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En la biblioteca galáctica de la Universidad de Chicago los libros están enterrados

26 mayo 2011 - 12:44 - Autor:

Le llaman “la burbuja de los libros”, el “Dome Tome”, una “maravilla futurista” que alumbrará el saber en la ciudad a partir de ahora: una biblioteca de 81 millones de dólares bautizada en honor a sus mecenas, Joe y Rika Mansueto (y obra del estudio Helmut Jahn) y que se inauguró la semana pasada en la Universidad de Chicago.

Desde el exterior, el edificio es un montículo de vidrio elíptico que se levanta desde el oeste sobre el césped del campus. Pero la verdadera maravilla es la que la mayoría de la gente no puede ver. Debajo de la planta principal de la nueva biblioteca existe un sótano de cinco pisos de profundidad donde se guardan 3.5 millones de libros, periódicos y referencias.

Cuando cualquiera de estos elementos es solicitado por un usuario, un sistema mecánico de recuperación por ordenador recorre los masivos estantes mediante un sistema de grúas automatizadas de 15 metros de altura, que buscan el elemento específico en el sótano y lo entregan a la planta alta de préstamo a través de un ascensor: todo en menos de cinco minutos.

Los libros se pueden pedir a través de ordenadores en otras partes del campus, en la sala o a través de Internet desde cualquier sitio; y el sistema envía un correo electrónico a los estudiantes haciéndoles saber que su publicación está lista para llevar.

La principal razón de poner los libros en una enorme caverna bajo tierra es ahorrar espacio en superficie y, también, ahorrar en la factura de energía. El fondo usa un espacio equivalente a una séptima parte del tamaño de los depósitos de libros convencionales y la profundidad en el “silo de los libros” ayudará a mantener el área de almacenamiento a una temperatura óptima de unos 15 grados, lo que minimiza el uso de energía y compensa el coste de aire acondicionado para la refrigeración.

Los libros se cargan en unos 24.000 contenedores con 100 libros cada uno, y se clasifican por tamaño en lugar de por autores o por temas, para maximizar el uso eficiente de cada compartimiento.

Como cada libro tiene un código de barras en su lomo, pueden estar todos mezclados. Aunque perfectamente detectables para los ojos infrarrojos de los robots-bibliotecarios, que son los que suben el contenedor para que, esta vez sí, un bibliotecario-humano entregue el libro con la mejor de sus sonrisas.

La cúpula ya terminada dio la bienvenida a los estudiantes el pasado 16 de mayo de 2011. La bóveda subterránea estará finalizada en el otoño y los libros serán archivados y catalogados para su recuperación a partir del 2012.

Vía The Atlantic

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