Negación culé
Pretendo rascar algo mas en un asunto apuntado aquí hace días. Me refiero a la peligrosa deriva que rige en Barcelona por la cual se niega sistemáticamente cualquier mérito al rival que se enfrente al Barça.
Lo que comenzó como una pequeña travesura de colegial se ha convertido en el eje del pensamiento culé: todo lo que pasa en el campo nace y muere en el conjunto azulgrana. El otro no juega. Es, simplemente, el otro. El estorbo necesario. Un mal a liquidar sin siquiera ser nombrado.

Se trata de un ejercicio de endogamia intelectual que niega al adversario la posibilidad de protagonizar el fútbol y le somete a un perverso segundo plano.
Si el Barça golea es por su capacidad y talento. Si la cosa se tuerce, los argumentos a escrutar serán el árbitro, el estado del terreno y la violencia desmedida del bárbaro de turno, nunca que haya destacado en alguna faceta.
La psicología define la negación como un mecanismo de defensa que consiste en evitar enfrentarse a los conflictos negando su existencia. Bien manejado, un chollo.
Si el Milan se te atraviesa, cosa discutible, porque nadie se cree que el conjunto italiano sea capaz de salir vivo del Camp Nou, la conducta a seguir es situar en primer plano al árbitro seguido muy de cerca por el estado del campo.
Así funciona el pensamiento moderno. Nada de otorgarle un protagonismo merecido a Abbiati, que evitó con sus acciones más de un tanto culé. Ni el portero ni los vetustos defensas ni los anónimos centrocampistas italianos merecen crédito alguno.
Sus nombres sólo aparecen ligados a posibles faltas o a patadas incomprensibles. Y así día tras día. Mes tras mes. Año tras año. Nada existe fuera del Barça.
Justificar esta traumática realidad acusando al Real Madrid de mil pecados -que gran parte son verdad, por cierto- es otra negación más.
El entorno blaugrana debería abandonar este victimismo. Por antiguo y por injusto. Los demás que hagan lo que quieran, pero el rival debe ser considerado.
Una cosa es el cachondeo de menospreciar a todo aquel que pierda contra el Madrid hasta llevar al ridículo sus victorias y otra muy distinta olvidar de forma sistemática que quien juega contra ti debe ser reconocido.
La grandeza se mide también por la elegancia a la hora de ganar.
En los últimos tiempos, las únicas reflexiones que han reconocido méritos al rival desde La Ciudad Condal han sido hacia aquellos que han salido goleados y atropellados por el Barça.
Esa consideración detestable que sienta casi peor que el desprecio. Te machaco y luego elogio tu presunta valentía para engrandecer mi logro.
Se lo tienen que hacer mirar. Eso o negarlo todo, incluidas estas líneas, lo que es bastante probable.


Este genio publicó hace poco más de una década “Differentiate or die” (diferénciate o muere). En este manual que desglosa las claves del éxito en la sociedad occidental actual, extrae como conclusión fundamental que si no tienes o haces creer que tienes algo diferente al resto, tu mensaje parte como perdedor.





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