Por fin Bangkok
El antiguo reino de Siam resultó siempre atractivo al viajero. Lugar variopinto y divertido en el que huir de las rutinas occidentales. Un sitio donde todo huele fuerte, tiene un color fuerte y sabe fuerte.
En Bangkok pica hasta el pan, si lo encuentras. Aún así, es un sitio al que ir. Es tan diferente, que aprendes y te sorprendes desde que llegas al aeropuerto.

El budismo lo impregna todo. Al ser más una filosofía de vida que una religión, llama todavía más la atención la penetración social de su doctrina.
En lo que refiere al deporte, no existe el concepto británico de la competición relacionada con el ejercicio físico. No se valora hacer cosas con una pelota. Ya sea con los pies, las manos o las dos cosas. El deporte nacional es el boxeo, y después, artes marciales varias.
Hace calor y llueve a partes iguales y ambas cosas desesperan de modo similar.
Por eso, y reconociendo mi escaso conocimiento sobre la realidad de la vida cotidiana de Bangkok, entiendo que su atracción resulte irresistible para muchos.
Guti es uno de los vampirizados. No sé si ha estado previamente en la zona, pero tiene poca pinta. De otro modo no se entiende que pretenda confiar sus últimos días de fútbol a una zona del planeta donde nadie tiene la menor intención de verle.
Personalizo en Bangkok porque fue el propio Guti el que reconoció tener el oculto deseo de vivir en la antigua Siam y acudir a la cita en moto.
Guti tiene un talento que le diferencia. Sucede que tiene similar capacidad para hacer bobadas e incluso decirlas. La frivolidad de su existencia no parece tener fin.
Alguien debería susurrarle al oído, a ese en el que lleva un pedrusco de los que valen más que un piso, que la vida en algunos países es diferente si sales del bunker de cinco estrellas.
Que si lo que buscas es diversión nocturna, o diurna, no vas a encontrar nada diferente a occidente salvo el paisaje.
Hay que ser positivo en la vida. Seguramente todos pensamos que el día que de verdad Guti se asome al sureste asiático, se va a llevar tal leche que las risas se van a escuchar en Torrejón durante décadas.
Sin embargo, el lado bueno es que igual nos lo devuelven normal. A lo peor le quitan los tatuajes a mordiscos y le quitan la patata de la boca.
Bien mirado, estoy a favor. ¡Animo Guti! , a por ellos.









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