Sensaciones
Llevamos un verano un poco peñazo con los fichajes. Se supone que al periodismo le viene bien. Serán los quinientos primeros años. Luego empieza a cansar.
A la espera de que los enfrentamientos entre Barça y Real Madrid nos despierten a golpes, quería dejar algo dicho sobre las sensaciones.

No hablo del juego en sí, sino de la ilusión que generan los fichajes y cómo se gestiona ese caudal.
A día de hoy, el Barcelona ha manejado de forma discutible las operaciones realizadas o por realizar. El Real Madrid peor. Creo que bastante peor.
Tiene todo que ver con generar expectativas y defraudarlas. Tiene que ver con diseñar fichajes de campanillas que se detallan al milímetro en docenas de portadas sin respaldo real. Es como pescar sin quedarte el pez. Es cocinar para no comer.
Generar ilusión es relativamente fácil. El problema está en la decepción. En pinchar el globo. Da igual si se llenó artificialmente de aire o no.
El Barça, por ejemplo, ha invertido casi siete mil millones de las extintas pesetas en un jugador con buena pinta, pero el enredo continuo en el caso Cesc ha evitado que se generen sensaciones de éxito e ilusión alrededor del equipo. Es más, si Cesc no llega, habría incluso decepción.
Lo del Real Madrid es peor. El batacazo emocional del caso Agüero podría verse agravado si lo de Neymar sale rana.
Y es posible que salga rana pase lo que pase, porque las noticias que llegan a diario desde Brasil están cabreando tanto al personal que no sé ya si es mejor que venga o que se quede con su peluquero hasta 2014.
El problema de estar permanentemente preocupado por blindar un club y la información que destila, es que te terminan haciendo las campañas desde fuera.
Si Neymar no llega, más de uno va a rezar para que Agüero no pase de los cinco goles en la temporada. Si empiezan a llegar goles del Kun vestido de celeste, a más de uno le va a dar un calorín.
La gestión de la ilusión es algo delicado. Parecido a las siete y media. Malo si no llegas, pero ¡ay de ti si te pasas!









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