Si Mourinho fuera amable…
Si Mourinho fuera amable las cosas se verían de diferente forma. Las mismas cosas, digo.
Se vería diferente que el Real Madrid estuviera a punto de batir con holgura el record de goles del campeonato que hasta hace poco parecía inaccesible.

Si Mourinho fuera amable se valoraría de forma positiva que por primera vez en un par de décadas hayan desaparecido del vestuario del Real Madrid los desencuentros habituales que surgen cuando metes tanto gallo en el mismo gallinero.
Si Mourinho fuera amable se apreciaría en su justa valía el rendimiento táctico que ha exhibido el Real Madrid a lo largo de la mayoría del curso, donde sólo el mejor Barça jamás visto ha podido, en alguna ocasión, doblegar a los blancos.
Si Mourinho fuera amable se ponderaría en su medida real la importancia de haber ganado en el Camp Nou, en Mestalla, en Sevilla, en el Calderón y en San Mamés.
Si Mourinho fuera amable se pensaría en Karanka como en Vilanova, un amigo fiel que aparece para ayudar, no en una marioneta a la que ofender con saña.
Si Mourinho fuera amable se apreciaría el mérito de competir de igual a igual con el mejor equipo que han visto los tiempos -según la opinión de la policía del pensamiento ortodoxo- hasta ganarle.
Pero…Mourinho no es amable. Por lo menos en público. No es amable porque no entiende la practicidad de lo políticamente correcto. No es amable porque dice lo que piensa sin detenerse en diplomacias.
Creo que se equivoca. Pero creo en igual medida que es más libre que muchos de nosotros. Igual que creo que la mayoría de los filósofos de bar que se afanan en rebajarle le envidian.
Decirle al jefe que no aguantas a un compañero o rajar de un árbitro cuando te ha exasperado hasta el límite son deseos universales que Mourinho se permite.
Me recuerda a Ricky Gervais en “The invention of lying”, una comedia corrosiva en la que los personajes dicen en todo momento lo que de verdad piensan,incluyendo -y ahí está la gracia- las inconveniencias.
Por eso genera rechazo y adhesión de forma exagerada.
Aquí, la equidistancia es virtud. Un poco de amabilidad no le hace mal a nadie. Ahí tiene otro reto.









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