la de De Jong en la final del Mundial seguirán yéndose al limbo, que ya no existe, por cierto, pero ahora habrá menos paro. Veámoslo así. Es un cable que le tira Platini al Ministerio de Trabajo.
Hay que hacerse árbitro. No se liga más pero merece la pena. Y encima todo el mundo te conoce por tus dos apellidos.
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