Me llevan timando tres décadas. Suena fatal pero es verdad. Desde que era niño llevo escuchando historias del derby. Historias sobre una rivalidad ancestral y casi épica. Historias de grandes partidos y jugadores de leyenda. Mentira casi todo.
La primera vez que fui al fútbol en Madrid fue en 1976. Me llevó mi padre a un Real Madrid – At.Madrid. Ganó 1-0 el Real Madrid con gol de Sánchez Barrios y me aburrí como una ostra.

El partido fue malo y el gol un churro. Ni sabía quién era Sánchez Barrios ni lo sé a día de hoy. Desde entonces siempre presto atención especial a estos partidos. Supongo que evocando aquél momento. Quién sabe.
Y la verdad es que los recuerdos que tengo no coinciden en absoluto con la imagen que se ha venido contado de los enfrentamientos entre madridistas y colchoneros.
El derby vive de los años cincuenta y de los sesenta. Ahí acaba todo. Llevo tiempo dándole vueltas al asunto. Confrontando lo que dicen los cronistas.
Hoy me he entregado a la hemeroteca –que cosas descubre uno- y he puesto la lupa en la historia reciente de los enfrentamientos entre el Real Madrid y el Atlético.
He elegido remontarme treinta años atrás. No por nada, sino porque es lo que se considera una generación. Desde 1980 hasta hoy.
Aparte de encontrar un sinfín de anécdotas, desde divertidas a patéticas, lo llamativo de verdad es el balance global de los enfrentamientos.
Como son partidos especiales, se dice, he prescindido de dónde se jugaba y he ido a buscar el dato desnudo de cuántos partidos habían jugado y cuántos había ganado cada uno.
Pues ahí va. Desde 1980 hasta hoy se han jugado treinta ligas. Quitando los dos años del Atlético en el infierno y añadiendo años con varios enfrentamientos salen unos sesenta choques.
El Atlético de Madrid ha ganado ocho. Si, ocho. Poco más del diez por ciento. Casi el noventa por ciento de las veces que se ven las caras, da igual dónde,ni tocado ni hundido: agua
Ahora contarme otra historia. Si es buena me la tragaré. Como llevo tragándome tres décadas las milongas oficiales.
La única rivalidad de verdad es la que se vive o se vivía en la ciudad. Oficinas, bares, etc. Ahí se jugaba y se juega el verdadero derby. En el campo, como podéis ver, la cosa está más que clara.
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