¿Síntomas febriles?
El fútbol moderno se gana a domicilio. Desde hace tiempo. Aquel capaz de ofrecer un rendimiento similar en su estadio y en el del rival termina levantando trofeos.
Para que esto sea viable, hace falta algo más que buen juego. Hace falta experiencia y sobre todo hace falta sacrificio.

Hablo de cosas que son fútbol y no lo son. Hablo de derrotar a la pereza, por ejemplo. Algo que suena feo en un chico de veinte años con casa de rico pero que es real.
La pereza de salir de una mansión amable para meterte un viaje a tierra hostil donde te espera una ciudad entera con ganas de comerte en pedacitos.
Ahí, el mérito de Guardiola en el Barça moderno es descomunal. Para mí, muy superior al mérito futbolístico, que no le niego, por cierto.
El Barça es un grupo de leyenda, como Los Beatles, pero tiene que seguir tocando en todo tipo de garitos porque las giras están montadas así.
Eso no es sencillo. Es una de las explicaciones, que no la única, para entender porqué el Barça maravilla en el Camp Nou y sólo ha ganado dos de sus seis salidas. Por cierto, las dos por cero a uno y frente a rivales modestos como Granada y Sporting.
Esos datos no nos hablan de futbol. Hablan de la complejidad de mantener el tono de pelea cuando estas lejos de casa.
Para eso hay que tener hambre. Hambre de la que ha conservado el Barça en los tres últimos años. Apoyados en un motivador de tronío, un grupo de talentos crecidos en La Masía, han sabido no ceder al elogio permanente. Negar eso sería tan necio como negar que estamos apreciando síntomas en este curso que no habíamos visto antes.
Realmente no sé todavía si creo que ha perdido parte de ese apetito o no. Sin embargo, los números me hacen pensar. Son raros. Cuesta derrotar al Barça como visitante pero casi tanto como le cuesta ganar al propio Barça. El año pasado cedió seis empates. En dos meses de competición lleva ya cuatro.
Igual no es nada, pero mientras se establece un diagnóstico veraz, los rivales que reciben a los blaugrana empiezan a creer posible no perder ante el equipo que ha terminado con los adjetivos.
Cuidado con los fríos. Han llegado de golpe y si no te abrigas, te alcanza el catarro. ¡Al loro!









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