Los duelistas
Es el título de la primera película de Ridley Scott. Años antes hizo algo con su hermano Tony. Una gansada. Su Opera Prima fue “Los duelistas” y dejó al personal con la boca abierta.
A pesar de las insalvables similitudes con “Barry Lyndon”, cosechó el aplauso de la crítica, numerosos premios y la admiración del público, aunque no por este orden.

Las dos siguientes películas de Ridley Scott fueron “Alien” y “Blade Runner”. Si se llega a retirar el día que presentó “Balde Runner”, sería un mito sólo al alcance de James Dean o Marilyn.
Pero no. Creyó que no era mortal y siguió dirigiendo. Por no matarle de golpe, debemos resaltar que ente truño y truño aparecía el genio.
“Thelma y Louise”, si acaso parte de “Gladiator” y “Un buen año” devolvían el precio de la entrada. El resto aún nos lo debe. Especialmente el de “La teniento O’Neil”. Cagadón.
En fin, a lo mío. “Los Duelistas” cuenta la historia de dos oficiales del ejército napoleónico que se retan de por vida. La enfrentamiento comienza por una nimiedad y deriva en guerra sin cuartel durante casi dos décadas. Una cosa fascinante e intensa que parece no tener fin.
Traigo a Scott y a sus duelistas a este rincón en el último día del año porque es lo que me deja la temporada: dos oficiales de rango similar, enfrentándose una y otra vez e inundándo la escena. Algo con una fuerza visual difícil de eludir.
Obviamente me refiero a Madrid y Barça. A Mourinho y a Guardiola. Y también a Messi. Y a Cristiano. La dualidad de nuestro fútbol nunca vivió algo similar en intensidad y fiereza.
Hablamos de ellos sin descanso porque lo demás a su lado empequeñece. En apenas dos semanas pueden volver a enfrentarse en Copa y es posible adivinar que esos dos nuevos duelos harían ruido para meses. Gane quien gane.
Como en la película, el desenlace es casi lo de menos. Aunque muchos crean que es el ansia por conocer el final lo que atrapa, no es así. Es el camino, el desarrollo de la trama lo que se hace imprescindible.
Lo único a solicitar para el nuevo año es que los protagonistas estén a la altura. Harvey Keitel y Keith Carradine jamás bajaron la guardia, nunca mejor dicho.
Vendría bien que el nuevo Mou se consolidara como alguien más calmado, que Cristiano esquivara los líos y que Guardiola aparcara un poco su misticismo y nos hiciera algún guiño al resto de mortales.
Estamos ante algo maravilloso. Hay que disfrutarlo en 2012 con la misma pasión que en 2011. Más que nada porque dentro de no mucho tiempo pueden llegar “La teniente O’Neil”, “El reino de los cielos” y demás ladrillos con los que Ridley Scott pareció querer fulminar su buen nombre.
Feliz año a todos, incluido Scott.









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