Rivales maleducados
Mientras algunos se jugaban a una partida las plazas sobrantes en la Eurocopa, decidimos irnos de picnic para ganar unas monedas. Inglaterra y Costa Rica eran los rivales. Nada que asustara mucho, en principio.
Inglaterra con Capello es como pan con polvorones. Algo que se hace bola seguro. Costa Rica es de la CONCACAF. No hace falta decir más. Sin ánimo de ofender…ni de engañar. ¡Que es de la CONCACAF, coño!
Bueno, pues hemos sacado un empate, en el último minuto y a la heróica, como bagaje de la excursión.

Podría pensarse que es poco para un equipo que, entre otros detalles menores, es el actual campeón del mundo.
Pues no. Mal pensado. Está bien. Está muy bien. Las razones para tal disparate no las tengo muy claras. No encuentro argumentos que mostraros, pero si he aprendido en estos días un par de cosas que jamás olvidaré.
La primera es que no se puede criticar nada que tenga que ver con nuestra Selección. Que muy nuestra no debe ser, cuando el aplauso es obligado y no voluntario.
La segunda es que si osas abandonar la fila del pensamiento oficialista, eres catalogado de inmediato como contrario a España y por lo tanto enemigo.
La trampa es de tal calibre que, después de dos truños como lo del sábado y lo de anoche, sólo nos queda destacar como óptimo el empate ante los amables paisanos de Costa Rica.
Criticar a Del Bosque está prohibido. Es un tipo genial -que lo es- y nos hizo campeones. Criticar a los jugadores…eso no lo hacemos en España ni en los clubes.
¿Qué nos queda? Pues el rival y el campo. ¡Date! Respuesta correcta. El sábado, no ganamos por culpa de Capello. Pero no porque acertara en algo. Por lo cagón y amarrete que fue. Es decir, nos ganan y les insultamos. Como os digo, no termino de asimilar el argumentario.
En estas, se nos pasa el sofocón de Londres y Costa Rica nos cornea. Empatamos de milagro y después de hacer un ridículo oceánico en la primera parte. Es ahora cuando se aplica la variante “campo”.
El césped –que es verdad que estaba mal- fue el causante del desastre. No termino de entender cómo permitió el césped la brillante jugada de Iniesta y Silva en el primer gol de España, pero salvo en esa acción, la hierba fue el muro que nos alejó de la gloria.
Os advierto desde ya que no repitáis mis palabras. Yo estoy condenado. Por eso me atrevo a decir que la primera parte fue una estafa.
Vosotros no crucéis la línea. No cometáis el error de pensar que la derrota y el empate de los últimos cuatro días merecen un análisis.
Limitaros a tirar pétalos de rosas al paso de nuestros adalides mientras entonáis algún verso que glose sus hazañas. Igual me he pasado de cursi, pero mejor pecar por exceso.








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