Ponga una amarilla en su vida
Más de una vez he confesado mi admiración por el poder cautivador, casi anestésico del fútbol. Reconozco mi devoción por algo que nos tiene todo el año debatiendo sobre lo mismo sin que caigamos en la cuenta de que no hacemos más que repetirnos. Mismos argumentos, mismas situaciones y, como mucho, distintos protagonistas.

Viene esto al caso por las tarjetas amarillas que supuestamente deberían forzar algunos jugadores del Barcelona el próximo sábado para no correr el riesgo de perderse el clásico del día 16.
El asunto tiene algo más de miga que de costumbre porque unos de los implicados es El primo de Zumosol. Por nombrarlos a todos, además de Messi, hablamos de Busquets, Valdes y Mascherano.
En esta materia, quien más y quien menos entiende que los jugadores traten de regatear el reglamento para evitar perderse compromisos de esta relevancia. Lo malo aparece cuando alguien sale para reconocerlo abiertamente.
Aquí, sólo podían ser Alves o Piqué. Los demás suelen esquivar los charcos con la misma habilidad que a los contrarios. Comoquiera que Piqué está algo más tapado para evitar que los paparazzi le den con la cámara en la cabeza, sólo nos quedaba Alves.
Este no falla. No tiene problemas. Encima, recién renovado…como para pedirle prudencia. No hay que darle mucho recorrido al tema, porque lo que supuestamente podría hacer el Barça en Villarreal, lo hace todo el mundo. El matiz es que, si los propios protagonistas lo reconocen se convierte en algo sancionable. Ese es el único punto a evitar.
Es más, es una suerte a perfeccionar, porque el Madrid se dejó ver demasiado en Liga de Campeones y le cayó la del pulpo.
Hay cosas que nuca debemos dejar de hacer: tratar de controlar la velocidad al volante, comer de forma saludable, pedirle prudencia a Dani Alves…









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