Un detector de explosivos de nanocables de silicio es mil veces más sensible que el hocico de un perro
Históricamente se han usado perros entrenados para olfatear bombas y minas terrestres, ya que pueden oler explosivos en concentraciones de tan sólo unas pocas partes por billón. Sin embargo, se necesitan decenas de miles de euros para entrenar y mantener uno de estos perros especialistas, convirtiéndose en un bien tan escaso como las veces que fallan en sus localizaciones.
La actual lucha contra el terrorismo, y su capacidad para hacerse patente en cualquier parte del globo, hace que sea necesaria la extensión de otros sistemas detectores, en forma de aparatos de mano que pueda utilizar cualquier operario, una solución más barata y portátil que llegue a todos los recintos públicos y privados, al igual que hacen los detectores de metales.
Un sensor de nanocables de silicio desarrollado por un equipo de investigadores de la Universidad de Tel Aviv promete acabar con este problema gracias a que puede detectar trazas de explosivos extremadamente pequeñas, en un líquido o en el aire; y en pocos segundos.
Los nanocables de silicio han sido químicamente tratados y se colocan en el centro de un chip de vidrio (en la foto) cambiando su conductividad cuando son expuestos a pequeñas trazas de explosivos en aire o en líquidos. Este cambio abrupto en la conductividad de los nanocables, que es fácil de medir, es la base de un dispositivo que aseguran que es mil veces más sensible que la nariz de un perro rastreador de explosivos y que, además, es relativamente barato y fácil de fabricar.









